Esos miedos que nos visitan de noche

SUEÑO INFANTIL

Esos miedos que nos visitan de noche

El niño que se despierta porque está intranquilo o ha tenido una pesadilla se encuentra perdido en la oscuridad y el silencio. Necesita nuestra ayuda para relajarse y conciliar de nuevo el sueño.

Rosa Jové

27 de febrero de 2018, 21:15 | Actualizado a

Llega la hora de acostarse, hemos terminado de leer un cuento a nuestro hijo, y cuando vamos a salir de la habitación, el pequeño nos retiene unos instantes diciéndonos frases como “Deja la puerta abierta”, “No apagues la luz”, “Quédate hasta que me duerma”... Y es que los miedos suelen visitarnos por la noche.

Durante el sueño, los seres humanos somos muy vulnerables. Estamos desprotegidos, sin capacidad de vigilancia ni reacción al peligro. Es por eso que en un momento de inseguridad como ese todos queremos sentirnos amparados. Y es por eso que en los hospitales nos ponen camas para acompañantes, y no porque nuestras madres sean mejores que las enfermeras del turno de noche. Y es por eso que si te pierdes en el bosque, buscas una cueva o una cabaña y no te pones a dormir en medio de un claro. Y si la encuentras, intentas poner tu espalda contra la pared o dormir en un rincón... La noche y los miedos van de la mano. No tenemos más que fijarnos en las películas de terror: casi todo ocurre por la noche.

Nuestros niños son herederos de todo ese bagaje y suelen sentir miedo al acostarse. ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, diferenciar dos tipos de miedos: los que se dan a la hora de acostarse y los que se dan en medio de la noche.

Meterse entre las sábanas

Hay que saber que estos miedos se superan con la edad: no hay ningún adulto que por la noche tenga miedo a los monstruos. Así pues, es cuestión de pasar el período de la mejor forma posible para todos.

Hay padres que prefieren dormir con sus hijos para darles tranquilidad, otros pactan con los menores medidas para que se sientan seguros sin tener que dormir con ellos. Un “Te dejo la luz encendida” o “Si me llamas, vendré enseguida” suele ser suficiente cuando ya son mayores, algo que los bebés no pueden entender.

Ante la duda, intenta ponerte en el lugar de tu hijo: ¿Qué necesita para dormir mejor? Intentar ver la vida a través de los ojos de un niño es vital para comprenderlo.

No se deben malinterpretar sus peticiones; es un pequeño ser humano asustadizo, como lo fuimos todos.

Aunque nadie pueda recordar lo que le pasó o cómo se sintió antes de los dos años, seguramente todos tuvimos miedo alguna noche.

No obstante, si queremos ayudar a nuestros hijos a superar esa fase cuanto antes, solo hay que ayudarles a relacionar sueño con relax. Todos sabemos que para dormir necesitamos estar relajados y que con problemas no nos dormimos. A los niños les ocurre lo mismo. Cuando son pequeños, los padres (mediante nuestra presencia, nuestras canciones de cuna, meciéndolos, etc.) les mostramos el adecuado camino para dormir: buscar algo placentero.

Mientras el niño sea muy pequeño tendremos que ser nosotros los que le demos un repertorio de cosas placenteras para que escoja. Más tarde podrá relajarse solo. Y cuando ya sepa hacerlo, se dormirá sin ayuda.

Créedme, el mejor regalo que se puede hacer a un ser humano es ayudarle a relajarse para dormir: está comprobado que las personas que lo saben hacer sufren menos insomnio.

En plena oscuridad

Los miedos durante el sueño más comunes son las pesadillas y los despertares ansiosos. Si no lo hemos vivido, lo hemos visto muchas veces en las películas: un niño se despierta en medio de la noche empapado en sudor y explica a sus padres que un enorme dragón lo perseguía. Eso es una pesadilla; un sueño desagradable. Algunas veces provoca un despertar. Otras, simplemente se recuerda al día siguiente.

Es muy difícil que antes de los dos años un niño tenga pesadillas tal cual las entendemos los adultos, ya que no habla para poderlas explicar, con lo que tampoco podemos estar seguros de cuál es el motivo por el que se despierta agitado. También hay autores que ponen en entredicho que antes de esta edad un niño tenga una imaginación capaz de elaborar una pesadilla.

Sea como sea, las pesadillas son alteraciones benignas que se pasan con la edad, aunque nos van a acompañar toda la vida. Los niños suelen tenerlas más que los adultos –ya hemos explicado que son más vulnerables al miedo–, pero todos los adultos vamos a tener alguna pesadilla algún día. Por lo tanto, lo único que hay que hacer es tranquilizar al niño, que es lo que se ha hecho siempre, y darle seguridad y calmarlo para que pueda conciliar el sueño y seguir durmiendo.

Cuando los padres acuden a un profesional para consultar sobre pesadillas no es porque su hijo las tenga de vez en cuando, sino porque, o bien las tiene prácticamente todas las noches, o bien el sueño es de temática repetitiva: siempre es el mismo o muy parecido. En estos casos, la alteración benigna que decíamos antes ya no es tan benigna, sino que suele enmascarar otros trastornos infantiles más importantes, que pueden ir desde la manifestación de su ansiedad –el niño lo está pasando mal en el colegio– a llegar incluso a ser un predictor de posibles malos tratos.

La mayoría de pesadillas se deben a que el niño tiene una pizca de estrés o ansiedad. Algunos autores explican que hay períodos críticos en que los niños son más susceptibles a tener ansiedad (la entrada en la guardería, la llegada de un hermanito, la retirada del chupete...). Si en esos momentos recibe nuestro apoyo y comprensión, todo quedará en una inquietud pasajera; pero si no se soluciona, dará lugar a verdaderas manifestaciones ansiógenas, como las pesadillas.

Lo mejor sería averiguar qué le pone así y solucionarlo. Cuando no hablan es difícil, pero si son mayorcitos, un “¿Cómo te ha ido el día?” nos puede dar pistas.

Los padres somos fuente de tranquilidad para los niños: si no sabes qué le pasa, prueba a estar más tiempo con él, que eso tranquiliza mucho.

El sueño inquieto y los despertares por ansiedad

Puede haber alguna noche que tu hijo se despierte angustiado, pero no haya tenido ninguna pesadilla. Solo está intranquilo y asustado por haberse despertado en medio de la noche. Suele pasar un ratito despierto (entre media hora y una hora) y luego se duerme como si nada.

Estos despertares suelen ser un indicador de un estado de ansiedad latente en el niño. Si tú vas a tu médico de cabecera y le explicas que al cabo de tres o cuatro horas de haberte dormido te despiertas sin saber por qué y te pasas un buen rato sin poder conciliar el sueño, seguramente saldrás de la consulta con la receta de un ansiolítico en el bolsillo, ya que este tipo de despertares es típico del estrés.

Los adultos podemos eliminar el estrés de muchas formas: vamos al gimnasio, quedamos para tomar un café con una amiga para explicarle nuestros problemas... Pero los niños no pueden hacerlo –y menos cuando realmente lo necesitan–, porque a lo mejor a sus padres no les va bien ponerse a jugar en un momento determinado, o no entienden qué se esconde detrás de la extraña petición de ir al parque infantil a las nueve de la noche.

El hecho de no tener una vía de escape durante el día hará que el niño se despierte por la noche y permanezca un rato despierto y asustado porque no sabe por qué se ha despertado ni qué le pasa. No es una pesadilla lo que le despierta, simplemente abre los ojos en medio de la noche y se asusta de lo extraño de este hecho.

La ansiedad y la tensión pueden llevar a los niños a tener un sueño nocturno muy intranquilo.

Aligerar su vida de tensiones innecesarias

El principal objetivo es lograr que sus días sean lo más felices y tranquilos posible.

  • No siempre es fácil, pero intenta averiguar qué puede causar la ansiedad y elimínalo.
  • Intentad buscar alguna actividad durante el día para que el niño pueda hacer libremente lo que más le guste, descargando tensiones (en los adultos, eso se llama tener un hobby). El niño debería poder elegir libremente sin estar inducido por los padres.
  • Si tu hijo se despierta por la noche y se pone a llorar desconsoladamente, acude al instante: cógelo, acúnalo, tranquilízalo y vuélvelo a acostar cuando esté calmado.
  • Cuanto más rápido lo atiendas, más corto será el rato que necesitará para calmarse y volverse a dormir.

Acostarse tranquilo

  • Ayudadle a relacionar sueño y relax. Cuando es un bebé, eso implica procurarle bienestar (mecerlo, acariciarlo, cantarle, más adelante contarle un cuento...) para que se duerma tranquilo.
  • Mientras no sepa relajarse solo, tratemos que se sienta seguro y vea el momento de dormir como algo placentero. Dejar una luz encendida, hacerle compañía hasta que se duerma o dormir con nosotros le puede ayudar.
  • Recuerda: el miedo es normal y se pasa con la edad. No te preocupes por si tu hijo tiene miedo por la noche, preocúpate de que pase unas noches felices.

Cómo vencer las pesadillas

  • Siempre hay que acudir a tranquilizarlo. Quien ha tenido una pesadilla sabe lo terrible que es no tener a nadie que te consuele.
  • Evitad quitar importancia a lo que ha sucedido. Para el niño la pesadilla ha sido real. Ellos no quieren oír un “Ha sido una tontería”, sino un “Estamos a tu lado en este momento tan duro para ti” (con palabras adecuadas a su edad, claro).
  • Si el sueño es de temática repetitiva y el niño tiene más de cuatro años, entre los dos podéis inventar un final alternativo y feliz: el dragón que lo persigue desaparece por arte de magia... o se convierte en su amigo.
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