Cuando las rutinas cambian

CRIANZA CON RESPETO

Cuando las rutinas cambian

No hay nada dramático en cambiar, a menos que el niño no cuente con el cariño y la disponibilidad de los adultos que lo cuidan.

Laura Gutman

28 de marzo de 2018, 10:21 | Actualizado a

Quizás algo en el entorno nos obliga a reorganizar las rutinas. El inicio del año escolar, por ejemplo, trae consigo un reordenamiento familiar. También un cambio de vivienda o una separación...

En la medida que los adultos nos acomodemos a las nuevas rutinas, los niños también podrán adaptarse.

Siguiendo con el ejemplo del fin de las vacaciones, los tiempos prolongados y sin horarios del verano tienen que restringirse porque, ahora, cada actividad queda supeditada al tiempo estipulado. Hay un cambio de ritmo evidente: antes era más libre y ahora resulta más acotado.

En términos generales, los niños podrán asimilar los cambios si los adultos nos organizamos y respetamos los horarios familiares.

Por ejemplo, si un niño tiene que levantarse temprano para ir a la escuela, lo ideal es que la noche anterior todos hayamos cenado temprano y podamos meternos en la cama sin estrés, sin ninguna tarea pendiente ni reclamaciones. Si no nos organizamos a favor de las rutinas de los niños, pretender que a los más pequeños no les afecten los cambios será una idea ridícula.

También puede suceder que las horas compartidas con mamá, papá o los abuelos se pierdan dentro de la vorágine de la rutina escolar. Eso es algo que no podemos modificar, pero sí podemos encontrar palabras para nombrar lo que nos ocurre a todos: nos extrañamos durante el día.

Y si nos damos cuenta de que nos pasa “eso”, tal vez encontremos maneras de que los cambios no sean tan abruptos. Por ejemplo, quizás podamos ir a buscar al niño a la escuela a mediodía para comer con él, hasta que la adaptación al nuevo ritmo se haya instalado. O reducir un poco nuestras actividades para favorecer el tiempo de disponibilidad con los niños pequeños.

Todo cambio progresivo es más saludable que los cambios veloces.

Los cambios no son malos

  • La vuelta a las aulas a veces se complica porque va acompañada de un cambio de escuela y, por lo tanto, de maestras y compañeros.
  • Todo lo que necesitará nuestro hijo es mayor acompañamiento, más paciencia por parte de los adultos y más palabras que ayuden a traducir las dificultades, el miedo o los desafíos a los que se enfrenta.
  • No hay nada dramático en cambiar, a menos que el niño no cuente con parámetros confiables, como el cariño y la disponibilidad de los adultos que lo cuidan, la certeza que recibirá apoyo pase lo que pase y la confianza de que todo cambio será positivo, siempre.

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