Los beneficios de portear a tu hijo
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CRIANZA

Los beneficios de portear a tu hijo

Envuelto en una tela confortable y cerca de la piel y el corazón de su madre, un bebé se siente protegido y, por lo tanto, tranquilo y relajado. Varios tipos de portabebés garantizan este contacto cálido e incondicional, facilitando los primeros meses de crianza.

Begoña García

24 de diciembre de 2018, 13:21 | Actualizado a

El canguro es uno de los seres vivos más sorprendentes del planeta: posee una bolsa marsupial que hace las funciones de bolsa extrauterina para sus retoños. Esta bolsa constituye una solución única en el reino animal, ya que proporciona a la cría alimento, calor, descanso y seguridad hasta que se pueda valer por sí misma. Es difícil encontrar una relación madre-hijo más estrecha.

En sus inicios, el ser humano era nómada; llevaba a los niños encima dondequiera que fuese. Hoy, en el mundo occidental, los bebés pasan cada vez más tiempo lejos del calor de su madre. La mayoría vivimos en entornos urbanos en los que las sillas de paseo y las hamacas pueden estar haciendo sombra a lo que es verdaderamente importante para el bebé: crear un apego seguro con la madre o el cuidador principal.

Tener al bebé en brazos –acunarlo, acariciarlo, cantarle...– debería ser nuestra prioridad. Cuando crezca no recordará muchos lugares y objetos, pero el contacto físico y la atención de sus padres le acompañarán toda la vida, convirtiéndole en una persona segura de sí misma y capaz de tener relaciones adultas sanas, como demuestran los estudios de Michael L. Commons y Patrice M. Miller, de la Harvard Medical School (Boston, EE. UU.).

Amplios beneficios

Los niños que son llevados en brazos gran parte del día son más tranquilos, lloran menos y duermen mejor. El bebé participa, aunque sea pasivamente, en la vida diaria, lo que le facilitará el aprendizaje del lenguaje y la socialización.

Cada abrazo, cada caricia, supone una estimulación táctil muy importante para su desarrollo neurológico y su propiocepción; con los susurros y canciones recibe una estimulación auditiva; con el movimiento y el balanceo mejora su psicomotricidad. Como escribe Jean Liedloff, autora de El Concepto del Continuum (Ob Stare), “un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna, o mirando al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial”.

Intimidad imprescindible

Una madre y un bebé están fuertemente unidos durante los nueve meses de gestación, y deberían seguir así durante la exterogestación (o gestación exterior), por lo menos hasta que el bebé sea capaz de empezar a desplazarse por sí solo.

A diferencia de otras crías de mamífero –que poco después de nacer pueden incluso correr–, el bebé humano nace inmaduro: necesita de ocho a diez meses para empezar a gatear, y algunos más para andar, hablar... Esta inmadurez nos hace dependientes de la madre por mucho tiempo.

¿Por qué nacemos tan prematuramente? El rápido crecimiento del cerebro en el último trimestre convertiría en imposible la salida por el canal vaginal más allá de los nueve meses de gestación. De ahí el concepto “Nueve meses dentro y nueve meses fuera” del antropólogo Ashley Montagu.

Existe una solución para llevar a los bebés en brazos que nos deja las manos libres para hacer la compra o atender a su hermano: los portabebés ergonómicos, que facilitan la crianza, logrando que el niño se sienta acunado y recogido como en el útero de su madre.

Para todos los gustos

  • Fular: Es el más versátil. Puede ser elástico o tejido y se puede utilizar desde que es un recién nacido, incluso en prematuros.
  • Bandolera: Con anillas, es muy cómoda y rápida de poner al no llevar nudos. Aunque precisa un poco de el primer día. Si se opta por la posición de cuna y el bebé es pequeño, hay que tener la precaución de que el mentón no toque su pecho. Es la más recomendada para amamantar.
  • Pouch: Es muy ligero y puede llevarse en cualquier bolso. Se recomienda a partir de los cinco meses, siempre a la cadera.
  • Meitai: De tradición oriental, puede usarse desde los cuatro o cinco meses. Fácil de utilizar, el niño puede ir delante, a la cadera o a la espalda. Es útil hasta los tres años.
  • Mochila ergonómica: Depende del modelo, pero se suele recomendar a partir de los seis meses. Se puede colocar delante, para los más pequeños, o a la espalda, para los mayorcitos. Soporta hasta 20 kg.

Elegirlo y usarlo bien

Para que un portabebés sea ergonómico ha de cumplir ciertas características y usarse correctamente.

Debe respetar la postura natural del bebé, con su espalda redondeada en forma de “c”, las caderas semiabiertas en posición “ranita” y las rodillas flexionadas ligeramente por encima de las nalgas. Así la cabeza del fémur queda bien encajada dentro de la cavidad ósea, y nos garantiza una buena maduración de la articulación de la cadera.

  • Se tiene que poder ajustar al portador con nudos o broches para que, cuando este se incline hacia adelante, el niño no se mueva. El bebé tiene que estar pegado a tu cuerpo con la mejilla contra tu pecho.
  • Debe sostener con firmeza y suavidad su cabeza cuando el bebé se duerma o sea un recién nacido.
  • Tiene que permitirte llevar al bebé bien alto para que tu espalda no se resienta. Una buena medida es que esté al alcance de tus besos.
  • Las tiras deben ser suficientemente anchas para que el peso esté bien repartido por tu espalda y tus hombros y no se te claven en la zona del cuello.
  • La tela tiene que cubrir el culete y llegar a las rodillas. Debe dar la impresión de que está sentado. En ningún caso las piernas deben permanecer estiradas, ni él quedar “colgado” de su entrepierna.
  • La postura óptima para llevar a un recién nacido en un portabebés es mirando hacia ti, nunca de cara al exterior, ya que de este modo provocamos una extensión forzada de su columna dorsal y sus caderas.

También en invierno

Se acerca el frío. Si el bebé tiene solo unos meses, lo ideal será no abrigarlo demasiado, ya que nuestro cuerpo le ayudará a regular su temperatura. Será suficiente con ponernos nuestro abrigo y taparlo con él. De este modo, cuando entremos en un local con calefacción, no tendremos que sacarlo del portabebés para quitarle el buzo; con liberarnos de nuestra prenda bastará.

Existen diferentes opciones. La decisión dependerá de la edad del niño, del clima y del presupuesto:

  • Abrigos o chaquetas de porteo. La opción más completa: se pueden usar desde el embarazo y, más adelante, sirven como un abrigo normal.
  • Ponchos. Una opción muy parecida a la anterior. Muy prácticos.
  • Cobertores. Se puede optar por ellos desde que el bebé es un recién nacido y también son fáciles de usar. Protegen del frío, la lluvia y el viento, según el tejido que se elija.

Si los niños ya caminan y están continuamente subiendo y bajando del portabebés, lo más aconsejable es que os abriguéis por separado.

Tampoco hay que olvidar las opciones caseras, como un abrigo grande que os cubra a los dos o pasar una mantita por su espalda.

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