"Dando el pecho me sentí aceptada como madre de adopción"

TESTIMONIO

"Dando el pecho me sentí aceptada como madre de adopción"

He descubierto lo importante que es dar el pecho sobre todo para dar y recibir amor.

Cristina Cama

25 de noviembre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Era un día precioso, no lo olvidaré jamás, cuando volamos a Madagascar para reunirnos con nuestras tres hijas.

Íbamos dos para volver cinco.

Después de veintidós horas de viaje, Luis y yo nos cogimos las manos y nos miramos; el momento había llegado.

Por fin estábamos con ellas. Nos fundimos en un intenso abrazo. Ya en el hotel, nos duchamos juntas. ¡Qué bien olía el jabón! La crema, el agua caliente... todo entre risas, miradas y mucho amor. Por la noche nos pusimos el pijama y nos preparamos para ir a dormir. Me eché en la cama y Francine, la pequeña, de cuatro años, me buscó el pecho y se puso a mamar. Al instante avisó a Yamine, de cinco, y a Sina, de siete, para compartir mi pecho. Al verlo, Luis preguntó: “¿Qué pasa?”. Yo le contesté: “No sé, pero ¿quieres prueba más grande de que me aceptan y me quieren como madre?”.

Nada de lo que ocurrió tuvo que ver con lo que nos habían contado en el curso para padres adoptivos, en el que la profesora llegó a afirmar que la anatomía se estudiaba en los libros, dando a entender que no debía existir esta intimidad y complicidad corporal entre madre e hijos adoptivos.

Pasaron los años y ellas tomaban mi pecho esporádicamente, cuando lo deseaban. Nunca me opuse, pues tanto para ellas como para mí era un momento de amor. Las tomas duraban pocos minutos y cuando les preguntaba: “¿Bucki?” (en malgache, “¿Estás llena?”), ellas me contestaban: “Bucki be” (“Sí, muy llena”). Al año, las dos mayores, con ocho y seis años, lo dejaron. Francine continuó tres años más.

Tres años más tarde volvimos a Madagascar. Fuimos los cinco a buscar a Uly, de tres años, nuestra cuarta hija, hermana biológica de las otras tres. Entonces no esperé a que ella me pidiera el pecho, sencillamente, sin tabús y con todo mi amor, le pregunté: “¿Quieres?”, a lo que ella respondió: “Sí”. Cuando le pregunté: “¿A qué sabe?”, me contestó: “Es Bombón-Coco” (un dulce típico de Madagascar).

Hoy Uly tiene ocho años y a veces todavía me pide el pecho. Cuando le digo que ya no hay leche, ella me responde: “Sí, mamá. Es Bombón-Coco”.

¿Qué significa para mí dar el pecho? Significa ser madre. Es sentirme aceptada y querida. Es entregarme plenamente y darles mi amor sin guardarme nada. Cuando le pregunto a Francine qué sentía cuando de pequeña tomaba mi pecho, me dice: “Me sentía relajada, muy a gusto. Me hacía sentir muy especial”. Cuando le pregunto a Uly qué siente cuando toma mi pecho, me dice: “Me siento muy feliz y siento tu amor”.

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