primeros dias del bebe cuadrado

Preocupaciones iniciales

Los primeros días del bebé: dudas frecuentes

La evolución de su peso, el cuidado del cordón o las manchas en la piel son temas que angustian a los nuevos padres. Superar los miedos es cuestión de tiempo

Dr. Luis Ruiz

18 de abril de 2016, 16:05 | Actualizado a

Ese pequeño bebé que tenemos entre nuestros brazos, de piel suave pero algo arrugada, que dormita y respira en silencio , sus puños apretados y sus piernas todavía encogidas; ese bebé que nos ofrece su calor mientras busca nuestro cuerpo por fin está aquí tras nueve largos meses de espera.

Ya podemos cogerlo y sentirlo. Se parece a su padre dicen unos, a su madre dicen otros. Algunos afirman que tiene la misma cara que su abuela o su abuelo. En cierto modo, todos tienen razón: el bebé se parece a todos ellos. De todos tiene cosas que aprender y rasgos físicos que los cromosomas le han transmitido.

¿Qué ocurre en los primeros días del recién nacido?

Hoy en día, con las familias aisladas, descubrir esos rasgos adquiere más importancia. El aprendizaje que se producía antes de forma directa viendo lo que los mayores de la familia hacían ha dejado de ser una forma importante de enseñanza... Eso ocurre muchas veces con la crianza. Algunas abuelas actuales no tuvieron ese aprendizaje porque fueron las primeras feministas que lucharon por los derechos de la mujer y la igualdad con los hombres, por tener una vida profesional plena y gratificante.

Los padres de hoy tienen ganas de disfrutar con su recién nacido, pero no han tocado o visto nunca ninguno

Por otra parte, las madres y los padres de hoy, con estudios superiores y universitarios en muchas ocasiones, no se han formado de manera espontánea en la crianza y no han tenido tiempo ni posibilidades de tener un bebé en brazos antes de que llegue el suyo. Esto plantea situaciones de estrés en unas personas que, sorprendentemente, están habituadas a solventar problemas y gestionar crisis de forma rápida y eficaz en su día a día.

Cuando llega el bebé surge el primer problema: no tiene manual de instrucciones, le falta el botón de apagado y encendido tan útil en los ordenadores. Así es que nos encontramos a unos padres con ganas de disfrutar con su recién nacido, pero que no han tocado o visto nunca ninguno –quizás el de algún compañero de trabajo o el de unos amigos, pero de visita–, que necesitan información, que leen todo lo que cae en sus manos, y que cuando lo intentan aplicar a la vida real se dan cuenta de que eso es otra cosa. Además, al igual que todos en la familia quieren que el recién nacido se les parezca, todos opinan sobre qué es lo mejor y qué está bien o está mal.

Están llenos de sorpresas

Vamos a detenernos en las cosas que hay que saber cuando se tiene un recién nacido... pero sabiendo las posibles limitaciones. La maestría en la crianza la adquieren los padres con su propia experiencia. Pero la información correcta y veraz sobre las diferentes opciones es fundamental. Los recién nacidos no son pequeños sacos de carne frágiles y débiles, envueltos en ropas bonitas y bien cuidados. Son seres vivos que saben hacer muchas más cosas de las que imaginamos: pueden ver y distinguir una cara humana de otra forma parecida, identifican a su madre por su olor, pueden oír y reconocer sonidos que han oído anteriormente, incluso pueden llegar a rechazar el pecho de su madre porque ésta se lo ha lavado previamente, y el olor a jabón le desconcierta.

Un bebé es capaz de hacer todas estas cosas y muchas más. Y, si las desconocemos, nos las podemos perder. Cuando los profesionales de la salud las comentamos a los padres, muchos nos dicen: “¡Es verdad! Ayer me miraba fijamente y me seguía con los ojos, pero como los bebés no ven, creí que lo imaginaba”. O: “Me puse a hacerle carantoñas y al sacarle la lengua me di cuenta de que cada vez que yo la sacaba, él hacía lo mismo. Pero eso no puede ser, ¿no?”. En su libro Su sorprendente recién nacido, Marshall y Phyllis Klaus explican que no solo es posible, sino que es muy divertido jugar con un bebé de pocas semanas.

Un ambiente adecuado

El instinto nos lleva a proteger a nuestros hijos, pero ellos también saben cómo defenderse. Es verdad que los recién nacidos son más sensibles que nosotros a los cambios de temperatura, porque están acabando de madurar sus mecanismos de regulación y gastan mucha más energía para mantener la temperatura: la capa de grasa que les ayuda a mantenerla es menor y la superficie corporal relativa, mucho mayor... Pero debemos ser conscientes de que son más sensibles no solo al frío sino también al calor, porque la menor producción de sudor aumenta el riesgo de exceso de temperatura.

Los bebés responden mediante el llanto tanto al exceso como a una disminución de la temperatura ambiente

Seguramente, muchos lloros y angustias maternas, muchas horas sin poder dormir por las noches, pensamientos injustificados –como que no tenemos suficiente leche o que la que tenemos no le alimenta–... se podrían evitar simplemente quitando un poco de ropa al bebé, porque entre su ropa y la de la cama lo más probable es que tenga calor, y lo exprese llorando y despertándose porque tiene sed.

Con calefactores y calefacciones en todas las casas, y una temperatura ambiente alrededor de los 21 grados centígrados, el bebé debería llevar el mismo número de capas de ropa que sus padres. Si el padre es friolero y la madre calurosa, comprobaréis a cuál de los dos se parece más quitándole o poniéndole ropa. Con la llegada del verano este exceso de abrigo se ve con mucha frecuencia tanto en lactantes como en niños pequeños.

Obsesionados con la báscula

Que no pase hambre. Ésta es otra de las preocupaciones que los padres novatos tenemos con mucha frecuencia. De entrada debemos aclarar que el hambre que va a satisfacerse no es hambre, sino necesidad de comer. La palabra hambre la asociamos rápidamente a las penurias que sufrieron algunos de nuestros padres y abuelos en los años 40. Pero el recién nacido no pasa hambre, tiene necesidad de comer. Y nosotros satisfacemos esta necesidad poniéndolo al pecho y dejando que la naturaleza haga el resto. Posiblemente hemos sobrevalorado los parámetros que indican una falta de alimentación y se ha creado una cultura general sobre “la falta de” más que valorar la normalidad. Si el bebé hace pipís cuatro o cinco veces al día y las deposiciones son blandas –aunque no sean diarias–, está contento, se despierta por sí solo para comer, sonríe, sigue con la mirada, está tranquilo y despierto, y crece normalmente, no tenemos que angustiarnos más.

Hay una cultura general sobre “la falta de” más que valorar la normalidad. Si está contento, no hay que angustiarse

“¡Pero si tiene que aumentar “n” gramos cada día! ¿No es así?”. Los pediatras comprobamos frecuentemente que todo lo relacionado con el peso genera angustia en muchos padres. Seguramente ha de aumentar “n” cada día, ¡pero si lo pesáramos diariamente nos volveríamos locos! Por este motivo, dejad que vuestra pediatra o enfermera de pediatría se encarguen de valorar esos parámetros mensualmente –o como indique el calendario de control del niño sano que existe en todas la autonomías– y dedicaros a dar el pecho y a disfrutar de vuestro bebé.

Las cifras de crecimiento y engorde diario, mensual y trimestral de nuestros hijos hay que compararlas con las nuevas tablas que ha publicado recientemente la Organización Mundial de la Salud que, sin influencias comerciales, sorprenderán a muchos padres y madres. Todos los profesionales sanitarios deberíamos guiarnos por ellas y manejarlas únicamente como sistema de control, y no para que los padres se asusten porque sus hijos siguen unas u otras líneas que están dentro de lo normal, es decir, entre los percentiles 3 y 97 de las curvas. Lo que cabría esperar.

Alimentación: tu leche, lo único que necesita

“Tienes que darle agua”. “Yo sé de un niño que se deshidrató”. Sin lugar a dudas, todas las personas necesitamos tomar agua, ya que la mayor parte de nuestro organismo está compuesto por este líquido. En los recién nacidos la proporción es aún mayor que en los adultos.

Cuando nacen esta relación se regula, y es una de las razones de la pérdida de peso que los bebés recién nacidos pueden tener de forma natural durante los primeros días. Esta pérdida no debe ser mayor al 10% del peso del nacimiento. Si el bebé mama correctamente desde el primer día, la merma es mucho menor y recupera el peso del nacimiento antes. En cualquier caso, el bebé que, como hemos comentado antes, moja sus pañales cuatro o cinco veces al día es que tiene suficiente agua. Si no la tomara no podría producir orina.

Un cuerpo muy sensible

La piel del recién nacido está completamente formada, pero las estructuras inmaduras (dermis y epidermis) son muy frágiles, y a la menor fricción pueden aparecer vesículas o lesiones. Como tienen una menor producción de melanina –el pigmento oscuro de la piel–, su susceptibilidad a la luz solar es mayor. En ocasiones, la retención del sudor en las glándulas provoca unas lesiones llamadas sudamina –unos granos del tamaño de una cabeza de alfiler –, que se incrementan si la temperatura ambiente es muy alta.

Es recomendable que la piel de los bebés esté muy hidratada. Si se le baña todos los días, no es preciso usar el jabón en cada ocasión. A veces los niños nacen con una mancha en la parte baja de la espalda. Es la llamada mancha mongólica, negruzca, como un morado, y se debe a un acúmulo de melanina. Esta mancha es benigna y no tiene relación con ningún tipo de enfermedad o síndrome.

Si se le baña todos los días, no es preciso usar jabón en cada ocasión. La piel de los bebés debe estar muy hidratada

Otro tipo de mancha que llama la atención son los angiomas, de color rojo oscuro, que suelen desaparecer con el tiempo por sí solas. Son dilataciones de los vasos sanguíneos de forma irregular que pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo.

Temor a dañarle

Cortar las uñas a un niño tan pequeño es una actividad que genera mucho estrés a los padres. En general, no reparan en ello hasta que se ven en la necesidad de hacerlo, generalmente cuando ya están instalados en casa. El temor a cortarle el dedo con la tijera, doblárselo o cualquier otro incidente imaginario, impide que se animen a cortar esas uñas que siguen creciendo y ocasionando que el bebé se arañe. Los bebés nacen con las uñas largas. En el hospital se las cortan, pero al llegar a casa no tardan en volver a crecer. Lo primero que necesitan los padres son unas tijeras para bebés y, después, observar el momento más oportuno para realizar esta acción sin dificultades añadidas a sus miedos. Las uñas de los recién nacidos son blandas, pero de igual forma arañan.

Son como papel; incluso a veces se adhieren a la piel de los dedos y no notamos que están crecidas. Cortarlas será una tarea fácil si se usan tijeras especialmente especialmente diseñadas para bebés, pequeñitas y de punta redondeada. Pero aun así, deberán tener ciertas precauciones para evitar accidentes: hacerlo cuando el bebé esté dormido –ya que despierto, con la movilidad incontrolada que tiene, podría hacerse daño–, no cortarlas muy a ras, y presionar suavemente la yema del dedo para cortar sólo la parte que sobresale.

El cuidado del cordón

El ombligo es la cicatriz, el recuerdo del cordón umbilical que ha unido a madre e hijo durante nueve meses. Cómo curarlo correctamente es otro de los temas que con frecuencia angustia a las mares y padres noveles.

  • Se va a secar y caer espontáneamente aunque no hagamos nada.
  • Hay que vigilar que el proceso de secado sea continuo.
  • En ocasiones, el cordón tarda más de un mes en caer, pero habitualmente lo hace antes de que hayan pasado 15 días.
  • Hay que ir comprobando su aspecto a diario.
  • Un olor extraño o un enrojecimiento podría indicar una infección.
  • A veces, en el momento de caer puede producirse un poquito de sangre. Estas “pérdidas” son escasas aunque muy aparatosas.
  • Conviene aprovechar el cambio del pañal para que se airee la zona.
  • Los padres deben lavarse las manos con agua y jabón antes de curarlo.
  • Ante cualquier duda, lo mejor es acudir al pediatra.

En constante crecimiento

  • Sus huesos son muy flexibles, aunque durante el primer año se vuelven más duros por el proceso de calcificación.
  • Los de la cabeza no están soldados entre sí. Se nota la fontanela situada en la parte antero superior y, en ocasiones, la occipital en la parte posterior.
  • A veces algunas líneas entre los huesos se marcan más que otras. Son las suturas que no están unidas y permiten que la cabeza crezca.
  • Estos orificios se pueden encontrar hasta los 18 meses. Si se cierran muy pronto y no se notan hay que comentarlo con el pediatra para que lo valore.

Cambios en su aspecto

El cabello de los bebés es muy variable: en ocasiones es tieso y fuerte; en otras, débil y lacio. Este pelo de nacimiento,que en algunos bebés es muy abundante, desaparece progresivamente, aunque en ocasiones se puede perder de forma brusca hacia los tres meses de edad.

Después vuelve a salir sin problemas. Sin embargo, esta circunstancia suele ser motivo de preocupación, sobre todo si la madre también está perdiendo cabello: las angustias y fantasmas sobre una mala nutrición, tanto la suya como la de su hijo a través del pecho, reaparecen. No hay que preocuparse. Es un proceso natural causado por la disminución de progesterona que, de forma natural, sufren las madres después de nacer su bebé y desaparecer la placenta.

Imágenes inesperadas

  • Algunos recién nacidos de ambos sexos presentan un engrosamiento de las glándulas mamarias. La causa es el paso de hormonas de la madre a través del cordón umbilical.
  • A veces pueden producir leche, que sale al apretarlos. No hay que seguir la antigua costumbre de eliminarla, ya que pueden producirse infecciones. Puede durar hasta los tres años sin mayor importancia médica.
  • En algunas niñas ese paso de hormonas maternas provoca un mayor engrosamiento de los labios en la vulva y, en ocasiones, una pequeña pérdida de sangre.

Seguridad y confianza

No te presiones ni te obligues a seguir al pie de la letra todas las recomendaciones. Cada bebé es un ser con personalidad propia. Poco a poco os iréis conociendo y se mantendrá ese vínculo tan especial que se inició cuando estaba creciendo dentro de ti. Cuando unos padres recientes llegan con su primer hijo a la consulta lo primero que se debería intentar es darles autonomía. Vosotros sois los papás de ese pequeño bebé y quienes debéis criarlo. Los consejos y sugerencias, así como la información que recibáis, os ayudarán a lograrlo.

Por otra parte, en los genitales de los niños puede darse una fimosis, que ocurre de forma natural y que no hay que tratar sistemáticamente. Algunos niños pueden tener agua en la bolsa testicular. Se trata de un trastorno llamado hidrocele. Llama mucho la atención porque los genitales son muy voluminosos y blandos al tacto. Suele desaparecer en los primeros meses de vida.