¿Por qué no sabe jugar solo?

CRIANZA

¿Por qué no sabe jugar solo?

Si le acompañamos lo conseguirá poco a poco y a su tiempo.

Imma Marín

14 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

A los padres nos preocupa que nuestros hijos nos necesiten siempre para divertirse y nos gustaría que aprendieran a jugar solos.

Es cierto que a menudo el juego en solitario surge en el niño de forma espontánea y natural; sin embargo, normalmente esta capacidad de autonomía es fruto de un proceso de aprendizaje.

¿Qué podemos hacer nosotros?

De la misma manera que los padres ayudamos a nuestro bebé a descubrir el mundo que le rodea, también somos nosotros los que le guiamos en el descubrimiento del juego y las posibilidades lúdicas.

Ponemos juguetes a su alcance, agitamos un sonajero con él y le ayudamos a meter un cubilete dentro de otro.

Así no sólo estimulamos su imaginación y capacidad de juego, sino que, además, nuestro acompañamiento posibilita que nuestro hijo desarrolle su autoestima.

Si ésta es necesaria para aprender a jugar, resulta imprescindible cuando esperamos que aprenda a jugar solo.

Alrededor de los tres años, el niño empieza a descubrir el juego en solitario: la seguridad que tiene en sí mismo le permite estar tranquilo aunque no siempre estemos acompañándolo, y el entrenamiento que le hemos brindado en creatividad y actitud lúdica le abre ahora un gran abanico de posibilidades.

Es gracias a este tiempo compartido previo que a nuestro hijo le apetecerá tener momentos en los que explorar solo, dejar volar su imaginación y aventurarse por su cuenta.

En muchas otras ocasiones seguirá necesitando nuestra compañía, ayuda y cariño para probarse a sí mismo en las relaciones con los otros. Al fin y al cabo, los padres somos las primeras personas con las que se relaciona nuestro hijo y con las que entrena sus habilidades sociales.

  • Invitémosle a que juegue a nuestro lado mientras nosotros estamos ocupados; nuestra presencia le hará sentirse acompañado en su juego.
  • Aprovechemos sus ganas de imitar: si nosotros estamos cocinando, ellos pueden preparar también la comida para sus muñecos.
  • Es importante aprender a jugar solo, pero no olvidemos que los niños necesitan niños para jugar. Son esos “otros” con los que comparte el juego quienes favorecen el desarrollo de su sociabilidad.
  • Sólo un niño con buenos recursos lúdicos será capaz de entretenerse solo. Y esos recursos los brindamos los padres jugando con ellos.

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