Hoy nos quedamos en casa

CRIANZA

Hoy nos quedamos en casa

A salvo del invierno y las tardes prematuramente oscuras, los niños también pueden pasarlo bien.

Laura Gutman

20 de octubre de 2018, 07:00 | Actualizado a

Hace cada vez más frío. Durante las tardes o los días de fiesta, no hay escuelas.

Los adultos a veces tenemos que trabajar y los niños se quedan en casa con energía suficiente para escalar montañas.

Ante este panorama, debemos planear actividades que los niños puedan realizar dentro de casa y que sean suficientemente creativas.

Esto requiere más dedicación por nuestra parte: cuando el clima es bueno, un paseo resuelve la organización de una jornada; pero con frío, lluvia o viento no siempre podemos encarar la diversión saliendo de casa.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, sepamos que los niños necesitan a un adulto que esté disponible para ellos. Eso significa que alguien dedicado a las tareas domésticas –“ya que está en casa, también los cuida”– no sirve.

Este supuesto suele terminar con los niños mirando la tele y, al final, peleándose, hastiados de pasar la jornada sin haber hecho nada interesante.

Sepamos que si hay niños en casa –y los padres trabajamos–, tendremos que pensar en encontrar a alguien responsable que afectivamente se ocupe de ellos.

Luego daremos instrucciones precisas a esa persona, aportándole ideas para realizar distintas actividades durante la semana:

  • un día dedicado a las manualidades
  • otro día a escuchar música, bailar, cantar e inventar canciones
  • otro día a limpiar la habitación de los niños como si fuera un juego, encontrando juguetes olvidados, ordenando puzzles y disfrazándose con ropa que ya no les cabe
  • otro día cocinando juntos, también jugando, sin prisas ni obligación de obtener resultados.

Así, los niños irán “habitando” el hogar con sus propias actividades y atravesarán sus días con mayor armonía.

Es interesante notar que permitimos que los niños jueguen mucho con el agua en verano, pero nos olvidamos del agua en invierno. Sin embargo, el agua siempre es un excelente vehículo entre los niños y el medio que los rodea. El agua también los conecta, los tranquiliza, los alinea.

Por eso, aún en invierno -mientras las casas estén climatizadas-, recordemos llenar la bañera en algún momento del día, o permitirles jugar un rato con algún cacharro con agua tibia, donde puedan mojar sus juguetes, bañar a sus muñecas o hacer navegar a sus barcos.

Y si los niños se salpican, no pasa nada. Les cambiaremos la ropa más tarde. Es sólo agua.