Educación emocional

CRIANZA

Educación emocional

Según los expertos, los problemas del sistema educativo español se deben a un enfoque excesivamente dirigido a la adquisición de conocimientos. Algunos proyectos van en otra dirección.

Isabel Fernández del Castillo

3 de enero de 2019, 11:26 | Actualizado a

¿Unas calificaciones destacadas en el colegio o un remarcable coeficiente intelectual medido por los tests al uso son un indicador de un buen porvenir?

Hace unos años, todo el mundo habría coincidido en afirmar que sí. En la actualidad, con un sistema educativo en crisis y un mundo que nadie entiende ni sabe qué derroteros va a tomar, es más patente que nunca que el éxito en la vida –independientemente de lo que cada uno interprete como éxito– no es algo formal y definible, sino algo relativo y cambiante que depende estrechamente de capacidades y habilidades personales, como la capacidad de adaptación; la creatividad a la hora de generar nuevos ámbitos de actividad, resolver problemas o encontrar soluciones; la automotivación; las habilidades sociales; o la capacidad de crear y mantener relaciones cooperativas en el ámbito laboral y social.

Fue el autor estadounidense Daniel Goleman quien en 1995 sorprendió a todos con un libro que pronto se convirtió en un best seller mundial, y cuyo título acuñó una realidad hasta entonces ignorada: Inteligencia emocional (Kai- rós). El libro recogía cientos de casos que ponían de manifiesto lo que todos sabemos: que las emociones influyen en la mente racional, para bien o para mal, y, por lo tanto, en la capacidad de aprendizaje. Eso explica por qué personas quizá no demasiado inteligentes pueden tener mucho más éxito que otras intelectualmente más dotadas; simplemente por su talento natural para ser conscientes y gestionar sus emociones de forma positiva y constructiva, percibir las de los otros y actuar en consecuencia.

La inteligencia es algo más que lo que se puede mesurar con un simple test. Eso era evidente incluso para Alfred Binet, el pedagogo y psicólogo francés que creó el sistema para medir el coeficiente de inteligencia que se utiliza actualmente. Binet, horrorizado con los colegas que apoyaban los veredictos negativos de los profesores sobre el futuro académico o profesional de ciertos alumnos, afirmaba: “Algunos filósofos recientes dan soporte moral a estos veredictos, afirmando que la inteligencia es algo fijo y que no puede mejorar. Debemos protestar y contrarrestar este brutal pesimismo, demostrar que no es así de ninguna manera”.

Que las vivencias emocionales pueden nublar la mente es algo que todo el mundo ha experimentado. Que en el colegio las emociones tienen un impacto directo sobre los niños y su rendimiento escolar es también una realidad. Asimismo, está constatado que cuanto mayor es el nivel de conflicto, violencia y acoso en un centro educativo, mayor es el índice de fracaso y abandono escolar.

Para muchos docentes, el sistema educativo español pone demasiado énfasis en la cantidad de conocimientos que es necesario acumular en un determinado tiempo, y poco en desarrollar habilidades sociales y de convivencia que también son esenciales para manejarse con éxito en la vida.

Un buen lugar para aprender

En base al trabajo de distintos autores, la inteligencia emocional se manifiesta a través de una serie de capacidades, por ejemplo:

  • Darse cuenta de las propias emociones, siendo capaz de detectar y ser consciente de las sensaciones que producen en el cuerpo: opresión en el corazón, nudo en el estómago, etc.
  • Notar y ser capaz de interpretar correctamente el lenguaje no verbal que, voluntaria o involuntariamente, emiten las otras personas –el gesto, la mirada, la expresión, la actitud...–; eso que la otra persona no dice, pero manifiesta.
  • Ponerse en el lugar del otro (empatía) y actuar de forma apropiada en cada caso.
  • Detectar las propias emociones, especialmente cuando pueden afectar a los demás –la ira, el pesimismo...–. Tener la capacidad de pensar antes de actuar.
  • Motivarse y generar entusiasmo, perseverancia, optimismo, etc.
  • Encontrar soluciones creativas a los problemas que nos vamos encontrando.

Estas capacidades, aun siendo vitales para poderse manejar en la vida y acceder a eso que llamamos felicidad, no se enseñan en el colegio, y a menudo, tampoco en la familia. No se trata solamente de que a los niños no se les den herramientas, es que a menudo los adultos tampoco las tenemos y dejamos que las cosas evolucionen a su aire. Y esto influye poderosamente en la calidad de la enseñanza, ya que, cuando hay conflictos, el miedo se convierte en un nublador de la mente.

Como dice Eugenia Blanco, profesora de secundaria, experta en inteligencia emocional y facilitadora de trabajo de procesos de grupo, “como alumno, si cuando el profesor está explicando algo yo estoy pendiente de que mi compañero se calle, de que no me insulten o se rían de mí si me equivoco al hacer una intervención, si me amenazan para que les deje copiar mis tareas, si siento agobio porque han hecho comentarios muy ofensivos sobre mí en instagram o cualquier otra red social, no puedo rendir a nivel académico. Necesito un lugar cómodo y seguro donde relacionarme y aprender, compañeros y no adversarios; y también necesito límites, en casa y en la escuela, o nunca podré desarrollarme y ser yo mismo”.

¿La escuela es más conflictiva hoy en día que antes?

A este respecto, Eugenia Blanco afirma: “Siempre ha habido problemas, lo que ocurre es que ahora se han explicitado, se han puesto abiertamente sobre la mesa, y eso es bueno porque tomamos consciencia de ellos y ponemos más energía en solucionarlos para que los niños no sufran el abuso de los compañeros. En mi opinión, la labor más importante es conseguir que los mirones se muevan, que no existan alumnos indiferentes ante situaciones de humillación, vejación, abuso y malos tratos de unos compañeros sobre otros. Creo firmemente que si los indiferentes se colocan junto al niño más débil, los fuertes empezarán a perder poder y los débiles empezarán a ganarlo, con lo que la situación se equilibrará fácilmente y la resolución de diferencias y conflictos se podrá trabajar desde formas alternativas”.

Experiencias muy elocuentes

Aprender a ser conscientes y a manejar las propias emociones da buenos resultados. Así lo ha probado una experiencia llevada a cabo en Cantabria promovida por la Fundación Botín dentro del programa “Educación Responsable”, desarrollado en colaboración con la Consejería de educación del Gobierno de Cantabria. Este estudio ha demostrado que la inteligencia emocional y social reporta beneficios que van mucho más allá de mejorar el bienestar emocional y las competencias sociales de los alumnos; también se traducen en un mejor rendimiento escolar.

El proyecto ha abarcado a una población de 20.000 escolares de 100 centros educativos con un objetivo: conocer los beneficios de la implantación de un programa de inteligencia emocional que implicaba a los alumnos, los profesores y las familias. El proyecto ha durado tres años y los resultados –evaluados sobre una muestra de 1.000 alumnos– no han podido ser más alentadores, ya que se ha podido constatar:

  • Una reducción de los niveles de ansiedad de los escolares.
  • Más asertividad (capacidad de expresar las propias ideas sin herir ni molestar a los demás).
  • Mejores resultados académicos.
  • Una disminución de las conductas de riesgo.

Los programas de inteligencia emocional aplicados a la escuela también han demostrado ayudar a prevenir problemas graves y difíciles de resolver en los centros, como el consumo de drogas, los problemas de convivencia y violencia, además de mejorar notablemente la relación entre alumnos y profesores y reducir los síntomas asociados a la depresión infantil y juvenil. Los resultados académicos mejoran al mismo tiempo que el clima de convivencia. Y cuando las relaciones y la comunicación entre alumnos y profesor–alumno se enriquecen, el rendimiento académico también mejora.

Aspectos trabajados

Este proyecto ambicioso e innovador se ha basado en el trabajo sobre seis principios para que los alumnos consigan:

  • Conocerse y confiar en sí mismos.
  • Comprender a los demás.
  • Reconocer y expresar emociones e ideas.
  • Desarrollar el autocontrol.
  • Aprender a tomar decisiones responsables.
  • Valorar y cuidar su salud.
  • Mejorar sus habilidades sociales.

Con ese fin se han realizado actividades y dinámicas específicas para cada grupo de edad, desde educación infantil hasta secundaria, con material especialmente elaborado para ello.

Entrevista: “La educación no puede ser solo intelectual"

Según María Eugenia Blanco, docente en Secundaria y experta en inteligencia emocional aplicada al ámbito educativo, hace falta una visión más global.

¿Crees que la educación actual ve al alumno de forma integral?


En absoluto, una parte de los profesores solo ven los contenidos mínimos o máximos que deben alcanzar los alumnos. Esta actitud se ve reforzada por la exigencia de la administración, que lo único que reclama es el número de suspensos y aprobados. Todavía somos pocos los que vemos al alumno como “futura persona” e intentamos dar una visión más holística a la educación y la formación. La educación no puede ser solo intelectual.

¿En qué medida se les prepara para la vida?

Se ha evolucionado. Hay materias como la educación para la ciudadanía que, a pesar del rechazo que ha despertado en algunos sectores, intenta mejorar su formación como ciudadanos. Pero hay mucho trabajo por hacer. No se trata de introducir más asignaturas, sino de que en cada una se incluya una visión más global y, sobre todo, que desde las tutorías se hagan intervenciones específicas. Los adolescentes agradecen este tipo de información y formación porque son conscientes de que carecen de ella, y valoran mucho que se les aporte.

¿Cómo se pueden trabajar estos aspectos?

Desde las tutorías se podrían hacer intervenciones regulares, adaptadas a cada nivel, desde Primaria hasta el final de la Secundaria. Propongo las tutorías porque realizar este trabajo por las tardes es casi imposible, y porque creo que incluirlo en el horario lectivo da un plus de integración en la formación. También me parece importante que se hagan intervenciones parecidas con los padres.

Una educación sin castigos

LIBRO RECOMENDADO

Una educación sin castigos

Artículos relacionados