Encuentra tu calma

MATERNIDAD PLENA

Si tú encuentras la calma, tu hijo también

El bebé percibe cómo te sientes y se contagia de esas emociones. No dudes en buscar un instante al día para relajarte y verás lo beneficioso que es para tu familia.

Vicky Noble

10 de julio de 2017, 07:00 | Actualizado a

Si estás pasando por un momento estresante o a ratos te sientes agobiada, necesitas conocer la necesidad de tu bebé y también la tuya.

Encontrando tu calma, tu bebé también encontrará la suya.

¿Qué necesita tu hijo para sentirse en calma?

Casi durante toda la historia del ser humano hemos llevado a nuestros bebés encima, en nuestra cadera, en la espalda o delante. Tanto por seguridad como para poder continuar con nuestra actividad cotidiana (cocinar, recolectar...), las madres nos hemos “atado” el bebé al cuerpo, dejando nuestras manos libres.

Así, durante generaciones, no solo hemos podido seguir realizando las tareas que necesitábamos hacer en nuestro día a día, sino que también hemos satisfecho la necesidad de nuestros hijos de estar en contacto permanente con nosotras.

Nuestros bebés son las crías mamíferas más indefensas al nacer y durante más tiempo, por eso necesitan la proximidad del cuerpo adulto, para sentirse protegidos y tranquilos. En definitiva, los bebés están biológicamente preparados para estar en brazos, y eso a su vez ofrece multitud de beneficios tanto al bebé como a su adulto de referencia (madre, padre o cuidador). Los bebés que están en brazos raramente lloran, se amamantan con más regularidad y mantienen un contacto más íntimo con la madre, quien percibe mejor sus necesidades. Por lo tanto, los bebés tienen la posibilidad de observar el mundo desde esa situación de seguridad y también de recogerse en ella a descansar cuando lo necesitan.

Cógelo en brazos

Tener presente la importancia de “la fase en brazos” del bebé es imprescindible para cultivar nuestra propia calma, ya que será más fácil conseguirla si nuestro hijo también disfruta de ella. El papel tan relevante que juega esta etapa en la vida del bebé apareció por primera vez en un artículo publicado en 1989 en la revista Mothering. En él, Jean Liedloff, autora del libro El concepto del continuum (Ob Stare), hacía referencia a la necesidad que tiene el bebé de estar en contacto estrecho con el cuerpo de su madre (u otro adulto) durante los primeros meses de vida, para alcanzar un buen desarrollo físico, emocional y mental.

Para permanecer o recuperar su estado de calma-plenitud, el bebé necesita tener todas sus necesidades cubiertas, es decir, debe estar atendido con amor, proximidad y contacto por otro ser humano, así como saciado, limpio, descansado y a una temperatura adecuada.

El bebé no necesita estar en una estancia o cuarto separado del bullicio del hogar, excepto, quizá, en los primeros días, pero siempre acompañado de mamá. Después, cuanto más doméstica sea la estancia, más sentirá que la vida fluye, y despertará su interés por el mundo y lo que en él ocurre.

Un bebé aprende del mundo cuando está implicado en él. Su lugar es cerca (mejor en brazos o cargado) de su adulto referente mientras este sigue con su actividad cotidiana. Y es que como ya hemos dicho, la proximidad con el cuidador principal le da al niño una sensación de seguridad emocional indispensable para un desarrollo óptimo.

¿Qué necesitamos nosotras?

Por lo general, en nuestra sociedad tendemos a sobrestimular los sentidos. Ponemos mucha atención en todo lo que ocurre fuera, y eso nos hace perder el contacto con nuestro estado interno, con lo que nos ocurre o sentimos en realidad.

Por esta razón, es ideal encontrar esos momentos en los que no haya estímulo alguno a nuestro alrededor para que nuestra mente y nuestros sentidos puedan reposar, y percibir el suave murmullo de la respiración, el olor de nuestra piel, la vibración de nuestro corazón, el peso de nuestro pelo... En definitiva, para sentir nuestra sensación de bienestar o malestar físico y descubrir qué necesitamos.

En nuestra sociedad se valora y promueve la actividad mental como algo muy positivo; y afortunadamente hoy también se potencia la actividad física, pero pocas veces tenemos en cuenta la otra cara de la moneda, la necesidad de reposo para regenerarnos y reequilibrar nuestro ser.

Para ser capaces de digerir los estímulos externos que nos llegan sin cesar, necesitamos una buena dosis de descanso y/o prácticas que nos ayuden a reducir el ritmo, reconectar con nosotros mismos y poder así asimilar lo vivido.

En un hogar donde reina la calma, la acción puede fluir en un entorno de paz. De ahí la importancia de darnos un espacio y un tiempo con el fin de poder cultivar esta calma, para que forme parte del clima habitual de nuestro hogar. Además, en momentos de crisis o desasosiego, también nos servirá de gran ayuda a la hora de restablecer nuestro equilibrio.

Y es que no tendríamos que olvidarnos de que, si vivimos en un estado de calma (plenitud y equilibrio interno entre la tranquilidad y la acción), nuestro hijo también podrá mantener su estado de calma, lo que, evidentemente, potenciará que esta reine en el hogar.

11 Prácticas que relajan

Además de establecer en la rutina diaria momentos de reposo y silencio, algunas disciplinas nos pueden ayudar a cultivar y desarrollar este estado de consciencia y presencia:

1. El yoga

2. El chi kun

Ambas prácticas, además de relajación muscular y bienestar físico, también ayudan a trasladar la atención de la cabeza al cuerpo, lo que resulta muy calmante.

3. La meditación

Es otra práctica muy útil para lograr traer la atención al momento presente y acallar el exceso de actividad mental.

Es fácil continuar practicando estas actividades cuando ya lo hacíamos antes de nacer el bebé, pero no es imprescindible aprender una técnica determinada para conseguir relajarse y conectar con nuestras necesidades.

También sirve cualquier otra actividad que personalmente nos ayude a entrar en contacto con nosotros mismos, relajarnos y regenerarnos, además de conectarnos con nuestro bebé. Puede ser:

4. Caminar por el campo

5. Cocinar

6. Tejer

7. Bailar juntos

8. Tocar un instrumento

9. Modelar barro

10. Cantar

11. Mecernos en la mecedora

Son actividades que nos conectan con el momento presente. Es interesante encontrar la práctica que mejor nos sirva, porque no hay una mejor que otra, solo hay que sentir cuál es la que a nosotros mismos y/o a nuestros bebés nos va mejor en este momento concreto de nuestra vida.

Dedícate unos minutos

Si empiezas en el embarazo (o antes), será una rutina conocida que no sorprenderá a tu hijo. Si comienzas cuando ya es más mayor, necesitarás un poco más de paciencia, pero pronto descubriréis la actividad idónea y cómo llevarla a cabo para que sea agradable y beneficiosa para los dos.

Sentirás una gran recompensa después de dedicar un tiempo a alguna de estas actividades. Nunca te dirás: “¡Caramba, desearía no haber practicado hoy!”, porque, por poco que sea, sentirás la recompensa de haber entrado en contacto contigo misma y todos los beneficios que te aporta.

4 claves para lograr un poco de paz

  1. Disfruta del aire libre. Procura estar en contacto con la naturaleza un ratito cada día: observar un árbol, las nubes... Centrar la atención en las sensaciones del cuerpo y en los sentidos te hace descansar de la actividad mental.
  2. Sin prisas. Una buena organización es esencial. Es importante no tener grandes expectativas (hacer listas de tareas cortas, asumibles y organizadas por prioridades). Asume que siempre quedará algo sin hacer. Procura mantener el orden.
  3. Un tiempo para cada cosa. No te centres solo en lo que “tienes que hacer”. Intenta reservar algún momento del día para relajarte, disfrutar en familia y en pareja.
  4. Que te enseñe tu bebé. Observa cómo vive las situaciones de emoción intensa para volver al estado de calma. Observa cuando tu bebé llora de hambre (por ejemplo) y una vez atendido vuelve a la calma, sin quedarse atrapado en la emoción anterior. Ellos nos enseñan.

Y 5 claves para organizarte lo mejor posible

Si el día a día te absorbe, puede que no encuentres ese momento para ti misma, así que establécelo como una prioridad.

  1. Márcate una rutina, a ser posible con un horario y un espacio fijo, para dedicarte a la actividad que te aporte esa calma, al menos unos minutos.
  2. Haz los preparativos necesarios. Usa un espacio adecuado para los niños: seguro, sin peligros y con objetos para jugar. Asegúrate de que el bebé está limpio, descansado y amamantado... Mejor desconectar los teléfonos.
  3. Deja a mano bebida o comida si tu hijo ya es autónomo en este sentido, para facilitarle que autorregule sus necesidades.
  4. Fluye. Puede suceder, a pesar de todo, que no sea posible realizar esa actividad en ese momento o durante el tiempo habitual: 30-45 minutos... Estate abierta a esta posibilidad.
  5. ¿Hay alguien más? Si hay hijos más mayores y prefieres estar sola durante la práctica, quizá puedan jugar juntos un ratito o con tu pareja, si en ese instante está en casa.

Artículos relacionados