No siempre llora por cólicos

LLANTO DEL BEBÉ

No siempre llora por cólicos

El bebé llora desconsoladamente, y parece que no hay nada que pueda calmarle. Si queremos ayudarlo, lo mejor es tenerlo cerca.

Luis Ruiz

16 de marzo de 2018, 11:15 | Actualizado a

El llanto de un bebé nos afecta profundamente. Nos llega a producir tal angustia que nos sentimos forzados a hacer algo, lo que sea, con tal de calmarle. La naturaleza así lo tiene previsto, muy sabiamente, para asegurarse la atención a las necesidades de esa criatura vulnerable.

Si a esa necesidad imperiosa de calmar al bebé, le sumamos el hecho de que no sabemos cuál es la causa de sus lágrimas, la situación no puede ser más estresante. O sí. Cuando somos padres novatos aún nos sentimos peor porque todo el mundo nos dice que hay cosas que no hacemos bien, que sería mejor que las hiciéramos así o que dejáramos de hacerlas...

Muchos consejos, y muchas veces contradictorios.

Probamos, hacemos y deshacemos, pero el bebé sigue llorando y nosotros nos seguimos desesperando. Y al final, pensamos que tiene una enfermedad: no es normal que llore tanto y nada lo calme. Vamos al médico y allí creemos que se acaban todos nuestros males cuando el pediatra afirma que el niño tiene cólico del primer trimestre.

¡Qué bien! Ya sabemos lo que tiene. ¿Podemos estar tranquilos? Pero, ¿qué es eso del cólico? ¿Son los cólicos algo que se puede prevenir o es una situación definitiva que vamos a tener que aguantar?

¿Tienen relación con el carácter del bebé o acaso lo estamos malcriando cogiéndolo tanto en brazos? Es más, ¿nuestro bebé tiene realmente el cólico? Éstas son sólo algunas de las preguntas que nos surgen a los padres ante el diagnóstico.

Un nombre familiar

La palabra cólico tiene diferentes significados. Cólico es el tipo de dolor que provocan las vísceras huecas y muchos adultos sabemos lo doloroso que es el cólico de riñón o el dolor del cólico intestinal con retortijones por exceso de gases.

También se habla de cólico cuando se tiene una diarrea. El cólico miserere está en nuestra memoria como una afección dolorosa del abdomen que acababa o podía acabar con la vida del individuo.

La palabra cólico es sinónima también de abrupto, de inesperado.

Todas estas acepciones culturales pueden provocar que cuando oímos la palabra cólico la relacionemos con situaciones de gravedad y muy dolorosas. Así, el cólico que han diagnosticado a nuestro bebé nos parece aún peor.

No es una enfermedad

En su momento se utilizó la palabra cólico para referirse a un tipo de llanto cuando se creía que detrás de éste estaba el dolor que causaba al bebé una distensión abdominal producida por el acúmulo de gases.

Pero en realidad, el cólico del primer trimestre es un síndrome; es decir, una conjunción de síntomas y signos, y no una enfermedad determinada.

Al no tener ninguna causa concreta ni unos síntomas o signos específicos se duda de que realmente exista y hay quien considera que el llanto de estos niños es una variación extrema de la normalidad. Para saber que nuestro bebé tiene realmente cólico del primer trimestre nos conviene conocer sus cuatro características básicas:

  • Inicio paroxístico: Aparece bruscamente y se repite varios días a la semana.
  • Lloro muy agudo e intenso. El niño se muestra muy afectado.
  • Movimientos de hipertonía. El niño patalea y hace unos movimientos de flexión típicos
  • Es inconsolable. No hay manera de calmarle y cesa tan bruscamente como se ha iniciado.

No debemos olvidar que el llanto es la forma que tiene el bebé de comunicar que alguna cosa le inquieta o le molesta.

Si tiene frío llora igual que si tiene calor, cuando tiene hambre no satisfecha o cuando tiene sueño. Exista una razón patológica o no, los niños lloran para comunicarse, pero eso no debería hacernos pensar que es bueno que llore.

Las lágrimas de un bebé son siempre una demanda de ayuda.

Más tiempo en brazos

No existe un tratamiento para el cólico, pero hay hechos que dan que pensar. Por ejemplo, se ha comprobado que en los países africanos el cólico del lactante no se conoce. ¿Por qué en culturas más primitivas no existen casos de este tipo? No es que los niños africanos no lloren nunca, sino que no tienen ese patrón de llanto durante el primer trimestre. Una posible explicación es que esos niños están en contacto con su madre en todo momento.

Algunas investigaciones científicas apoyan esta teoría, como el estudio randomizado realizado por Urs G. Hunziker en Estados Unidos, que hizo un seguimiento del llanto en bebés amamantados. Los resultados permitieron comprobar que los niños pequeños que estuvieron más tiempo en brazos de sus madres no presentaban el patrón típico del cólico del primer trimestre y tenían menos episodios de llanto que aquellos que no habían estado tanto tiempo en contacto con sus padres.

Se han usado otros medios para calmar al lactante que llora con cólicos desconsoladamente, aunque los que demuestran ser más eficaces son los que están relacionados con los cambios en la conducta de los padres. Básicamente se trata, aunque no es tarea fácil, de intentar mantener la calma para poder calmarle a él.

¿Existen medicamentos?

Por otra parte, los medicamentos antiflatulentos funcionan para tratar los gases pero no producen efecto alguno en el cólico. En estos casos nos damos cuenta de que, a menudo, existe una confusión entre lo que son propiamente cólicos y otros trastornos. Existen ocasiones en las que el llanto del bebé parece cólico, pero desaparece mediante algunos tratamientos. En ese caso, no lo es.

Descartar causas

Cuando los padres oyen llorar al bebé la primera idea que les pasa por la cabeza es que tiene hambre... y puede que así sea. Si llora, lo ponemos al pecho y se tranquiliza pero no mama, podría ser que no tuviera hambre y que lo que necesitara es ser abrazado por su madre.

También es muy posible que en cuanto lo pongamos al pecho, coma y se calme. Una tercera posibilidad es que se agarre al pecho pero no mame porque lo que quiere es chupar, para calmarse.

En los tres casos, el pecho y la cercanía de la madre hacen que se sienta a gusto otra vez.

Si el bebé no se tranquiliza aunque esté mamando puede que sufra un proceso irritativo en el estómago que se incrementa cuando come, como es el caso de la alergia a la proteína de vaca que le llega a través de la leche de la madre.

Otra posibilidad es que tenga un reflujo gastroesofágico que irrita la parte más baja del esófago –parte del tubo digestivo que va de la faringe al estómago– al alojarse ahí parte del contenido ácido del estómago.

Si el niño intenta comer, está irritable y comiendo elimina ventosidades y se tranquiliza, el motivo del llanto serán los gases acumulados en el intestino por haber tragado aire. Esto ocurre cuando los bebés están mal colocados al pecho y se les oye hacer chasquidos y ruidos mientras maman.

Si además sus deposiciones son verdosas y líquidas, y antes eran amarillentas y compactas, habría que pensar que esos gases también son el resultado de ingerir mucha leche del principio de la toma –más rica en azúcares que la leche del final, que es más rica en grasas–. El bebé no puede digerir toda la lactosa que toma y el azúcar que sobra fermenta provocando muchos gases. Una primera solución es intentar que mame más rato del mismo pecho y cambiarlo de lado cuando se nota más vacío que al inicio de la tetada.

Dolor de oídos

Una situación frecuente en los lactantes que tienen hermanos mayores es el dolor de oídos. Los bebés tienen mocos en la nariz, respiran ruidosamente y parece que tienen babas en la boca. Al mamar se sueltan y se echan hacia atrás: cuando tragan la presión en el oído les duele. Durante la exploración, el pediatra no aprecia ninguna alteración en el tímpano porque no hay otitis. Pero el bebé sigue llorando y parece que rechaza el pecho. Es lógico, los mocos nasales impiden que entre aire en el oído medio, que no está ventilado. Al no tener formadas algunas partes del hueso temporal, cuando mueve la mandíbula para mamar el oído medio se desplaza, provocando dolor si tiene aire dentro. Sucede lo mismo cuando vamos en avión.

Con paciencia

También en algunas ocasiones el llanto implica alguna enfermedad del bebé. En esos casos, la vista al pediatra descartará la patología y deberemos seguir buscando, con paciencia, una solución a sus crisis.

De todos modos, identificar una causa médica del llanto no excluye otros motivos, así como haber tratado una causa identificada no impide que el bebé tenga también el síndrome del cólico del primer trimestre, con la consecuente continuación de los llantos y la irritabilidad.

Cómo actuar ante su llanto

Propuesta de Bruce Taubman, que en un estudio consiguió reducir el llanto en dos terceras partes de los casos:

1. Acude al pediatra para descartar otras posibles causas y realizar un diagnóstico.


2. Tranquilízate. El cólico no ocurre por algo que estemos haciendo nosotros. No sabemos por qué ocurre y sabemos que acabará por sí solo en un período de tiempo.

3. Si el llanto no es por dolor es un pedido de atención y brazos.

4. No le dejes llorar nunca. Procura averiguar por qué llora, y considera estos puntos:

  • Tiene hambre y quiere comer.
  • Pide mamar aunque no tiene hambre.
  • Quiere estar en brazos.
  • Desea que le digas cosas porque está aburrido.
  • Necesita dormir porque está cansado.
  • Precisa un cambio de pañal.

Si sigue llorando tras cinco minutos intenta otra solución:

  • Decide por ti misma el orden de las opciones.
  • No te preocupes por sobrealimentar a tu bebé ni creas que le estás malcriando por tenerlo aúpa o pegado a tu cuerpo.

Llora mucho... pero por otras razones

  • Falta de descanso y hambre. Un cansancio excesivo y la sensación de hambre pueden provocar también llanto intenso.
  • Exceso de ingesta de aire. Lo causa una incorrecta posición al mamar o una succión del biberón dificultosa. Revisar la posición y ponerlo a hacer el erupto puede aliviarlo.
  • Reflujo gastroesofágico. Se soluciona médicamente, pero no siempre mejora la irritabilidad del bebé.
  • Alergias alimentarias. Si mama, se pueden mejorar con cambios en la dieta materna. Si toma biberón, sustituyendo la leche habitual por un hidrolizado completo de proteínas.
  • Intolerancia a la lactosa. Se presenta esporádicamente tras episodios de diarrea. El llanto suele ir acompañando de irritación en el área del pañal por la acidez de las heces.


Una valoración médica

Ante la aparición de fuertes crisis de llanto que no remiten, conviene acudir al pediatra. Él descartará que esas lágrimas no se deban a una enfermedad.

  • Infecciosas: Otitis, meningitis, encefalitis, infecciones de orina, neumonía, gingivoestomatitis, faringitis, artritis séptica, osteomielitis, gastroenteritis...
  • Traumáticas: Abrasión corneal, accidente con posible fractura o una lesión ósea.
  • Gastrointestinales: Reflujo, estreñimiento con fisura anal, hernia inguinal estrangulada, apendicitis, intolerancia, torsión testicular...
  • Nutricionales: Hipo, tipo de alimentación.
  • Respiratorias: Dificultad respiratoria con falta de oxígeno.
  • Metabólicas: Acidosis, hipoglucemia...
  • Dérmicos: Dermatitis del pañal, eccema, quemaduras, picadas...
  • Medicamentos y tóxicos. Síndrome de abstinencia a narcóticos o medicamentos usados por la madre, reacción a alguna vacuna...

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