"Cada bebé es un maestro"

ENTREVISTA A ELSA RODRÍGUEZ

"Cada masaje es un mensaje a su cerebro"

Al darle un masaje a tu hijo no solo lo estás ayudando a que se relaje o a que calme su malestar, sino que estas atenciones a través del tacto son mensajes que se registran neurológicamente, llegan al cerebro y se impregnan para toda la vida.

5 de diciembre de 2017, 07:51 | Actualizado a

Entrevistamos a Elsa Rodríguez, Formadora Internacional de Masaje Infantil IAIM. Su propósito, al igual que el de la Asociación Española de Masaje Infantil, la cual dirige desde 2012, es promover el tacto nutritivo entre padres e hijos. Por eso, entre muchas otras funciones, imparte cursos en los que forma a nuevos educadores de la Asociación Internacional de Masaje Infantil, para así seguir difundiendo los beneficios de esta valiosa técnica.

En unas semanas se celebrará una nueva edición de la Semana Nacional del Masaje Infantil, ¿cómo has visto evolucionar esta práctica?

Año tras año el interés de las familias por el masaje infantil ha ido aumentando, así como también el de empresas, laboratorios, instituciones y medios de comunicación, que se han unido a nuestra celebración. Por otro lado, este evento es una gran oportunidad para aprender a expresar amor y confianza a través de las manos, así como para dar seguridad y demostrar respeto a los bebés escuchando sus señales, para que en el futuro sean hombres y mujeres dueños de sí mismos, capaces de tomar decisiones relacionadas con el tacto.

¿Qué beneficios físicos les aportan los masajes a los bebés?

Los bebés no podrían sobrevivir si no recibiesen tacto y atenciones de sus progenitores o cuidadores permanentes. El masaje los ayuda a aliviar las incomodidades propias de los primeros meses, tales como los dolores de la dentición o los cólicos del lactante. Estimula órganos, aparatos y sistemas porque aumenta las defensas. Ayuda a relajarse y regula los patrones de sueño, así como favorece la interacción entre el bebé y sus padres, porque estimula la secreción de oxitocina, la hormona del placer. Del mismo modo, la práctica diaria también fomenta el desarrollo psicomotor y el tono muscular, lo que se reflejará en los desplazamientos que muy pronto realizará.

Y a nivel emocional, ¿también tiene alguna repercusión?

Por supuesto. El masaje infantil es una herramienta de comunicación muy potente, anterior a la palabra, ya que los bebés se expresan a través de la piel, que responde con frío o calor, tensión o relajación, cambio de color…

Cuando desde muy pequeño un bebé entiende que ante cualquier necesidad, emocional o física, obtiene una respuesta positiva y clara de su padre y de su madre, se establecen vínculos afectivos seguros que favorecen el desarrollo físico, psíquico y emocional. Estas atenciones a través del tacto son mensajes que se registran neurológicamente, llegan al cerebro y se impregnan para toda la vida. Los niños que no son tocados presentan dificultades emocionales de relación que les impiden establecer comunicaciones positivas con sus iguales o con el mundo que los rodea. Un bebé escuchado y respetado crece sano y feliz, adquiere equilibrio emocional, se comunica a través de sonrisas, llantos, miradas, balbuceos y “conversaciones” intensas con sus progenitores durante el masaje. Cada bebé es un maestro, y los padres se transformarán en expertos de sus hijos.

¿Es necesario que el masaje se lo haga un profesional, como ocurre con los adultos?

En este caso los profesionales son mamá y papá. Las familias aprenden esta técnica después de asistir a un curso de masaje infantil que consta de cinco sesiones de 60-90 minutos, una vez a la semana. En estos cursos impartidos por educadoras certificadas por la Asociación Internacional del Masaje Infantil (IAIM) y avaladas por la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), no solo se enseña la teoría, sino que se demuestra la técnica con un muñeco especialmente diseñado, y se tratan temas relacionados con la infancia de 0-12 meses.

Y ya para acabar, ¿podrías explicarnos cuáles son las claves para ofrecer y recibir un buen masaje?

  • En primer lugar, es necesario reconocer si el bebé está receptivo, si mira, si observa, si sonríe, si está atento y si responde a los estímulos que se le ofrecen.
  • Buscar un lugar tranquilo con luz natural o indirecta.
  • Relajarse y olvidar por un momento las preocupaciones y tareas cotidianas. No hay que ignorar que todo esto también se transmite al niño, y más cuando se le está tocando directamente.
  • Estar dispuesto a escuchar y, sobre todo, respetar cualquier manifestación del bebé.
  • Usar un buen aceite, a ser posible orgánico y sin perfume.
  • Calentarlo antes de tocar al bebé frotando las manos, y aprovechar esos instantes para pedirle permiso diciéndole: “¿Quieres que te haga un masaje?”, y esperar su respuesta. Seguro que dice que sí, solamente se trata de interpretar el mensaje, de respetar, de dar y de recibir amor a través del calor de las manos.

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