Custodias compartidas más sanas

CRIANZA

Custodias compartidas más sanas

Respetar lo pactado y lograr una rutina estable es vital para que los hijos se sientan seguros.

Laura Gutman

25 de octubre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Los divorcios son habitualmente controvertidos y están marcados por los desencuentros.

Es lógico, en caso contrario no estaríamos decidiendo una separación.

A pesar de que el bienestar de los niños sea la prioridad, llegar a acuerdos en relación a su cuidado no será sencillo, ya que es posible que no estemos de acuerdo en muchas áreas de la vida. Probablemente, en este tema tampoco.

La mejor opción es observar cuál es el punto de vista del niño y tomar decisiones teniendo en cuenta dentro de qué sistema él se siente mejor.

Para ello, remarquemos que no somos los adultos quienes tenemos que sentirnos bien, sino el niño.

En el caso de bebés o niños que aún maman, obviamente ellos no piden dormir con el padre –ni con la abuela, ni con nadie que no sea la madre–. No importa que el padre quiera tenerlo una noche entre semana porque ese día le corresponde. A quien tiene que corresponderle es al niño.

En otros casos, cuando el niño ya es un poco mayor y tiene la costumbre de pasar tiempo con el padre, todo será fácil, porque el niño disfrutará de esos momentos y eso será evidente para todos.

Lo ideal es que cada familia encontremos una rutina –la que sea–, de tal modo que el niño pueda anticiparse y “organizarse” mental y emocionalmente. Por ejemplo, si los fines de semana estará con papá..., el viernes ya podemos anticiparle que esa noche o al día siguiente comienza el fin de semana y es tiempo de estar con su padre. Y viceversa, anticiparle que ya falta poco para estar con mamá.

En la repetición, es decir, en la conformación de las rutinas, los niños se sienten más seguros.

Cumplir lo acordado

Cualquier decisión en cuanto al tiempo que el niño se quedará con la madre o el padre, con qué asiduidad o en qué ámbito es buena. Pero es indispensable que cumplamos con lo pactado, no sólo por respeto al otro progenitor, sino, sobre todo, por respeto hacia el niño.

Por más pequeño que sea, el niño sabe quién ha prometido cuidarlo y espera encontrarse con él. Ahora bien, si nuestro excónyuge no cumple, revisemos los acuerdos.

Tal vez descubramos que no hubo un acuerdo auténtico, sino imposiciones sobre lo que creíamos que era correcto. En este punto, es imprescindible llegar a acuerdos en serio.

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