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Crianza emocional

Guía para favorecer la autoestima de los niños

Un manual práctico con algunas enseñanzas valiosas para padres.

Bertrand Regader

16 de enero de 2017, 15:21 | Actualizado a

La autoestima empieza a formarse durante la infancia, apenas se ganan las destrezas necesarias para utilizar el lenguaje y pensar en conceptos relativamente abstractos como "tú" y "yo".

De hecho, los primeros años de vida son una etapa fundamental para que el autoconcepto y la autoestima de los pequeños se consoliden como motores de motivación, cambio y seguridad en uno mismo.

Lamentablemente, muchos padres y madres desatienden esta necesidad de ayuda a la hora de que los pequeños construyan una autoestima positiva en favor de satisfacer tan solo solo su demanda de afecto, hogar, comida, bebida y educación sobre el mundo que les rodea, sin darse cuenta que también deben aprender acerca de ellos mismos y de sus fortalezas.

Afortunadamente, disponer los medios necesarios para que los hijos desarrollen una autoestima lo suficientemente fuerte durante sus primeros años de vida no acostumbra a ser muy complicado, y basta con seguir unas pautas muy básicas para guiarles en estos procesos.

Cómo facilitar que nuestros hijos tengan buena autoestima

A continuación puedes ver una serie de claves a seguir para hacer que el proceso de formación de autoconcepto y autoestima se vaya desarrollando de forma natural y positiva. Recuerda que esta es una tarea que en última instancia debe ser hecha por los pequeños, y como adultos solo podemos actuar como facilitadores, dejándoles las herramientas necesarias para que ellos actúen.

1. Deja que se equivoquen

Los aprendizajes más tempranos que se producen en nuestra vida tienen mucho de ensayo y error. Dicho de otro modo, es necesario que los niños y niñas exploren muchas de las posibilidades que se imaginan para desarrollar su inteligencia y, de paso, aprender de forma lo más autónoma posible.

Pero, además, el aprendizaje autónomo tiene otra ventaja: sirve para construir autoestima. Acostumbrarse a explorar por propia voluntad es positivo porque es una manera de interiorizar la idea de que las decisiones que uno toma son relevantes y tienen un efecto en el entorno.

Por supuesto, eso no significa que la mejor opción sea decantarse por la permisividad total, sino más bien que ahorrarles esfuerzo y pequeñas dosis de frustración a los pequeños por defecto no es una buena decisión.

2. Practica la escucha activa

Algunos padres y madres creen que llamando a sus pequeños "reyes de la casa" ya dan a entender que estos últimos tienen un rol importante en la familia. Sin embargo, al igual que los adultos, los niños y niñas aprenden de su propio valor no tanto a través de cómo se los describe o se les llama sino, más bien, fijándose en el grado en el que las acciones de los demás revelan su importancia.

Eso significa que referirse con palabras dulces a un pequeño no es suficiente si estas no vienen acompañadas de atención, y de conversaciones reales (aunque no sean muy complejas).

Mostrar y demostrar que se piensa en formas de responderles, no dejar de mirarlos cuando hablan ellos, no cambiar de tema, responder a sus preguntas... todos estos elementos son indispensables tanto para reforzar lazos con los hijos como para hacer que se valoren a sí mismos. La autoestima en los niños es algo que estos extraen de la impresión que causan a los demás.

3. No les atribuyas menos valor por su edad

Una forma muy recurrida de terminar con discusiones con los hijos que atraviesan la etapa de la infancia es, simplemente, no darles la posibilidad de entender lo que ocurre y concluir la discusión apelando a la autoridad que se tiene por el hecho de ser un adulto.

Esta estrategia no solo genera una frustración totalmente innecesaria en los pequeños, sino que también hace que interioricen la idea de que todo lo que piensen o hagan estará mal porque no tienen la edad suficiente para entender las cosas.

Es cierto que los padres y madres deben tener el poder de decisión sobre muchas de las acciones que quieren llevar a cabo los pequeños, pero eso no significa que esta autoridad sea, en sí misma, un argumento válido para zanjar discusiones.

Es necesario que la explicación del propio punto de vista sea el motivo que los niños vean que nos ha llevado a tomar una decisión.

4. El peligro de etiquetar a los hijos

Las etiquetas siempre son limitadoras, porque simplifican la realidad. Sin embargo, cuando son usadas para describir a un niño o niña, estas son más nocivas, porque los pequeños tienden a interpretar de un modo más literal estas simplificaciones.

A diferencia de los adultos, que son más dados a apreciar los matices de las cosas, los pequeños muestran un pensamiento más dicotómico (de 2o blanco o negro"). Eso hace que los adjetivos que se les pueda poner como motes sean una cárcel mental de la que les cuesta salir, ya que dan por sentado que las cualidades personales que están asociadas a esa etiqueta que les han puesto describen la realidad de forma casi perfecta.

De este modo, las cosas malas que les ocurran serán interpretadas como limitaciones de su personalidad y de sus capacidades físicas e intelectuales relacionadas con esa etiqueta. Se creará una profecía autocumplida: ese adjetivo parecerá válido porque el niño o niña, sin saberlo, trata de ceñirse a ese rol.

Por supuesto, no hay nada malo en utilizar de vez en cuando adjetivos para referirse a un hijo o hija, pero lo que sí resulta negativo es utilizar de manera persistente un abanico muy limitado de estos adjetivos, especialmente si tienen connotaciones negativas. Es mejor enriquecer el lenguaje con el que los niños se pueden describir a sí mismos.

5. Valora con ellos sus cualidades

Deja que expresen qué actividades son aquellas en las que se lucen más y de las que se sienten más orgullosos. Habla con ellos acerca de cómo se sienten haciéndolas y haced juntos una recapitulación de cuáles son esas capacidades y fortalezas personales que más se reflejan en estas habilidades.

Pídeles que muestren sus destrezas delante de ti y dales tu opinión, y muestra los frutos de su trabajo a los demás (con su permiso) para que más gente pueda ver de qué son capaces tus pequeños delante de ellos.

6. No creas entenderlos mejor que ellos mismos

Un punto último y fundamental es recordar siempre que en la vida mental de un niño siempre es este quien manda. Aunque los pequeños no conozcan su mundo exterior tan bien como los adultos, lo que experimentan de primera mano es totalmente real y debe ser tomado en consideración para que no se sientan aislados y sin capacidad para expresar sus emociones e ideas.

Dicho de otro modo, hay que evitar prejuzgar y dar por sentadas cosas acerca de ellos, y es necesario darles voz y opinión sobre su personalidad, lo que les gusta hacer y el modo en el que se sienten. Para que la autoestima en los niños crezca sana es necesario que, primero, estos tengan claro que tienen el poder de gobernar sobre sus propias opiniones, gustos y emociones.

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