Pros y contras de las papillas

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Pros y contras de las papillas

Es el apetito del bebé un indicador fiable de cuánto y cómo tiene que comer. Los bebés comen en función de lo que necesitan.

Julio Basulto

15 de junio de 2018, 10:32 | Actualizado a

Los bebés toman papillas. Eso nos parece algo tan obvio como que dicen “aba” cuando balbucean sus primeras palabras. Quizá por ello ni reparamos en discutir si es o no tan verdad como parece. Digo esto porque ni todos los bebés toman papillas, ni todos los bebés dicen “aba”. En cualquier caso, los comités de expertos en pediatría o nutrición sólo se pronuncian sobre cuánta energía y cuántos nutrientes necesitan los niños pequeños.

Sus indicaciones sobre las papillas son inexistentes.

Sin embargo, los profesionales sanitarios a cargo de la alimentación de bebés tienden a traducir esas recomendaciones nutritivas al formato papilla de manera automática. Así es como nacen indicaciones presuntamente exactas sobre cómo hay que preparar los primeros purés.

Tu hijo decide

Un precioso recipiente decorado, relleno de una papilla laboriosamente preparada y concienzudamente calculada para que cubra todas las recomendaciones nutricionales, es terreno abonado a la frustración adulta. En la mayor parte de ocasiones, nuestro experto catador decidirá que prefiere un par de cucharaditas del arroz de la paella de la abuela, cuatro macarrones con su sofrito de cebolla y tomate, un par de desdentados mordiscos a una albóndiga casera o a un plátano maduro.

A favor del triturado está tu comodidad, la garantía de que nuestro hijo toma la mezcla de alimentos que le hemos preparado y la posibilidad de hacer un cálculo nutricional más o menos exacto de lo que come.

En contra: podemos vernos tentados a insistir en que se lo acabe todo, acción nada recomendable. Y que si al final lo que pretendemos es que los niños acaben masticando alimentos, y ahora quiere probar el plato de los mayores, mejor será que empiece cuanto antes a tomarlos en su forma original; siempre bajo nuestra supervisión.

Conviene recordar que en menores de un año la leche materna –o de fórmula– tiene que ser la principal fuente de energía. Así que, sean cuales sean los ingredientes de nuestra papilla, hay que recordar que:

  • Hasta el 7º mes no hace falta darle alimento alguno aparte de la leche materna.
  • Primero le ofreceremos leche, materna o no, y luego otros alimentos.
  • Ofrecer no es obligar. No es válido distraer al bebé para que abra la boca y colarle una cucharada.
  • El orden en el que presentaremos los distintos alimentos no es relevante, siempre que se tenga en cuenta que lo importante es la progresión: lo mejor es ofrecerle un día un solo alimento –o grupo de alimentos– y si lo tolera bien, ofrecerle otro distinto al cabo de unos días.
  • Las texturas tienen que ir volviéndose más sólidas en función de la adaptación del bebé.
  • Añadir una cucharadita de aceite de oliva es una buena estrategia para aumentar sus calorías.

Calcular las cantidades

Deberíamos recordar que los bebés comen poco porque su estómago es pequeño.

  1. Si elaboramos la papilla día a día y siempre sobra, no cabe duda de que tenemos que preparar menos cantidad. Los bebés comen en función de lo que necesitan.
  2. Los purés no pierden nutrientes al congelarlos. Si nos sobra puré, la mejor opción es distribuirlo en recipientes de plástico con tapa y descongelarlo cuando el niño muestre signos de apetito.
  3. El microondas ofrece totales garantías sanitarias, aunque existe el peligro de que el bebé se queme a causa de un calentamiento no uniforme. Así, tras sacarlo del microondas, debemos remover bien el puré y probarlo para asegurarnos de que su temperatura es la adecuada.

¿Y si come demasiado?

  • Un reciente consenso de 12 sociedades sanitarias (pediatría, dietética, endocrinología, enfermería y obesidad, entre otras) indica que en bebés de seis a 12 meses con exceso de peso no hay que restringir cuánto comen, sino promover la lactancia materna hasta más allá del año, y evitar los refrescos, los zumos y la bollería.
  • Si se trata de niños mayores de un año con exceso de peso, el consenso indica: “Las familias no deben restringir cuánto comen sus hijos en las comidas principales o entre horas, pero deben asegurarse de que todos los alimentos que están a su disposición son saludables, con abundancia de frutas frescas y hortalizas”.

La sal no le conviene

  • No es necesario añadir sal a sus purés, pero tampoco ocurrirá nada grave si le damos de nuestra comida, que sí solemos elaborar con sal.
  • A nosotros tampoco nos conviene un exceso, por lo que deberíamos acostumbrarnos a usar menos cantidad de sal en beneficio de nuestra salud y la de nuestros hijos.
  • En cuanto al tipo, conviene que la sal sea yodada. Hay que ir con cuidado al comprarla: la “marina” contiene muy poco yodo, a diferencia de la “yodada” que contiene una cantidad controlada y segura de este mineral.

¿Le alimentan todas igual?

  • Quizás a causa de las declaraciones de salud que hacen las empresas de alimentación infantil en sus productos, vivimos acongojados pensando si nuestros purés son tan buenos como los que contienen 14 vitaminas y 10 minerales.
  • No cabe duda que los famosos “potitos” son una opción sensata para un apuro, pero no tienen nada que envidiar a un plato hecho en casa, ni en sabor, ni en composición nutricional.

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