Padre real

UNA NUEVA PATERNIDAD

¿Le pedimos que sea un padre ideal o un padre real?

Los hombres están hoy ante la difícil tarea de ofrecernos comprensión, ayuda, empatía. Algo que antiguamente era labor de todo un grupo.

Laura Gutman

22 de octubre de 2017, 07:00 | Actualizado a

Hablar de ideales es frustrante, porque el ideal se parece poco y nada a nuestra realidad cotidiana. En esta vida no nos hemos casado con el Príncipe Azul, pero resulta que nosotras no somos ni por asomo una doncella dorada. O sea, hablemos de verdad sobre lo que nos pasa, qué necesitamos, qué es legítimo pedir, qué situaciones hemos contribuido a organizar y qué estamos dispuestas a ofrecer.

También es necesario dejar en claro que, posiblemente, la familia nuclear sea el peor sistema inventado para criar niños, por lo tanto es lógico que varones y mujeres nos sintamos perdidos, desesperanzados, traicionados e incrédulos frente a lo que la presencia de un recién nacido ha generado en nosotros.

Una labor compartida

Posiblemente, el ser humano ha sido diseñado para vivir en manadas. Las sociedades se han organizado históricamente en tribus, aldeas o pueblos con diferentes niveles de intercambio. La crianza de los niños ha sido, en la mayoría de las conformaciones sociales, un hecho compartido entre varios. Raramente fue competencia de una sola persona o de dos. La pareja parental como única responsable por el devenir de los hijos, tal como la concebimos hoy en día, es relativamente nueva en términos históricos. Quizás nuestra situación individual o familiar nos resulte menos dramática si lo miramos desde esta perspectiva. Actualmente no se facilitan las cosas a ningún matrimonio convertido en felices padres de un recién nacido.

Hecha esta aclaración, es necesario recalcar también que cuando un niño nace necesita toda la disponibilidad emocional de la madre, quien dirigirá sus virtudes, su creatividad y sus esfuerzos hacia la satisfacción de las necesidades básicas de la criatura. Por lo tanto, la madre necesitará ayuda a su vez. Sola no será capaz de tamaña aventura, porque todo lo que tiene lo brinda al niño.

Necesidades reales

Así planteado el hecho, es evidente que toda madre necesita el sostén, el acompañamiento, la solidaridad, la comprensión y la compañía de otros miembros de su tribu. Pero claro, en el mundo occidental, y especialmente en las grandes ciudades, nos hemos quedado sin ella. Entonces miramos alrededor y a quien tenemos a nuestro lado es al hombre que duerme en nuestra cama. Suponemos entonces que toda la compañía, la comprensión, la ayuda, la disponibilidad y la empatía que nos hubiera ofrecido toda una tribu se concentran en una sola persona: el padre de nuestro hijo.

Por eso, una cosa es lo que las madres necesitamos y otra es lo que un solo individuo puede ofrecer, reemplazando los roles de muchos.

Veamos qué necesita una madre reciente para estar en buenas condiciones para criar a su hijo:

  1. Alguien que permita, facilite y defienda la fusión, la entrega y la permanencia de la madre con su bebé; para que ésta pueda despojarse de todas las preocupaciones materiales y mundanas. La madre precisa tener delegadas todas las tareas que no son imprescindibles para la supervivencia del niño; es decir, todo lo que no se refiere a amamantar, acunar, calmar, higienizar, alimentar y sostener al recién nacido. En cambio, las tareas domésticas, el cuidado de hijos mayores, la organización del hogar, el dinero, los conflictos con otras personas, las relaciones familiares, la salida al mundo y las decisiones mentales deben ser resueltas por otros.
  2. Alguien que la defienda del mundo exterior, de todos los consejos, las críticas, los sermones que circulan acerca de lo que “hay que hacer” con el bebé. Alguien que pueda resguardar el nido, constituirse en una fuerte muralla entre el mundo interno y el mundo externo, para que la madre pueda disponer de suficiente silencio e intimidad.
  3. Alguien que provea lo necesario en alimento, confort y tranquilidad.
  4. Alguien que apoye activamente la introspección de la madre, permitiendo que ésta confíe en su proceso interno, aun sin lograr comprender racionalmente lo que le pasa.
  5. Alguien que proteja a la madre y al niño, especialmente en el aspecto económico, tomando decisiones, buscando la ayuda necesaria, organizando el funcionamiento familiar cotidiano y resolviendo cuestiones del mundo material.
  6. Alguien que acepte a la mujer convertida en madre, porque lo esencial en este período es no cuestionar las decisiones o intuiciones sutiles de la madre, que surgen como torbellinos incontrolables respondiendo al viaje interior en el cual está embarcada. La madre no podrá tolerar a las personas que se constituyan en enemigos de las sensaciones ilógicas, dando continuos consejos, discutiendo las mínimas decisiones sobre cómo coger al bebé, alimentarlo o dormirlo. No es tiempo de discusión. Es tiempo de aceptación y observación. Es tiempo de contemplación sobre “cómo suceden las cosas”.

Queda claro entonces que esta tarea es titánica. Porque se trata de estar “al servicio” de las necesidades de la madre, que, a su vez, tiene que estar al servicio de las necesidades del bebé. Puede parecer un rol un tanto frustrante, porque no hay nada muy visible ni que merezca ruidosos aplausos.

Sin embargo, para apoyar la crianza de un niño, lo más útil es sostener a la madre.

Pensamiento práctico

Para ello es necesario permanecer apenas un poco afuera del caos emocional, ya que se necesita a alguien que mantenga su estructura psíquica intacta, sosteniendo el mundo material, para que la madre no se vea obligada a abandonar el mundo sutil en el que está sumergida. Nadie más está obligado a maternar, pero en cambio se necesitan muchos “otros” para sostener a la madre en su rol de maternaje.

Hasta ahora hemos hablado de “alguien”, de “tribu” y de “otros”. Porque la tarea de sostener la vorágine de sensaciones novedosas para la madre es muy compleja. Ahora bien, abordando nuestra realidad cotidiana, y dentro del esquema de las familias nucleares, las mujeres solemos pedir todo lo que necesitamos a nuestra pareja. Obviamente, la mayoría de los hombres se ven imposibilitados de responder, al mismo tiempo que las mujeres nos sentimos insatisfechas y perdidas.

Apoyo emocional

Hoy en día los hombres y las mujeres ignoramos casi todo sobre la necesidad imperiosa de sostener emocionalmente a una madre reciente, arribando a esta realidad con altos niveles de orfandad afectiva. Cuanto más emocionalmente huérfanos hayamos crecido, más dificultades encontraremos unos para proteger y sostener a la madre, y otros para poder sostener al niño.

Convertirse en una pareja de padres va a requerir entonces un sinceramiento respecto a nuestros recursos, teniendo en cuenta que somos sólo dos personas, y nada más que dos. Estaremos obligados a dialogar entre nosotros. Por un lado tendremos que reconocer con qué contamos para cuidar de los demás. También tendremos que revisar los niveles de madurez emocional, las necesidades personales no satisfechas y las pretensiones que hemos construido fantasiosamente sobre los otros. Por último, tendremos que hacer demandas concretas y estar dispuestos a comprender al otro en caso que no pueda satisfacernos.

Palabras sinceras

El diálogo y la honestidad con la que encaremos la dificultad de vivir en tiempos de crianza de los niños pequeños van a constituir la base de una convivencia armoniosa. Por otra parte, encontrarnos con nuestras verdaderas limitaciones nos va a permitir pedir ayuda externa a ambos.

Si nos damos cuenta de que tanto las madres como los padres estamos demasiado solos en la compleja tarea de criar a nuestros hijos, tal vez nos tratemos un poco mejor en lugar de pretender que los demás sean los responsables de todo lo que nos pasa. Cuando no nos comprendemos suponemos que las cosas se solucionarían si alguien regresara más temprano a casa, si alguien cambiara los pañales en nuestro lugar o si alguien ganara más dinero. La realidad es que los roles maternos y paternos no pasan por ahí, sino por la capacidad de comprendernos más y mejor, por dialogar siempre y en toda circunstancia, y preguntarnos unos a otros cada día: “¿Qué necesitas de mí, hoy?”.


Desde el punto de vista femenino

  • Antes del nacimiento del niño nunca imaginamos que pasar tantas horas a solas con él sería agotador e imposible de sostener. Tratemos de estar acompañadas. No es indispensable que sea el hombre quien nos acompañe todo el tiempo.
  • Es posible que nos sintamos frustradas porque nuestra vida personal se disuelve mientras la de la pareja sigue su curso. Centrémonos en qué tipo de ayuda necesitamos y liberemos al varón de nuestras envidias.
  • Si nos sentimos solas, pidámosle un beso o una palabra de aliento en lugar de quejarnos porque no se ocupa del bebé.
  • Cuando él está junto a nosotras, conversemos a cerca de lo que nos está sucediendo, en lugar de confeccionar una lista de reclamaciones.
  • Intentemos que, cuando regrese, la casa sea un lugar de encuentro y no una prisión de la que desee escapar
  • Preguntémosle que necesita hoy de nosotras.

Desde el punto de vista masculino

  • Si nos sentimos rechazados por nuestra mujer, no la acusemos ni la amenacemos con abandonarla.
  • En nuestro afán por acercarnos, no lo intentemos a través del reclamo sexual, sino a través del diálogo y la intención de comprenderla.
  • Acompañemos sus sentimientos más profundos sin desmerecerla ni humillarla.
  • Hablemos abiertamente con otros varones sobre lo que nos está ocurriendo.
  • Aliviemos las tareas rutinarias aportando no sólo ayuda, sino también trayendo bocanadas de aire fresco al hogar.
  • Reconozcamos el esfuerzo que está haciendo a favor del hijo en común.
  • Preguntémosle sinceramente qué es lo que necesita hoy de nosotros.

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