¿Competir o compartir?

CRIANZA

¿Competir o compartir?

Valorarlos en cualquier actividad y ayudarlos a compartir sus pasiones y habilidades es para nuestros hijos el más real de los estímulos.

Laura Gutman

5 de octubre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Superarse a sí mismo es una virtud que da cuenta de la vitalidad y el entusiasmo de un individuo. Que los niños deseen afrontar los desafíos siempre es alentador. Sin embargo, una cosa es apoyarlos para que traten siempre de superarse, de mejorar, de saber más, aprender más, ser más hábiles con el cuerpo, con el arte, las manos o la mente; y otra muy distinta es hacerles creer que serán buenos si son mejores que otro niño.

Aceptación y mejora

Somos los adultos los que, sin querer, estimulamos la competencia dando valor a una actividad cuando el niño gana, en detrimento de otro niño que pierde. Esa actitud, que parece inocente, esconde mensajes contradictorios: en primer lugar, que la competencia estimula el deseo de mejorar. Eso no es verdad. Lo único que estimula a un niño a mejorar en cualquier disciplina es saberse aceptado por los adultos.

Otra idea equivocada es que si el niño gana, se sentirá más valioso. Eso tampoco es verdad, aunque nos dediquemos a engañar al niño. Si hay algo que vale la pena es ayudarlo a acercarse a los demás niños para felicitarlos por sus aptitudes, hayan ganado o perdido.

Un niño se sentirá valioso si se siente amado, sobre todo por sus padres. Tampoco es verdad que ganar en una competición lo obliga a querer superar sus propios obstáculos. Al contrario. Si el niño ya ha ganado a sus adversarios, no sentirá la necesidad de superarse a sí mismo.

En general, los adultos tenemos poca imaginación y no se nos ocurren juegos o actividades más allá de la competición. Siempre organizamos dos equipos. Unos son blancos y los otros son rojos. Unos tienen que ser los preferidos y otros los no elegidos. Éstas son modalidades de las personas mayores, que los niños aprenden e imitan.

Ampliar su mundo

Para los niños sería mucho más provechoso que los ayudáramos a compartir sus actividades, sus gustos, incluso sus destrezas, de modo que pudieran enseñar o apoyar a otros niños a realizar actividades para las cuales no son tan hábiles. Compartir los gustos, la admiración por ciertos deportistas o artistas, es una buena manera de superar el pequeño mundo en el que cada niño tiene su vida organizada.

  • Es común –sobre todo en las actividades deportivas– que todo esté pautado en torno a la competición. Y es lógico que cada niño tenga sus habilidades, y que también existan áreas donde es menos hábil. Allí donde pierda, el niño se frustrará.
  • ¿Qué podemos hacer? En principio, evaluar junto al niño si le gusta esa actividad o no; si para él, en su interior, mejorar representa un desafío. En ese caso, apoyémoslo.
  • Pero también puede suceder que el niño registre otras actividades donde se siente cómodo y feliz. En esos casos, apoyemos el despliegue de otros movimientos, aunque no sean los más elegidos por la mayoría.

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