Métodos de relajación con niños

SLOWPARENTING

Métodos de relajación con niños

Mantener el organismo sin tensiones favorece su mejor funcionamiento. Y nosotros, desde el primer día, podemos ayudar a nuestros hijos a relajarse.

Anna Maria Obradors

2 de septiembre de 2018, 16:38 | Actualizado a

Existen diversas técnicas de relajación y cada persona debe escoger la que mejor se adapte a su condición. El yoga, la reflexología, el masaje, algunos juegos, son algunas de las opciones que podemos elegir, incluso para niños.

Ante todo, debemos preguntarnos cuál es el motivo por el que el niño está angustiado, irritable o más nervioso de lo habitual. Es decir, primero hay que remediar la causa y, luego, potenciar el estado de bienestar.

Pensemos en el caso de un niño de cinco años que está celoso de su nuevo hermanito. Evidentemente, no podemos “devolver” al hermano, el motivo real de su nerviosismo, angustia y rebeldía, pero con una sesión de relax no será suficiente. Al aplicar la técnica de relajación es-tamos dando un espacio único al niño, al que debemos de animar a hablar de sus emociones: de qué siente y de cómo se siente, para que pueda sentirse atendido, escuchado y mimado a pesar de su situación cambiante. Automáticamente empezará a relajarse.

Además de tener en cuenta el motivo que desencadena el estrés, habría que seguir unos pasos previos:

  1. Preguntarnos cómo nos sentimos. No podemos pretender relajar si nosotros no estamos relajados. Unos ejercicios de respiración profunda y pensar “cuál es mi objetivo o pretensión” nos puede resultar de ayuda.
  2. Observar el entorno. Antes de empezar deberíamos suavizar el ambiente. La luz poco brillante o intensa, la voz y la manera de expresar con el cuerpo son fundamentales. Una música suave puede ser muy útil.

Muchas posibilidades

Un bebé puede relajarse con un baño de agua a temperatura corporal y un masaje con aceite de almendras, de movimientos profundos y lentos, siempre y cuando no tenga sueño o hambre.

La reflexología también se puede aplicar, insistiendo en la zona refleja del punto por excelencia donde se acumulan tensiones: el plexo solar, situado entre el ombligo y el pecho.

Jugar y hacer reír a un lactante es una maravillosa forma de destensionarlo, a él y a nosotros mismos.

También puede ayudar un paseo tranquilo, hablándole pausadamente o cantándole.

Siempre hay que cuidar el ambiente: colores y olores suaves, luces no estridentes y música no excitante. Muchas veces podemos aplicar técnicas simultáneamente, por lo que el efecto será más rápido y mejor.

En niños mayores, además, es importante propiciar que expresen cómo se sienten, verbalmente y con su cuerpo, mientras aplicamos la técnica elegida.

En movimiento

El juego puede ser nuestro gran aliado: hinchar globos para hacernos un masaje –en la espalda, en la cabeza, en la barriga...– con pequeños golpecitos, como si lloviera, ayudará, además, a oxigenar la sangre, y eliminar toxinas.

Hacer gimnasia y estiramientos en el suelo jugando a ser gatos, perros, serpientes, pájaros... explicándolos y haciendo notar qué pasa en cada parte del cuerpo que utilizamos, también ayudará al niño a aprender cómo es su cuerpo, a percibir si está “flojo” o “duro” –es decir, si está tensionado o relajado–. Es importante que los hagamos con ellos y los observemos bien, ya que con su cuerpo pueden transmitirnos mucha información, de las zonas del cuerpo más tensas que necesitan liberar tensión.

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