Si queremos que coma de todo (o casi)

CRIANZA CON RESPETO

Si queremos que coma de todo (o casi)

Preparar juntos algunos platos puede ser un buen principio. Si, además, nos sentamos en la mesa sin tensiones y con hambre, lograrlo es cuestión de tiempo.

Anna Maria Obradors

20 de diciembre de 2017, 20:34 | Actualizado a

Exceptuando las enfermedades, la “falta” de sueño y de apetito es la principal cuestión que los padres plantean en las consultas de pediatría. Pero el apetito de los niños, igual que el de los adultos, puede variar sin ser producto de ningún trastorno. En la mayoría de ocasiones, se regulariza solo o realizando pequeños cambios en los hábitos alimentarios o culinarios. En cambio, si la inapetencia va asociada a otros signos, se debe consultar al pediatra.

Nuestro ejemplo

Enseñar a los hijos a comer saludablemente puede ser una tarea ardua, pero no es algo imposible si actuamos con perseverancia, paciencia y cariño.

La alimentación no puede ser nunca un premio o un castigo, sino formar parte de un hábito normal. Los primeros en dar ejemplo debemos ser los propios padres: un niño nunca pedirá verdura si papá o mamá no los comen o los rechazan.

Es importante tener in mente que la hora de la comida es un momento de encuentro familiar, de diálogo. Tiene que ser agradable, no podemos ir con prisas ni reprimendas. Es normal que el niño coja la comida con los dedos o que la sopa se caiga de la cuchara: solo puede descubrir sus habilidades probando y ensuciándose.

Es cierto que si le damos la comida, quizá iremos más deprisa, comerá más y se ensuciará menos, pero ¿es ese el objetivo?

Ideas que pueden resultar de ayuda

  • Comprar y cocinar juntos. Es una forma lúdica de compartir y aprender. Podemos jugar a mezclar alimentos que le gustan con otros que no conocemos tanto, como la pasta con verduras o una pizza casera con nuevos ingredientes. Cocinar juntos hace más apetitosas las comidas, incluso las que no nos atraen demasiado.
  • No engañar. Es mejor que coma poca cantidad de un alimento que crear un ambiente de desconfianza cada vez que nos sentamos en la mesa. Tampoco es prudente cambiar de menú sobre la marcha constantemente. Si hoy come menos, mañana ya comerá más.
  • Ir con cuidado con las cantidades. Las raciones tienen que ser adecuadas a su edad. Un niño no puede comer las mismas cantidades que un adulto.
  • Variar las preparaciones. No cocinemos el mismo alimento siempre de la misma manera. ¡En la variedad está el gusto!
  • Seamos cariñosos. No es bueno comentar, y menos ante él, lo difícil que es “que coma bien”. Todos hemos hecho este camino con más o menos dificultades.
  • Evitemos (grandes y pequeños) la comida basura entre comidas. No le aportan los nutrientes necesarios y disminuyen su apetito.
  • Interactuar y divertirnos. Podemos inventar historias y cuentos sobre los alimentos. Siempre será mejor que comer viendo la tele.

¿Debo preocuparme?

En alguna ocasión, la falta de apetito puede ser un síntoma de enfermedad. Si va acompañada de fiebre persistente, diarreas, vómitos, decaimiento, tristeza o irritabilidad, es mejor consultar al médico. Si provoca pérdida de peso, o el niño mantiene el mismo peso varios meses aunque no tenga ningún otro síntoma, también es recomendable acudir al pediatra.

Pero por lo general, a todos nos ocurre que pasamos épocas en las que no tenemos tanto apetito uno es necesario darle mayor importancia.

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