Coloreando mandalas

NIÑOS MÁS FELICES

Coloreando mandalas

Aunque parecen simples dibujos, en realidad son herramientas que favorecen la concentración, el aprendizaje y el equilibrio. Pintándolos, las embarazadas pueden conectar con su bebé.

Marina Ubach

10 de julio de 2018, 10:00 | Actualizado a

Los niños se pueden pasar horas pintando, y es que las artes plásticas son grandes canales de expresión. Incluso cuando aún no son capaces de hablar, podríamos saber cómo se sienten a través de sus creaciones.

Los mandalas forman parte de estos recursos lúdicos-terapéuticos. Ya sea dibujándolos o coloreándolos, los niños –y también los adultos– adquieren calma y los ayuda a equilibrar la mente, además de aportarles paz interior.

Durante el embarazo, resultan útiles e inspiradores para conectar con el proceso interior que se experimenta en esta etapa y también con el bebé, permitiendo transmitirle tranquilidad y buenos deseos. Con el fin de acompañarte en estos meses, hay libros que ofrecen un mandala para pintar a lo largo de las 38 semanas de gestación.

Simboliza la totalidad

Los mandalas son dibujos o imágenes organizados alrededor de un punto central, cuya tradición milenaria está vinculada a culturas y religiones de todo el mundo, sobre todo al Tíbet y a la India, de donde procede el término. Mandala significa “círculo” en sánscrito, la lengua clásica de la India, pero también puede traducirse como “rueda” o “totalidad”. Cada civilización le ha atribuido nombres y significados distintos, basándose siempre en la forma universal de la figura circular.

Si observamos la naturaleza, nos daremos cuenta de que el Universo está organizado en una estructura circular en la que todo parte de un punto central: el Sistema Solar, la Tierra, un átomo, una flor, el vientre de una mamá... Y los mandalas son representaciones simbólicas de estos microcosmos y macrocosmos.

Uno de los rituales de los monjes budistas tibetanos es realizarlos a gran escala. Los rellenan con arena de colores durante días y, tras una ceremonia especial, lo deshacen como símbolo de “la permanencia y el regreso al origen”, haciendo referencia el ciclo de la vida humana.

A principios del siglo XX, el psicólogo Carl Jung ya investigó sus fines terapéuticos y los convirtió en una técnica de autoconocimiento. Hoy son una práctica herramienta en psicología gestáltica, arteterapia y un buen instrumento para la meditación en yoga.

Ideas para sacarles el máximo beneficio

Esta técnica creativa solo será realmente efectiva si los niños tienen total libertad para elegir el mandala, los materiales, los colores, la técnica que desean usar y el cuando empezar y acabar. Respetar sus decisiones es permitirles conectar con su propia intuición.

  • Las formas básicas del mandala son muy variadas: círculos, cuadrados, triángulos y rectángulos, así como elementos como la cruz o el laberinto. Todas ellas se combinan desde un punto central, alrededor del cual se presenta una estructura simétrica que, tanto si es concreta como abstracta, siempre tiene un sentido simbólico.
  • Mientras que para los niños se utilizan imágenes simples con flores, mariposas, corazones..., los mandalas de los adultos contienen ilustraciones más abstractas.
  • La elección debe ser intuitiva y totalmente libre. Hay libros con mandalas ya dibujados, pero también se pueden crear: o bien utilizando un compás, o bien a mano alzada.
  • Antes de empezar se pueden dedicar unos minutos a observar sus formas. Es aconsejable hacerlo sin prisas, estar relajado y cómodo; y unas respiraciones profundas ayudan a ello.
  • A la hora de colorearlos existen dos maneras de hacerlo: de dentro hacia fuera, lo que significa que es necesario exteriorizar las emociones, y al revés, que quiere decir que buscamos el equilibrio y profundizar en nuestro interior. También se relaciona la elección de dibujos más geométricos con las personas que necesitan mayor orden.
  • Los colores que se usan hablan del estado anímico de cada persona, pero, además de acuarelas, ceras o lápices de colores, también se pueden probar diversas técnicas como el decoupage o el collage.
  • Una forma original de hacer un mandala es a partir de elementos recogidos en la naturaleza (piedras, caracolas, hojas, piñas, flores, frutos, tierra...), algunos de los cuales se colocarán en el centro, y otros se utilizarán para delimitar el contorno.
  • Una vez terminado, es importante tomarse un tiempo para observarlo, pero no hay que ser críticos. Los niños pueden explorar el dibujo e interpretarlo en función de sus sentimientos y de su creatividad. Lo importante no es lo bien que se haga, ni el "no salirse de la raya", sino que se realice desde el placer y la intuición.

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