Confiemos en sus ganas de comer

CRIANZA CON RESPETO

Confiemos en sus ganas de comer

Cuando un niño dice que ya está lleno, no hay razón para obligarlo a seguir comiendo. Prevenir la obesidad infantil también pasa por respetar su apetito.

Julio Basulto

14 de febrero de 2018, 07:00 | Actualizado a

"Un poquito más y ya está", "Si no te lo comes, no habrá...", "Te lo compro, pero te lo tienes que comer todo, ¿eh?". Y podría seguir, porque ¿cuántas frases como estas no les decimos a los niños a diario?

A los padres nos preocupa mucho que nuestros hijos no coman lo suficiente, pero quizá es hora de replanteamos esta actitud que no invita a tener unos hábitos saludables. Y es que las estadísticas de obesidad infantil en España son cada vez más preocupantes, por eso es necesario prevenirla, ya que se estima que más del 80% de los menores de edad que la padecen la seguirán teniendo de por vida, aumentado así el riesgo de sufrir diabetes, cáncer, enfermedades del corazón o de las articulaciones, además del rechazo y del estigma social que suelen acompañar a la obesidad. De manera que no debemos insistir en que coman, pero tampoco prohibirles ciertos alimentos, porque así solo despertaremos su interés por ellos.

Tal y como afirma la Academia Americana de Pediatría, tanto insistir como prohibir incrementan el riesgo de obesidad.

Si tú comes bien, tus hijos también

El pediatra nos dirá si nuestro hijo tiene sobrepeso o no, basándose en unas gráficas de peso y talla en función de la edad, aunque, en cualquier caso, cuando hablamos de niños pequeños, el peso de los padres predice la obesidad infantil de forma mucho más precisa de lo que lo hace el peso actual del niño.

Predica con el ejemplo

Un niño de 18 meses con un padre y una madre con obesidad tiene un alto riesgo de serlo también, incluso si en ese momento está en un peso normal.

La genética influye, pero sobre todo lo hace la repetición de patrones no saludables.

Por esta razón, lo primero que debe abordar un profesional ante dos padres con obesidad que acuden a la consulta para tratar a su niño con exceso de peso es la dieta y el estilo de vida de los padres.

Alguien se sentirá tentado de poner a dieta al niño, lo cual puede ser un grandísimo error. Y digo puede porque depende de lo que interprete cada uno por "poner a dieta". Si interpreta "establecer un patrón de alimentación saludable", estamos todos de acuerdo, pero si cree que hay que "restringir las calorías" que toma el niño, ahí sí que podemos discrepar.

En menores de dos años está desaconsejado restringir las calorías que toma el niño, porque podría afectar negativamente a su crecimiento. Y en los mayores no está demostrado que sea útil.

Apagar la televisión y el ordenador, movernos y comer saludablemente es lo que podemos hacer los padres para prevenir la obesidad, en nosotros y en nuestros hijos, y es que en el ámbito científico no hay discusión posible: los padres que predican con el ejemplo crían a hijos que imitan inconscientemente el estilo de vida saludable de sus progenitores.


Cuanta más leche materna tomen, menos riesgo tendrán

La lactancia materna es una importante herramienta de prevención, particularmente en los bebés con riesgo de padecer obesidad.

Cuanto más tiempo tomen el pecho, mucho mejor para su salud.

Igual de importante es no empezar con la alimentación complementaria demasiado pronto, ya que es otro de los factores relacionados con esta dolencia. En un estudio se observó que los bebés alimentados con leche de fórmula, y que además habían empezado a tomar sólidos antes de los cuatro meses de edad, tenían 6,3 veces más posibilidades de tener sobrepeso a los tres años.

Los signos que indican que el bebé ya está listo para consumir alimentos distintos a la leche son:

  • se aguanta sentado sin necesidad de apoyar la espalda y mantiene la cabeza erguida
  • coordina ojos, manos y boca para mirar la comida, cogerla y comérsela
  • y puede tragar alimentos sólidos, es decir, no los empuja instintivamente hacia fuera con la lengua para evitar ahogarse.

Estos signos raramente se dan al mismo tiempo antes de los seis meses, y es por esa razón que esta edad se considera idónea para comenzar esta etapa.

Ellos saben qué necesitan

La Asociación Americana de Dietética propone dividir la responsabilidad de la alimentación infantil, tanto en niños con obesidad como sanos, del siguiente modo:

  • Los padres deben tener en el hogar alimentos saludables y ofrecer, sin obligar: desayuno, tentempié a media mañana, comida, merienda y cena.
  • Los niños son los responsables de escoger qué comen y cuánto de lo que los adultos les ofrecen.

Es importante recordar que lo insano en los niños es doblemente insano así que es mejor no tener este tipo de alimentos en casa para evitarnos discusiones que solo conducen a que los niños tengan un excesivo interés por ellos.

La comida: una ocasión ideal para estar juntos


Está demostrado que compartir la mesa es una buena estrategia para prevenir esta patología tan presente en nuestra sociedad.

La Academia Americana de Pediatría recomienda a todas las familias que se sienten juntos a la mesa "de forma regular", para prevenir el exceso de peso en niños y adolescentes. Una investigación publicada en la revista Pediatrics en junio de 2011 constató que compartir tres o más comidas en familia cada semana reduce en un 12% el riesgo de sufrir obesidad infantil y en un 20% las posibilidades de que los niños consuman alimentos poco saludables.

A su vez, incrementa las probabilidades de que ingieran alimentos sanos en un 24%. Se trata de una medida muy sencilla que hace más fácil poder seguir una dieta sana, además de favorecer la comunicación entre padres e hijos, eso sí, siempre y cuando no se haga frente al televisor. Este aparato que llegó a nuestras casas y se hizo el amo y señor de la mayoría de ellas tiene más poder sobre nosotros del que a veces nos pensamos. Es la excusa perfecta para pasarnos horas y horas sentados frente a él, fomentando el sedentarismo y estando expuestos a contenidos que no siempre respaldan hábitos sanos.

Además, los niños siguen nuestro ejemplo, y ellos aún son más vulnerables a todos esos mensajes insanos que les llegan a través de la pantalla. Por lo tanto, si queremos que nuestros hijos pasen menos tiempo mirando la televisión, o el teléfono móvil, vamos a tener que hacer lo mismo que les pedimos.

Ojo con los lácteos

Siempre que hay niños, e incluso cuando no los hay, si algo no falta en esa mesa en la que nos recomiendan que nos sentemos todos juntos son los productos lácteos. Los niños españoles -y los adultos también- toman demasiados, lo cual no solo es innecesario, sino que también promueve una excesiva ingesta de energía, al mismo tiempo que impide que se tomen otros nutrientes necesarios para el cuerpo y que los lácteos no contienen.

Por otro lado, quizá no se hace suficiente eco de la siguiente información, pero es muy importante que a partir de los tres años, o de los dos si existe obesidad diagnosticada, los lácteos que consuman los niños sean desnatados. La grasa de los lácteos es del tipo "saturada", la cual se asocia no solo a un mayor riesgo de obesidad, sino también de enfermedades del corazón o de las arterias. Además, los lácteos más ligeros conservan todo su calcio y sus propiedades.

Ahora bien, cuando un niño diga que no le gusta la leche o que le duele la barriga cada vez que toma un lácteo, escuchémoslo, porque cabe la posibilidad de que sea alérgico a las proteínas lácteas o intolerante a la lactosa.

Ojo con la carne

No está claro si es por la proteína o por su grasa, pero los niños también deberían consumir menos alimentos de origen animal si verdaderamente queremos prevenir la obesidad.

Asimismo, nunca deberíamos olvidar que comer no se trata solo de saber escoger los alimentos que más nos convienen, sino también de tener una relación psicológicamente saludable con ellos. La comida de ninguna manera puede ser una guerra abierta entre los niños y nosotros, ni tampoco convertirse en un refugio o una recompensa.


¿Sabías que es bueno que coma entre horas?


A lo largo de este artículo os he comentado cómo se puede prevenir la obesidad infantil, pero no quisiera acabar sin hacer referencia a estos otros tres puntos:

  1. Déjalos que piquen entre horas alimentos saludables, ino es malo! Las conclusiones de los estudios son que, tanto en niños como en adultos, "matar el gusanillo" puede ser beneficioso para controlar el peso, porque parte de la energía ingerida se gasta en los procesos de digestión, absorción y asimilación, así que, a mayor número de comidas, mayor gasto de energía. Además, evitaremos que lleguen a la siguiente comida con mucho apetito, lo que favorece que prefieran alimentos más calóricos.
  2. Ofréceles alimentos integrales (pan, arroz...) a partir de los dos años, porque son más ricos en nutrientes, previenen y tratan el estreñimiento, mejoran la circulación sanguínea, previenen la dia-betes y el colesterol, y disminuyen el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer. Además, ayudan a con-trolar el peso, entre otros motivos, porque activan el mecanismo de la saciedad antes que los refinados.
  3. Permíteles que se muevan, que corran, que salten, que bailen, en definitiva, que hagan ejercicio. Para los niños la actividad física ideal es el juego espontáneo al aire libre. Por eso, ir al parque cada día no solo es un modo de distracción, sino también una medida de salud. Aprovechemos el tiempo libre que tengamos para dar un paseo por el bosque, para corretear por la playa aunque ya no podamos meternos en el agua, para acercarnos al lago... No hay que olvidar que los padres somos el espejo en el que se miran los niños, de manera que vamos a tener que hablar menos y hacer más: si nosotros nos movemos, ellos también lo harán. Además, ¿qué puede hacernos más felices que pasar un rato en familia, al aire libre, y viendo a nuestros hijos danzar, trepar y correr felices de un lado a otro?

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