Conectar con su emoción, conectar con la nuestra

CRIANZA CON AMOR

Conectar con su emoción, conectar con la nuestra

Mirando a nuestro hijo a los ojos, escuchando lo que tiene que decir, compartiendo tiempo con él, y nunca dando por hecho que sabe que lo queremos...

Yvonne Laborda

19 de noviembre de 2017, 07:00 | Actualizado a

El vínculo, la díada madre-bebé y la conexión emocional son conceptos cada vez más familiares para nosotros. ¿Verdad que habéis leído o escuchado hablar de ello? De su importancia, de los beneficios que tienen tanto para los niños como para nosotros... Sin embargo, lo que quizá no está tan claro es qué se entiende realmente por estar conectados emocionalmente. Y es que a simple vista parece sencillo, pero en la práctica es algo tan complejo como hacer que los niños sepan que estamos aquí por y para ellos, que pueden ser ellos mismos porque no los vamos a juzgar ni a criticar, y que los aceptamos por quienes son y no por cómo se comportan. También tiene que ver con que tengamos en cuenta sus sentimientos y les expliquemos los nuestros, con que puedan hablar sin que los interrumpamos, con que respetemos sus ritmos, con que entendamos y aceptemos sus necesidades aun cuando no podamos satisfacerlas, que estemos más presentes…

Hazles sentir lo mucho que los quieres

En mi caso, estar conectada con mis hijos es anteponer la relación con ellos a todo lo demás. ¿De qué me vale que hagan lo que yo quiero o necesito si hay enfado, crítica, decepción, mal estar…? Para mí es más importante cómo nos relacionamos y cómo nos sentimos que aquello que hacemos o dejamos de hacer. Y ¿sabéis cuál es el regalo inesperado que se recibe cuando se anteponen las relaciones armoniosas? Pues que se obtiene todo eso que deseamos lograr con amenazas, órdenes, gritos, castigos, premios… Cuando estamos conectados con nuestros hijos, ellos cooperan más porque se sienten más aceptados, queridos…, y ya no cabe lugar para tanta resistencia ni malestar, puesto que son capaces de empatizar con nuestras necesidades.

Algo está fallando

Pocos padres somos realmente conscientes de la importancia que tiene estar conectados emocionalmente con nuestros hijos, hasta que este lazo se rompe y vemos que algo falla entre ellos y nosotros. ¿Cómo nos damos cuenta? La mayoría de veces por el comportamiento de nuestros hijos, y es que una de las consecuencias de dicha pérdida de conexión es la falta de empatía de los niños con nuestras necesidades y las de los demás, porque uno no puede estar pendiente del resto si no se siente bien consigo mismo. Por lo tanto, cuando los niños hagan algo que no nos guste, lo primero que podemos hacer es mirar en nuestro interior y luego empezar a dar, porque cuando damos, todo empieza a cambiar.

Si no podemos ni sabemos conectar con nuestros sentimientos y necesidades, será más difícil, por no decir imposible, conectar con los de otra persona, por mucho que sean nuestros hijos. No olvidemos que los adultos también necesitamos sentirnos “bien” para poder empatizar con los demás.

Recupera la conexión emocional con tus hijos

Conectar es poder compartir con la otra persona el momento presente por el mero hecho de hacerlo. En esos instantes no hay intenciones, ni juicios, ni directrices…, simplemente se comparte, ya sea un juego, un paseo, una siesta, una comida, una conversación, un cuento, una mirada, una caricia, un abrazo, un beso…

Hay madres o padres que no son capaces o no “saben” conectar con uno de sus hijos porque no les gusta cómo se comporta en algunas ocasiones. Existe un “rechazo” consciente hacia ese comportamiento e indirectamente hacia su hijo. Cuando un niño se siente rechazado, no aceptado, criticado… por sus padres, este desconecta emocionalmente de ellos como mecanismo de defensa, y de esta manera deja de sentir lo que sus padres están sintiendo por él. Entonces, la fusión emocional se rompe, provocando la desconexión. Y para que esta conexión entre padres e hijo se restablezca se necesita trabajar la confianza.

El niño tiene que sentir que sus padres lo quieren y aceptan tal y como ya es, lo que no significa que su comportamiento sea siempre el más adecuado.

Ellos hacen, no son

Hay una gran diferencia entre SER y HACER, y muchas veces mezclamos o confundimos los términos. Es muy importante diferenciar entre lo que un niño HACE y lo que ES realmente, porque no somos lo que hacemos. Son muchos los factores que influyen en el comportamiento, principalmente el cómo nos sentimos, y cuando nos sentimos mal actuamos mal. Pero como nuestro estado de ánimo cambia, nuestra actitud también; solo nuestro ser, nuestra esencia, se mantiene. Por eso, no es el comportamiento de nuestro hijo lo que es necesario cambiar, sino el modo en que se siente.

Hay que intentar ver qué necesidad no está siendo satisfecha y hacer que se sienta mejor.

Cuando algo te moleste, explícales cómo te sientes

Nuestros hijos se sienten bien en la medida que haya algún adulto (mamá o papá) que los mire y esté presente. Necesitan ser amados por quienes son y no por lo que hacen o dejan de hacer, así que podemos hablarles de esos comportamientos que nos molestan o que tienen consecuencias en otras personas, pero sin mezclar lo que esa actitud nos provoca con eso que sentimos por ellos.

Cuando alguno de mis hijos grita –en mi opinión, demasiado– o es irrespetuoso con alguien, intento hablar con él de lo que ha hecho o dicho y no de su persona. También intento describir lo que su grito me hace sentir a mí o lo que su actitud ha podido provocar en la otra persona, pero teniendo en cuenta los hechos en sí y no él como persona. Mejor evitar el “tú eres…” o “es que tú me…”. Un ejemplo de cómo se podría hacer es: “Cariño, esos gritos me molestan, no puedo concentrarme con tanto ruido”. O también: “Algo dentro de mí hace que me sienta mal cuando hay tantos gritos, ¿podrías intentar hablar sin gritar tan fuerte, por favor?”. Fijaros que hablamos y describimos los hechos, no hay frases que empiecen por “tú eres...”, “tú haces…”, “es que tú…”, “tú me…”. En estos ejemplos podemos ver que lo que se comenta es sobre la acción en sí y no sobre la persona. No hay ningún comentario que desvalorice al niño ni lo critique, no hay adjetivos que lo describan ni mucho menos “etiquetas” del tipo: gritón, malo, egoísta...

Comparte sus aficiones

En definitiva, para conectar emocionalmente con nuestros hijos o para recuperar esa conexión, lo primero que necesitamos tener en cuenta es que necesitamos dejar de hacer juicios sobre nuestros hijos, y lo segundo es pasar más tiempo juntos. Compartir nuestro ser con ellos. Bajo mi punto de vista, una de las mejores herramientas de las que disponemos para poder conectar con alguien es interesarnos y compartir algunas de las cosas que le gusten o apasionen a esa persona, no importa cuál: animales, juegos, aficiones, películas, comida, libros, música, deportes (si no los practicamos podemos ir a verlos o hablar de ellos, o ver fotos)... Con este último ejemplo te contaré que, de vez en cuando, nosotros les preguntamos a los niños qué les apetecería comer en esa ocasión, y se lo hacemos, a cada uno lo que ha pedido. ¡No veas lo mucho que lo valoran! También colaboramos en sus colecciones. A uno de nuestros hijos le encanta coleccionar chapas de botellas, así que a cualquier sitio que vayamos, si vemos alguna que nos parece bonita, la guardamos y cuando llegamos a casa se la damos.

Como puedes ver, todo lo que nosotros intentamos hacer se podría resumir en algo tan esencial, pero que a veces resulta tan complicado de llevar a cabo, como es que nuestros hijos vean, sepan y, sobre todo, sientan que sus intereses, gustos y opiniones son igual de importantes que las nuestras.

Para recuperar la conexión con ellos, lo más mágico es poder verlos cuando les damos, simplemente, el doble de aquello que les faltó: el doble de escucha, el doble de mirada, presencia, caricias, abrazos, besos, comida preferida, juegos favoritos… Su mirada es pura luz al verse y sentirse tenido en cuenta e importante para nosotros. Y es que no hay nada más sanador que satisfacer necesidades pasadas con conciencia y amor.

Con amor y paz harás que vuestro vínculo mejore

Algo que solemos hacer mi pareja y yo para seguir conectados con nuestros hijos, o para recuperar la conexión si nos damos cuenta de que se ha perdido, es pasar tiempo a solas con cada uno de ellos de vez en cuando haciendo algo especial para él o ella. Es una experiencia maravillosa ver cómo los llena ese momento. Se sienten especiales. Hay veces que basta con compartir unas horas –a veces incluso es suficiente con unos minutos– en un cuarto de la casa mirando un cuento, imaginando aventuras con sus muñecos favoritos, bailando..., mientras los otros niños están con papá o haciendo sus cosas. Con otro hijo, o en otra ocasión, también nos han pedido ir a dar un paseo, salir a montar en bici, ir al parque... Entonces, lo hacemos y después aprovechamos para hablar un rato, para explicar nuestras cosas, mientras nos tomamos un tentempié. Cuando hay ese grado de conexión es maravilloso ver cómo los niños están dispuestos a cooperar cuando los necesitamos de verdad. La clave siempre es el amor. Cuando hay amor y paz, las relaciones empiezan a cambiar.

¿Y nosotras?

Empatizar, conectar... requiere un trabajo previo, porque si no aprendemos a conectar con nuestros verdaderos sentimientos y necesidades, nos será mucho más difícil, por no decir imposible, conectar con el ser de otra persona. Una vez identificadas nuestras verdaderas necesidades, satisfacer las necesidades de nuestros hijos y validar sus sentimientos nos resultará más fácil y familiar.

Saber qué necesitamos y saber pedirlo también es conectar. Pedir no es exigir, es darle al otro la libertad de satisfacer dicha necesidad o no. Si pedimos con sinceridad, es más fácil que el otro pueda empalizar.

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