Crear un entorno tranquilo, a su medida

CRIANZA

Crear un entorno tranquilo, a su medida

Intimidad y calma. Para que el proceso de adaptación sea fluido, el bebé necesita poco ruido y mucho contacto. Sus necesidades son la prioridad.

Ana María Obradors

12 de octubre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Después de nueve meses de ilusión, de notar cómo el bebé ha ido creciendo semana a semana, después de un tiempo de inquietud y, quizás, de impaciencia, por fin llega el día en que podemos ver la cara de nuestro tesoro más preciado: nuestro hijo. Empieza un período de adaptación no sólo para nosotros, recién estrenados padres, sino también para el bebé, por lo que es recomendable un entorno tranquilo, que fomente un conocimiento mutuo y, a la vez, favorezca el descanso.

El bebé tiene que adaptarse al nuevo ambiente: respirar en un medio aéreo, notar la sensación de hambre, percibir ruidos y luz más intensos... Hay que tener la precaución de no estresarlo.

Primeras horas

Tras el nacimiento, la madre y el bebé están en un período de alerta. Hay una necesidad de reconocimiento mutuo. La madre explora a su hijo tocándole la cara, los brazos, las piernas, los dedos. Acaricia y masajea su cuerpecito. El proceso de vinculación se ha desencadenado.

El bebé se vincula con su madre a través del olfato, la visión, el sonido cardiaco... Para no entorpecer el proceso es importante que ella no utilice perfumes y que el ambiente no sea brillante ni ruidoso.

Aunque es muy agradable tener visitas, está claro que pueden llegar a agobiar y a sobrecargar el entorno.

Así, es recomendable que las visitas hospitalarias sean solamente de los familiares más allegados, puesto que la madre y el bebé están en un período de posparto, de vínculo, de adaptación, pero también de recuperación.

El día a día en casa

Un ambiente tranquilo es la mejor garantía para la buena evolución del bebé. Las caricias, nuestra voz suave, mecerle o acunarle son cuidados tan necesarios como darle el pecho o cambiarle el pañal, siempre que nos adaptemos a su ritmo y no lo sobre estimulemos.

Hemos de respetar su reposo y su sueño y no manipularlo o despertarlo porque han venido unos familiares o amigos a verlo. La prioridad es siempre el bebé. Los ritmos y las necesidades básicas del recién nacido tienen que prevalecer sobre todo lo demás.

Ambientes limpios

La limpieza, sin llegar a la obsesión, ha de ser cuidadosa. Es importante mantener la casa ventilada pero evitando las corrientes de aire. Las temperaturas extremas no son convenientes. Ahora que empezará a venir el frío es importante regular bien la calefacción y bajarla por la noche.

Si tenemos peluches en la habitación –aunque es mejor evitarlos y, por supuesto, no colocarlos en la cama–, los lavaremos cada cierto tiempo para evitar que acumulen polvo y se conviertan en causa de alergias.

Su protección

La seguridad tiene que ser algo primordial desde el primer momento: el colchón donde duerma el bebé, que puede ser el familiar si es vuestra opción, ha de ser de consistencia dura y no le pondremos almohada, no colgaremos ningún tipo de cadena o imperdible en su ropa, no dejaremos al bebé nunca solo durante el baño ni en el cambiador, y en el coche siempre irá con silla de seguridad adaptada a su edad, a poder ser a contramarcha.

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