Lo tengo, no lo tengo

CRIANZA

Lo tengo, no lo tengo

Para un niño, hacer una colección es algo más que guardar objetos, es su modo de observar, ordenar y entender el mundo que lo rodea.

Imma Marín

26 de noviembre de 2018, 19:57 | Actualizado a

Los niños comienzan a mostrar interés por recoger y agrupar objetos a partir de los tres años. Hacia los cinco, sus ganas de saber, así como el desarrollo de sus capacidades, les permite pasar del “recoger y amontonar” al coleccionar.

Para ellos cualquier objeto que les resulte atractivo puede ser el inicio de una colección: piedras, hojas, conchas, chapas, minerales, cromos, postales, muñecas, coches... Este primer impulso de acaparar se convierte en deseo de observar, ordenar y clasificar como una manera de conocer, comprender y ordenar su entorno. Además, a los niños les encanta mostrar sus colecciones y exhibir sus progresos y esas piezas raras que hacen de su colección algo especial.

Más allá del agrupar

Una colección es sobre todo un proyecto personal que les permite sentirse mayores y ejercitar capacidades importantes para su desarrollo. Sin duda, vale la pena que les animemos en este empeño participando de su ilusión y ayudándoles en su cometido porque son muchos los beneficios que conlleva este hábito. El simple hecho de proponerse hacer una colección supone esforzarse en lograr un objetivo y esto en sí mismo ya es un valor importante. Lo mismo ocurre con la constancia y la paciencia que requiere llevarla a cabo.

Para los niños, acostumbrados a obtener resultados de un modo inmediato, tener que esperar y perseverar en su empeño resultará todo un reto.

Cada pieza tiene su singularidad y al coleccionarlas los niños desarrollan su capacidad de observación y la memoria, porque deben recordar cómo son sus piezas, cuáles tienen, cuáles les faltan y cuáles están repetidas.

También aprenden a ordenar, clasificar y aplicar métodos, todas ellas actividades inherentes al coleccionismo.

Además, proporciona una gran satisfacción mostrarlas a los demás, estimulando la autoestima del niño. Del mismo modo, intercambiar “los repes” es fuente de sociabilidad y relación con los demás.

Se aprende a valorar aquello que requiere un esfuerzo conseguirlo. Por eso, si para hacer la colección se han tenido que comprar objetos y los niños se han implicado, estarán orgullosos de su labor y habrán aprendido el valor del dinero.

Los padres podemos incentivar esta afición mostrándole interés pero nunca imponiendo nuestros gustos. Debemos respetar su elección.

Ayudarle a organizarse y proponerle métodos, como los listados informáticos, le demostrarán nuestro interés. Pero tan solo a modo de sugerencias, no de imposición.

A esta edad las “coles” no duran toda la vida. Por eso debe saber que para mantener varias, a veces deberá dejar una antes de empezar otra.

Artículos relacionados