Bebés continuum

CONOCE EL CONCEPTO CONTINUUM

Del calor de tu vientre al de tus brazos

Como todas la madres, seguro que deseas que tu hijo crezca sano, feliz y seguro de sí mismo. ¿Sabes cómo hacerlo? Garantizándole que podrá estar en contacto continuo con tu cuerpo siempre que lo desee. Así de fácil.

Nohemí Hervada

23 de abril de 2017, 09:54 | Actualizado a

"Para gustos los colores”, reza el refrán, y parece que esto se puede aplicar a casi todos los aspectos de la vida, incluida la forma de criar a los hijos. Pocas personas se enfrentan a esta etapa habiendo reflexionado sobre lo que implica ser madre/padre y lo que de verdad necesitan los bebés.

Cuando algo es tan innato a la vida como la reproducción, parece que no sea necesario pensar demasiado en ello ni prepararse, pero ¿realmente es así? ¿Necesitamos aprender a ser madres y padres? ¿Tiene sentido que una función vital para perpetuar la especie dependa de un aprendizaje externo? Y si fuera así, ¿quién sería el más indicado para mostrarnos qué necesitan nuestros hijos?

Antes de responder a estas preguntas, me gustaría que pensáramos un momento en esas noticias que oímos de especies criadas en cautividad. Por mucho que se intenta reproducir el entorno natural de estos animales para que puedan sentirse en su hábitat, no siempre se logra, y a algunas especies les cuesta mucho reproducirse en estas circunstancias, e incluso cuando lo consiguen tienen serios problemas para atender a sus crías de la manera más apropiada.

A las personas nos ocurre lo mismo, y así lo explica el reconocido pediatra y neonatólogo sudafricano Nils Bergman: “Los comportamientos neuroendocrinos altamente conservados como programas que rigen nuestro comportamiento (nuestros instintos) funcionan bien cuando estamos en nuestro hábitat”.

En otras palabras, al igual que la gorila que no ha visto a otras hembras de su especie maternar no sabe cómo criar a su cría, muchas de nosotras hemos crecido en un entorno y una cultura que no nos ha mostrado cuáles son las necesidades reales de los bebés y cómo satisfacerlas, y que además propugna un modelo de crianza totalmente en contra de las atenciones que en realidad precisan.

Así pues, siendo como somos hijos e hijas de una generación donde preocupaban más otros derechos y otras necesidades que las de los bebés y los niños, donde los embarazos y los partos estaban muy medicalizados, donde madre e hijo eran separados al nacer, donde no se apoyaba la lactancia, donde se escolarizaba a los niños a una edad muy temprana..., en este contexto de sociedad donde el adulto es el centro, ¿quién puede decirnos cómo necesitan y merecen ser criados nuestros bebés y nuestros niños? Pues muy fácil. Aquellos que aún no están contaminados con prejuicios ni condicionantes culturales, sociales o políticos: los propios bebés.

Confía en tu hijo

Actualmente, la neurociencia explica que son los propios bebés quienes activan la mayoría de los procesos que tienen que ver con ellos mismos. Por ejemplo, es el bebé quien decide cuándo comienza el parto, al igual que la lactancia es un proceso que controla él mismo si no se interfiere.

Los niños van alcanzando los hitos del desarrollo a medida que están preparados para ello. En condiciones normales, aprenden a gatear, a comer sólidos, a caminar, a hablar, a controlar esfínteres o a dormir solos cuando es el momento adecuado para ellos.

El ser humano está diseñado para sobrevivir y nuestros bebés también. Son seres muy dependientes y en cierto modo frágiles, pero con los recursos necesarios para mantenerse vivos e ir adquiriendo las habilidades necesarias en cada etapa de su vida. Lo único que necesitan es nuestro cuerpo, especialmente en esta primera etapa, y que confiemos en sus capacidades a medida que van demandando más autonomía.

Parece sencillo, ¿verdad? Pues lo hacemos justo al revés. Nos empeñamos en separar a los bebés de nosotras cuando son pequeños (no cogerlos en brazos, no dormir juntos...), y cuando están en plena fase exploratoria, nos empeñamos en que no se separen de nosotras, coartando su necesidad de explorar su entorno para aprender a desenvolverse en él.

Es una auténtica paradoja: cuando nos necesitan muy cerca los alejamos y cuando se quieren alejar paulatinamente no los dejamos.

Haz que se sienta capaz

La antropóloga estadounidense Jean Liedloff explica en su obra El concepto del continuum (Ob Stare) que:

Si proveemos a los bebés de ese contacto continuo con nuestro cuerpo que tanto necesitan hasta que agotan la fase en brazos, y si luego los dejamos participar de la vida cotidiana sin sobreprotegerlos, no criaremos niños dependientes, sino todo lo contrario.

La independencia sana se da en personas con una buena autoestima, que saben que pueden valerse por ellos mismos y que tienen un concepto del Yo correcto. La autoestima, ese aprecio por uno mismo, se forja en los primeros años de vida.

Cuando un bebé siente que todas sus demandas están atendidas, ya sea de comida, de protección, de seguridad, de afecto y de contacto, crece con una opinión correcta de sí mismo. Es un ser querido, cuidado y valioso. Su opinión y sus necesidades son tomadas en cuenta y satisfechas. Su reafirmación del Yo llegará de forma mucho más natural.

En cambio, un bebé que crece con la negación de sus necesidades y deseos percibirá el mundo como un medio hostil en el que ni siquiera quienes lo quieren se lo van a poner fácil. Estará en alerta constantemente, creerá que no es lo bastante bueno como para que lo tomen en cuenta y que solo recibirá atención cuando sea como los demás desean, es decir, alguien que no molesta.

A medida que va creciendo, afianza su autoestima al sentirse capaz de ser él mismo quien satisface algunas (o muchas) de sus necesidades. El bebé que gatea ya está aprendiendo que puede llegar a donde desee, que él mismo puede coger un juguete que ve a lo lejos..., y así experimenta la sensación de logro, de alcanzar sus objetivos. También sentirá la frustración cuando no lo consiga, pero buscará otras formas de alcanzar su meta, ya sea pidiendo ayuda o dando un rodeo. Todo es aprendizaje.

El niño que se sube a los muebles está ejercitando las mismas habilidades que el niño que se cría en la selva y trepa por los árboles y las rocas. Ambos están trabajando la psicomotricidad, están conociendo y reconociendo las posibilidades que le da su cuerpo, están ejercitando el equilibrio, mejorando su agudeza visual, su oído y su propiocepción. Y todo esto sin ningún esfuerzo.

Permítele participar

El niño que quiere ayudarnos en la cocina, que quiere cortar como nosotros, que quiere remover la sopa como nosotros... está trabajando la psicomotricidad fina, la coordinación y la colaboración. Más aún, está aprendiendo sobre biología y botánica cuando tienen entre sus manos vegetales y frutas, física cuando ve la reacción a sus acciones sobre los productos, química cuando mezcla ingredientes y obtiene un resultado distinto a los productos que usa, matemáticas cuando trocea en mitades y cuartos. Está aprendiendo a cuidar su cuerpo al preparar comida sana, está socializando cuando colabora con el trabajo de la familia y cuando prepara comida para el beneficio de otros. El niño que nos acompaña a la compra o al banco está aprendiendo lo que es vivir en una sociedad, el respeto y las normas básicas de convivencia. Aprende lo que es el trabajo remunerado, el comercio, el dinero. La vida entera es continuum, e involucrar a los niños en ella les permite crecer como niños con capacidades propias reconocidas y valoradas, con respeto por sí mismos y por los demás; en definitiva, niños que juegan y aprenden.

¿Niños sin miedos?

El miedo nos protege de exponernos a peligros innecesarios, pero vivir en el miedo solo genera inseguridad. Cada vez que le decimos a un niño: “Te vas a caer”, podríamos pensar que también puede no caerse, de hecho existen las dos opciones y casi siempre mencionamos la negativa, la que nos dicta el miedo. Por qué no decirle:

“Me preocupa que te caigas, pero confío en que tú sabes si puedes hacerlo”. Y es que sería preferible intentar enseñarle otro modo de comunicación donde todas las emociones sean reconocidas, nuestro miedo que es nuestro, y su no miedo que es confianza en sí mismo. Recordemos que la confianza es un compañero de viaje tímido que cuesta tiempo y esfuerzo incorporar, y poco ahuyentar.

Nuestros hijos nacen con el potencial de ser adultos valiosos, y nuestro cometido es cuidar que nadie, ni siquera nosotros, mine esa capacidad. Casi ninguno de nosotros hemos sido criados con el continuum, pero nuestro papel es hacerlo lo mejor posible. Muchos sabemos que no podemos enseñar a nuestros hijos la mayoría de las cosas importantes, sino que ellos las aprenden. En todo caso, somos nosotros quienes aprendemos de ellos cosas que, si alguna vez supimos, olvidamos.

Yo he aprendido más de mis hijos que ellos de mí. Ellos son continuum, y nosotros, aunque a veces se nos olvide, también.

¿En qué se basa la idea del “Continuum”?

  • Si algo necesita tu hijo, sobre todo durante los primeros años, es el calor de tu cuerpo. Sostenido en tus brazos, la vida se ve de una manera distinta.
  • Tras el nacimiento, el bebé no se separa de su madre, sino que permanece en contacto piel con piel todo el tiempo que sea posible. Además, toma leche materna a demanda y duerme junto a su familia en la misma cama, para mantener el contacto necesario.
  • El bebé se incorpora a la vida diaria de su cuidador con la ayuda de un portabebés, donde se sentirá cómodo y seguro. Es imprescindible asegurarse de que el sistema de porteo elegido respete la evolución fisiológica del bebé y se use correctamente.
  • Se respeta y se alienta el deseo del bebé de moverse (primero gatear, luego caminar y después correr), así como sus ganas por descubrir el entorno en el que vive.
  • Descubriendo sus habilidades para resolver situaciones y reconociendo su capacidad de aprender, relacionarse y cooperar, el bebé potencia su autoestima.
  • El niño necesita sentirse escuchado y que sus opiniones sean tenidas en cuenta. Y es que el bebé no solo es amado, sino que se siente amado.

Estrés: Evita todo aquello que lo causa

Lo opuesto a un bebé “continuum” es un bebé estresado. Y como bien sabes, el estrés mantenido tiene secuelas en el desarrollo y en la capacidad de aprendizaje del ser humano. Aquí tienes algunas de las causas que lo provocan para poder evitarlas.

  • El miedo, las dudas o una situación desagradable inesperada durante el embarazo pueden provocar cierta angustia, de la que el bebé también se alimenta.
  • Un parto intervenido y medicalizado no solo tiene secuelas para ti, sino que esta experiencia también quedará grabada en el inconsciente del bebé.
  • Alejarlo de tu cuerpo lo pone en estado de alarma, porque él no entiende de tiempo ni de espacio; si no te ve, no estás. Y es que un bebé separado del cuerpo de su madre, aun a poca distancia, es un bebé que se siente solo.
  • No cogerlo en brazos no favorece su independencia. Un bebé criado sintiendo el calor de su cuidador es un bebé con una autoestima sana, algo imprescindible para ser un adulto independiente.
  • No atender su llanto, hacerlo esperar para comer u obligarlo es muy estresante para tu hijo, por eso es tan importante que sus necesidades estén atendidas.
  • Coartar su deseo de moverse también lo perjudica. El porteo vertical en movimiento evita y/o reduce los cólicos, la tensión muscular y la rigidez, el llanto y el pataleo propio de bebés molestos, aburridos y/o estresados.