"El contacto físico tiene efecto en el cerebro del bebé"

ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ GARRIDO

"El contacto físico tiene efecto en el cerebro del bebé"

Entrevistamos a la antropóloga María José Garrido Mayo, autora del libro Etnopediatría: Infancia, biología y cultura (Ob Stare)

Cristina Romero

21 de julio de 2018, 10:20 | Actualizado a

¿Qué significa el término Etnopediatría?

Literalmente, es la ciencia que estudia la salud y la enfermedad de los niños en los diferentes grupos humanos. Analiza, en distintas culturas, cómo influyen los modelos de crianza infantil en el desarrollo y la salud de los niños y de los adultos. Abarca el embarazo, parto, alimentación y lactancia, sueño infantil y grado de contacto físico. La etnopediatría lleva desde los años 90 demostrando que las necesidades infantiles, biológicas y emocionales son las mismas en todas partes y son idénticas desde hace milenios.

La biología no ha cambiado pero la cultura ha sufrido muchas modificaciones por cuestiones económicas, sociales y políticas.

Detrás de los modelos de atención a la infancia de las familias están los valores de una sociedad. No es casualidad que en algunas se fomente la individualidad, la privacidad o la independencia, mientras que en otras la importancia recae en el grupo, en la reciprocidad, la ayuda mutua o la cooperación. La crianza infantil cumple una función social: refleja la estructura de una sociedad y el tipo de ciudadanos que quiere formar, a través de los modelos de maternidad y paternidad. La etnopediatría defiende que es necesario un equilibrio entre la biología y las respuestas culturales, una perspectiva biocultural de la infancia.

Las consecuencias de los distintos tipos de crianza son individuales, en la salud infantil, pero también colectivas, en el grupo. Afecta incluso a la forma de relacionarse entre ellos y con otros grupos humanos. El hecho de que no dejen de aumentar trastornos y enfermedades en la infancia, como el estrés, ansiedad, hiperactividad, déficit de atención, autismo, síndrome de fatiga crónica o los trastornos de comportamiento y de alimentación, que son exclusivos de sociedades industrializadas, así como el grado de medicalización de los niños en nuestra cultura, debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de entender el desarrollo infantil y de respetarlo, cambiando las pautas de atención y cuidado en la infancia.

¿Qué nos cuentas acerca de la importancia del contacto físico madre e hijo?

El contacto físico es una necesidad física y emocional básica para los bebés. Es un factor fundamental para su seguridad afectiva y emocional, aunque los beneficios del contacto físico afectan a todas las áreas: motriz, cognitiva y psicológica.

El contacto físico es la mejor forma de facilitar un apego seguro, que en nuestra especie es de naturaleza adaptativa, ya que nos ha permitido sobrevivir durante la evolución de la humanidad.

Hay numerosos estudios que han reflejado que un vínculo inadecuado predispone a sufrir alteraciones de la personalidad e incluso trastornos mentales.

El apego es tan importante, que influye en la organización del sistema límbico, clave en la gestión de emociones, en el aprendizaje y en la capacidad de adaptación.

El Instituto de Investigación del Tacto, en el que colaboran distintas universidades estadounidenses, ha atestiguado entre los efectos positivos:

  • la reducción de apneas y del síndrome de muerte súbita
  • el aumento de peso en prematuros
  • una mejor resistencia ante las enfermedades
  • así como una estimulación del sistema inmunológico
  • y estados de ánimo más equilibrados, al reducir el estrés.

El cuidado madre canguro, que consiste en contacto piel con piel y lactancia materna:

  • mejora la termorregulación
  • mejora la adaptación metabólica
  • y disminuye las infecciones.

En 2015 una publicación en la revista Pediatrics mostró datos contundentes:

  • el contacto piel con piel reduce un 36% la probabilidad de muerte
  • y disminuye un 47% el riesgo de infección en bebés de menos de 2 kg.

Así mismo, en 2017, otro estudio sobre bebés prematuros y a término concluyó que el contacto físico tiene efecto en el cerebro del recién nacido y en su desarrollo perceptivo, cognitivo y social en el futuro. Así de importante es el contacto físico para el bebé.

¿Somos una sociedad tan violenta porque hemos sido poco tocados?

Aunque pueda parecer exagerado, lo cierto es que existe asociación entre contacto físico y violencia. El estudio del neuropsicólogo James Prescott, que fue director del Instituto Nacional de Salud y Desarrollo infantil de USA, basado en 49 tribus que investigó durante años, demostró que existía una relación directa entre el grado de contacto físico y el nivel de violencia en los grupos humanos. Descubrió que las sociedades que mostraban escaso contacto físico y poca afectividad hacia sus niños, desarrollan mayor grado de violencia en la edad adulta.

En cambio, la agresividad era nula en los grupos humanos que tenían un estrecho contacto físico con sus hijos.

También, desde la neurociencia, se ha asociado la falta de contacto físico con el predominio de la adrenalina que da lugar a tipos de comportamiento más violento: según el neurocientífico Louis Cozolino, cuanto menos protegido esté un niño por sus padres, más agresivo tiene que ser para sobrevivir.

¿Necesitaríamos imaginarnos que nuestro bebé nace inmaduro y nos necesita otros 9 meses más disponibles físicamente, como hacen los canguros?

Así es, el primer año de vida los bebés necesitan, debido a su gran vulnerabilidad, resultado de que nacen prematuros e inmaduros, mucho contacto físico para un correcto desarrollo. Se ha corroborado, desde distintas ciencias (neurobiología, antropología, neuropediatría o neurología perinatal) la necesidad de un periodo de exterogestación, de 9 a 12 meses de duración, tiempo en el que el bebé debe tener unas condiciones lo más similares posibles a su etapa dentro del útero. El motivo es la extrema dependencia del bebé humano que, al nacer de forma prematura, sin haber completado su desarrollo, debe culminarlo después del nacimiento. Las razones son fisiológicas, las consecuencias del proceso de bipedestación y del gran desarrollo cerebral en nuestra especie.

¿Cual es la diferencia durante la primera hora de vida entre un bebé que ha vivido un parto intervenido a otro que ha vivido un nacimiento fisiológico?

La neurobiología en los últimos años está mostrando la complejidad de los mecanismos químicos, hormonales y neurológicos que se producen en el momento del parto. Desde la psiquiatría perinatal, profesionales como Ibone Olza, están estudiando este escenario neuroquímico irrepetible y la necesidad de no alterarlo, de evitar el estrés y el cortisol para que se produzca el apego, la impronta del mundo animal. Para facilitarlo, en un parto respetado la cantidad de hormonas, como la oxitocina y la prolactina, tanto en la madre como en el bebé, son altísimas. Estas hormonas permiten que el bebé esté muy despierto y consiga encontrar el pecho materno, estimulando así el comienzo de la lactancia.

Además, en un parto fisiológico, el bebé entra en contacto con las bacterias de la madre, que colonizan su organismo, protegiéndolo de otras bacterias peligrosas. Incluso la leche materna incluye ciertas sustancias para alimentar a estas bacterias beneficiosas para el bebé. Tras el nacimiento se produce una sincronización de las funciones de ambos, regulando así la temperatura, constantes vitales, función cardiorrespiratoria y niveles de oxigenación.

Por el contrario, en un parto medicalizado, la madre y el bebé suelen tener en su organismo sustancias químicas, como la oxitocina sintética o la anestesia epidural, que impiden segregar oxitocina natural y endorfinas. Los bebés no nacen alerta sino adormilados y la madre, en un alto número de casos, puede tener sentimientos de distancia emocional. La lactancia también se ve afectada, así como la recuperación del parto para la madre, teniendo más predisposición a sufrir depresión posparto.

¿Cada vez las maternidades son más conscientes de la importancia de cuidar el ambiente en el que se desarrolla el parto?

Sin duda, la tendencia en la actualidad en el parto es intervenir lo menos posible y respetar su desarrollo, como proceso fisiológico normal que es, siempre y cuando no surjan complicaciones.

El ambiente influye de forma directa en el estado emocional de la madre, en las hormonas que produce su cerebro y en la respuesta de su sistema inmunológico. Y también en la criatura, puesto que madre y bebé constituyen una unidad neurofisiológica.

Lo paradójico es que las recomendaciones de la OMS sobre el parto normal ya aconsejaban desde 1985 que se redujera el número de intervenciones y denunciaba el alto índice de cesáreas, maniobras de manipulación y episiotomías, entre otras.

En la evolución del parto ha tenido una enorme trascendencia el trabajo que realiza, desde 2003, la asociación El parto es nuestro, formada por madres y profesionales sanitarios, a través de la recopilación de evidencia científica, la concienciación social y el activismo sobre la necesidad de humanizar el parto. De hecho, El parto es nuestro colaboró en la redacción de la Estrategia de atención al parto normal, del Ministerio de Sanidad, vigente en los hospitales en España desde 2007, que ha cambiado la concepción del parto, de ser una patología a entenderse como un proceso fisiológico dentro de la sexualidad humana.

Nuestra sociedad debe invertir en mejorar las condiciones de la maternidad y la infancia, es la mejor forma de fomentar la salud pública, previniendo muchos problemas de salud en el futuro.

Deseamos que tu libro tenga una gran acogida y ayude a comprender mejor las necesidades de la infancia.

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