Pareja con hijos

Crianza

Cuando pasamos de pareja a padres...

¡Nos necesitamos más que nunca! El hogar ahora pertenece a los niños, así que tendremos que idear pequeños encuentros que nos permitan conversar sobre nuestra nueva vida y recuperar la intimidad.

Laura Gutman

6 de marzo de 2017, 10:00 | Actualizado a

Cuando llegan los niños, el tiempo se convierte en un bien escaso. Necesitamos tiempo. Pero ocurre algo novedoso: a los varones les sobra tiempo disponible y quieren convertirlo en tiempo de pareja; las mujeres, en cambio, no tenemos tiempo disponible, y en cuanto disfrutamos de unos minutos, preferimos dedicar esos preciados instantes a nuestra persona. Necesitamos unos momentos de soledad, de libertad para ir al baño solas, unos minutos para leer el diario, algún instante para responder un wassap. Cada segundo se convierte en una respiración de libertad y autonomía.

Nada es como antes

El ahogo por la demanda permanente de los niños pequeños será difícilmente comprendido por otra persona si a esta no le está sucediendo exactamente lo mismo. Por este motivo es importante multiplicar los encuentros con otras madres de niños pequeños.

Por otra parte, solemos estar tan agobiadas por el trabajo y las exigencias físicas y emocionales, que solemos “usar” al varón para que se ocupe del niño de vez en cuando. Le pedimos que lo lleve a pasear un rato, que le dé de comer o que juegue con él. Pero incluso cuando los hombres responden satisfactoriamente a esos pedidos, parece que queda un vacío: no hemos vuelto a funcionar como la pareja de antes del nacimiento de los niños.

Los hombres sienten ese “vacío” más fuertemente que las mujeres porque están menos “atosigados” por las demandas que surgen dentro de casa. De hecho, el hogar se ha convertido en un lugar de trabajo permanente para las mujeres. En cambio, para los hombres puede seguir funcionando como un sitio de reposo y descanso, asunto que a las mujeres nos llena de rabia e impotencia. Hay niños pequeños que nos están reclamando, ¿cómo puede ser que el hombre se permita descansar en casa? Parece una situación injusta. Por otra parte, en algún momento, las mujeres también deseamos “volver al pasado” y vivir la dulzura y los encuentros de pareja que solíamos experimentar antes de la llegada de los niños.

Ante este panorama, la clave consiste en reconocer que nuestra casa se ha convertido en el lugar menos íntimo del planeta. Es un espacio que ahora pertenece a los niños, y si queremos lograr algún acercamiento con nuestra pareja, lo ideal será inventar encuentros fuera del hogar. Un paseo por el barrio, una cita en un restaurante para comer un martes a mediodía cerca del trabajo, una copa en un bar antes de que él llegue a casa, una salida al cine, una caminata una mañana temprano... Sí, una caminata sin niños puede convertirse en el acercamiento más erótico y sensual de los últimos tiempos.

Por otra parte, antes de creer que necesitamos retomar el contacto sexual, recordemos que lo más urgente es retomar la costumbre de conversar sin interrupciones. Para ello, es indispensable que terceras personas cuiden de nuestros hijos algunos ratos, de tal modo que los padres podamos salir de casa. Es imposible intentar que una conversación funcione mientras los niños están dando vueltas a nuestro alrededor.

Romper las convenciones

Tampoco sirve de nada creer que podremos dedicar tiempo a la pareja una vez los niños se hayan dormido: al final del día las madres estamos demasiado agotadas para mantener un intercambio de este tipo. Los encuentros entre adultos ya no suceden por las noches. Las mañanas, sin ninguna duda, son la mejor opción. No es una opción que responda a lo que creemos convencionalmente, pero esa es la nueva realidad.

Una realidad desafiante

¿Y el contacto sexual? ¿Para cuándo? En realidad, este sucederá espontáneamente si antes hemos previsto encuentros verbales, de comunicación, de abrazos, de llantos, de cansancio compartido, de intimidad y de intercambios afectuosos y honestos. Lo que estamos viviendo es demasiado intenso, demasiado nuevo y desafiante. Necesitamos pensarnos en estos nuevos roles de madres y padres, y para ello es indispensable que hablemos mucho sobre cómo nos sentimos, los obstáculos que encontramos, los apoyos que esperamos, las fantasías que tenemos y las desilusiones que nos entrampan. Necesitamos a nuestra pareja más que nunca, pero suponer que seguiremos funcionando de la misma manera que cuando los niños no estaban presentes no es una actitud realista.

No. Ahora la nueva realidad nos exige cambios. Y si somos capaces de adecuarnos a esta situación, seguramente podremos conocernos más, acompañarnos más y amarnos más de lo que nos amábamos antes. El secreto está en ser capaces de cambiar. En darnos cuenta de que nos hemos convertido en personas nuevas y desconocidas incluso para nosotros mismos. Por lo tanto, ahora se trata de estar dispuestos a conocer al nuevo individuo que habita en nuestro interior.


La ayuda de otros adultos

Si estamos dispuestos a recuperar la intimidad y el acercamiento con nuestra pareja, obviamente necesitaremos a terceras personas que nos ayuden cuidando a nuestros hijos. Puede hacerlo un familiar. O una cuidadora. Incluso la guardería. Solemos sentirnos culpables si “robamos” tiempo de dedicación a los niños para estar entre adultos, pero sin ese tiempo de nutrición y afectividad compartida es muy difícil asumir la cotidianidad y el altruismo permanente que implica criar a los hijos. Es verdad que tenemos que aprovechar cada instante. El tiempo es oro. Pero si estamos dispuestos a entrar en franca comunicación con nuestra pareja para revisar los contratos vinculares que han quedado obsoletos, ciertamente encontraremos el modo de acercarnos el uno al otro.