Quiere jugar en mi compañía, no sola

CRIANZA

Quiere jugar en mi compañía, no sola

Que nuestro hijo solicite nuestra presencia no es ningún capricho sino una necesidad.

Laura Gutman

28 de noviembre de 2018, 14:57 | Actualizado a

Si un niño no quiere jugar solo, es sencillamente porque no puede. No es capaz. No tiene la madurez suficiente. Precisa más desarrollo intelectual, motriz y emocional. Necesita tener más edad, sentirse más seguro, tener más experiencias de compañía, apoyo y presencia materna, hasta sentir que si se queda solo, interiormente no lo estará.

Un sentimiento real

Esa sensación de estar bien consigo mismo o se siente espontáneamente o no se siente.

Nadie puede obligar a otro a sentirse bien, pleno, seguro o confortable.

Las sensaciones de placer o displacer, de seguridad o miedo, de calma o intranquilidad, son personales y sobre todo, siempre son verdaderas. Cuando uno se siente bien, ya sea adulto o niño, no importa lo que nos digan los demás, nos sentimos bien y punto. Del mismo modo, cuando uno se encuentra estresado, inseguro, solo, aterrorizado, inquieto o confundido, no importa si alguien opina lo contrario. Aquello que uno siente es absolutamente real para cada individuo. Las sensaciones internas son contundentes. Por eso, cuando un niño pide presencia es porque realmente la necesita, y lo mejor que podemos hacer los adultos es comprender lo que le sucede y asegurarle que estaremos acompañándolo todo el tiempo que necesite, hasta que él mismo nos dé la señal y nos asegure que prefiere jugar solo.

Nadie pide lo que no necesita. Y nadie tiene derecho a juzgar ni a opinar sobre lo que otra persona necesita. Si los adultos suponemos que a una determinada edad un niño debería jugar solo, quizá tendríamos que ser nosotros quienes revisáramos qué nos sucede, de dónde hemos sacado estas opiniones tan contrarias a todas las evidencias y debiéramos informarnos, porque obviamente somos los adultos quienes estamos en el camino equivocado.

Si no tenemos paciencia para permanecer al lado del niño que pide compañía, no tenemos ninguna obligación de hacerlo, pero sí debemos encontrar otras personas que puedan estar gustosamente junto al niño mientras juega.

Y, sobre todo, no le juzguemos pretendiendo que no le ocurra eso que sí le ocurre, o suponiendo que está mal. No, eso que le pasa es perfecto.

Por otra parte, si esto nos sucede, estamos poniendo de manifiesto nuestras propias limitaciones. Si las tenemos, lo ideal es tomarlas en cuenta y resolverlas de un modo satisfactorio para nuestros hijos.

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