Tu relación con un bebé prematuro

AMOR DEL GRANDE

La relación con un bebé prematuro

Necesita el contacto con sus padres más que cualquier otro recién nacido. Nuestro calor y nuestra voz lo ayudarán a crecer y madurar mientras nos cargamos de paciencia y esperanza para recuperar el tiempo perdido.

Laura Gutman

15 de julio de 2017, 07:00 | Actualizado a

Siempre los ha habido a lo largo de la historia de la humanidad, pero la cantidad de nacimientos prematuros aumenta sin cesar, y lo hace en una proporción alarmante. Por eso, antes de pensar qué podemos hacer frente a esta realidad, si es que nos toca atravesarla, sería pertinente que revisáramos cómo hemos llegado a ella.

Lamentablemente, la extrema medicalización de los embarazos y la sistematización de los partos en los hospitales conduce a muchas mujeres a ingresar en unas rutinas generales que, a veces, perjudican el desarrollo saludable del final del embarazo. A esto hay que agregar que muchas mujeres estamos tan identificadas con el trabajo o las actividades que realizamos a diario, y tenemos tan poca conexión con nuestros mundos emocionales, que “terminar” con el embarazo y atravesar el parto de una vez se instala inconscientemente como un trámite que deseamos que acabe pronto.

El poco descanso que nos otorgamos el último trimestre de embarazo y la necesidad de trabajar hasta el último momento para aprovechar luego los días de baja maternal con el niño ya nacido son algunos de los “supuestos” que compartimos entre mujeres embarazadas. Sin embargo, a pesar de que nos empeñamos en hacer nuestros cálculos mentales, la naturaleza humana se manifiesta según sus reglas. Y sucede que, en medio de la vorágine, se desencadena el parto antes de tiempo. En algunos casos, el bebé necesita “hacerse presente” ante una madre que no logra conectar con él mientras está en el vientre. En otras ocasiones, existe sufrimiento fetal o una enfermedad de la madre que obliga al personal médico a decidir el nacimiento del bebé. También puede que todo suceda sin un motivo aparente. La cuestión es que un bebé nacido mucho antes de lo que “le toca” nace con desventajas. Necesita más tiempo de útero. Y ese tiempo uterino es el que tendremos que reemplazar.

Pegados al cuerpo materno

De entrada, tenemos que diferenciar un gran prematuro (un bebé que nace antes de la semana 32 o con un peso inferior a 1.500 gramos) de un bebé que puede respirar por sus propios medios y que “simplemente” necesita calor, alimento y tiempo para crecer.

En este último caso, lo ideal sería que la madre cargara con él todo el tiempo.

Entiendo que en muchas unidades de cuidados intensivos esto no siempre está bien visto, sugerido ni facilitado. Sin embargo, la actitud y el deseo de cada madre es importante.

Incluso si el bebé no tiene fuerzas para succionar y hay que alimentarlo con sonda, lo ideal es estimularlo todo el tiempo (todo el tiempo significa todo el tiempo, no una hora al día). Para él, el mejor estímulo es estar pegado al cuerpo materno, oliendo a su madre y sintiendo los latidos de su corazón. Además, de este modo, experimentando la cercanía con el bebé, las madres también logramos estimularnos, y posiblemente, entre el sacaleches y la presencia del recién nacido, lograremos producir nuestras primeras gotas de leche. Es muy cierto; incluso si el bebé prematuro no tiene fuerzas suficientes para mamar, la cercanía corporal permanente siempre será para ambos la herramienta más eficaz.

La mejor temperatura es la del cuerpo materno. La mejor oscuridad es la de los brazos de la madre. La mejor música es el ritmo de la respiración de cada madre.

Así, la díada madre-hijo atravesará los días de ingreso en la unidad de cuidados neonatales de la manera menos traumática posible y, probablemente, regresará antes a casa.

Regalarle palabras de amor

Si el bebé es un gran prematuro, ha nacido con alguna enfermedad y tiene que ser tratado médicamente, o es necesario realizarle una intervención quirúrgica, las cosas se complican. En primer lugar, porque en muchos hospitales es frecuente que la madre no pueda permanecer ingresada junto a su bebé. Cuando le dan el alta, regresa a casa y va a “visitar” a su hijo diariamente. Muchos de estos bebés están conectados a sondas o a respiradores, con lo cual el contacto piel con piel con la madre se verá seriamente comprometido, aunque ella intente hacer todo lo posible para estar cerca de su hijo. Lamentablemente, el bebé suele ser tocado en situaciones de “displacer”, como son los pinchazos o las maniobras médicas. La luz artificial es permanente y el estímulo amoroso es muy escaso. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?

Antes que nada, pensemos que el bebé está en una situación muy desventajosa, y todo lo que esté a nuestro alcance para aminorar su sufrimiento será de vital importancia para él. ¿Cómo podemos hacerlo? Sobre todo, tratando de permanecer a su lado todo el tiempo que los profesionales médicos nos permitan. Tocarlo con nuestras manos –aunque el bebé esté en su cajita de cristal–, cantándole y nombrando con palabras claras y sencillas cuál es su situación, qué análisis le harán, cuándo volverán a pincharlo, los nombres de las enfermeras, los días que faltan para regresar a casa, qué pasa con los hermanos que lo están esperando... En fin, recibiendo palabras de amor. ¿El niño las comprenderá? Claro que sí. Necesita esas palabras y el amor de su madre para fortalecerse y para desear regresar a los brazos maternos. Sin sentido, el bebé, incluso siendo un gran prematuro, no tendrá motivos para crecer, desarrollarse, ganar peso y salud. Tiene que tener un objetivo. El objetivo es relajarse en el amor materno.

Lazos íntimos de comunicación

Por otra parte, el bebé depende de la intuición materna. Si las madres permanecemos en profunda conexión con nuestro hijo, sabremos qué le ocurre, qué necesita, cómo se siente, y podremos transmitírselo a los profesionales que se ocupan de los cuidados médicos.

Los bebés prematuros no son todos iguales. Y cada uno encuentra la forma de comunicarse, siempre y cuando la madre sea una buena interlocutora. Por lo tanto, no deleguemos la comunicación sutil en los profesionales. Ellos cumplen con su tarea, pero el vínculo amoroso tendremos que instalarlo nosotras, aun en una situación tan adversa, porque eso es todo lo que tenemos madre e hijo por el momento.

Por último, cuando felizmente llega el día en que regresamos a casa con el niño en brazos, sepamos que tendremos que recuperar el tiempo perdido. Aunque el niño no lo pida, tengámoslo todo el tiempo en brazos. Aunque no llore, acunémoslo. Aunque se haya adaptado al silencio y al aislamiento, no lo dejemos nunca solo. Necesita un tiempo para constatar, que ahora sí, ha llegado la hora del placer.


El difícil regreso a casa

Llegar a casa con un bebé que ha estado largo tiempo ingresado en una unidad de cuidados intensivos neonatales es complejo.

  • Primero porque estamos acostumbrados a que unas manos expertas se ocupen de él. Tampoco hemos compartido intimidad ni silencio. Las madres nos sentimos inseguras, ansiosas, con miedo. Creemos que nuestro hijo es especialmente frágil y puede volver a enfermar.
  • Sin embargo, si el bebé ha vuelto a casa es porque está en condiciones de vivir bajo nuestro cuidado. Ahora solo necesitamos tiempo para conocernos. La premisa es: estemos juntos, tranquilos, sin gente alrededor.
  • Dediquémonos al bebé. Atémoslo a nuestro cuerpo. Durmamos con él. Esperemos que se dé cuenta de que ahora puede llorar porque tiene quien acuda a calmarlo. Multipliquemos nuestra paciencia por mil. No hay otra cosa que hacer que recuperar el tiempo piel con piel.


El trato con los profesionales

Durante el tiempo que dura el ingreso vivimos situaciones muy diversas. A veces sucede que los padres delegamos toda la responsabilidad en el personal médico. Eso no es justo. Los médicos y las enfermeras pueden tomar decisiones respecto a la salud del bebé, pero el vínculo amoroso y la conexión con la vitalidad depende de nosotros.

También es cierto que a veces pasa exactamente lo contrario: los médicos no nos permiten el acceso libre para relacionarnos con nuestro hijo y son muchas las trabas en el funcionamiento del servicio de neonatología.

En esos casos, busquemos la forma de solidarizarnos con ellos, conversando y siendo respetuosas, de tal modo que ellos puedan solidarizarse con nosotras. Eso dará mejores resultados que las luchas de poder que no benefician a nadie, y mucho menos al bebé que necesita sanar y crecer.

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