Tiempos de espera largos

CRIANZA

Tiempos de espera largos

Encadenando palabras, dibujando o inventando, el tiempo pasa mucho más deprisa.

Imma Marín

11 de octubre de 2018, 09:37 | Actualizado a

Una de las cosas más costosas de aprender es saber esperar. Cuando somos muy pequeños, los niños esperamos resultados inmediatos.

De hecho, aunque tengamos más paciencia, los mayores también preferimos conseguir las cosas rápidamente, llegar a un lugar y que nos atiendan... pero la realidad es muy distinta: el autobús tarda, encontramos atascos en la calle, y en el médico siempre hay cola.

¿Cómo afrontar estas situaciones sin perder los nervios? Sin duda, el juego puede ser nuestro más valioso aliado.

1. ¿Jugamos con las manos?

Podemos jugar al pulso de pulgares (nos agarramos mutuamente la mano, dejando libre y bien estirado el pulgar, contamos hasta tres, e intentamos atrapar el pulgar del otro), o a piedra-papel-tijera, o a tocar la palma del otro mientras intenta apartarla.

2. ¿Y las canciones palmeadas?

Tampoco puede faltar el juego de adivinar en qué mano hemos escondido una piedrecita o cualquier objeto.

3. Con papel y lápiz el tiempo pasa volando

Dibujar mapas de lo que estamos haciendo hoy, ilustrar sobre la marcha un cuento inventado. ¿Intentamos construir un avión de papel? ¿Y una pajarita? Con los mayores podemos jugar al tres en raya.

4. Con las palabras

¿Jugamos a las adivinanzas? ¿Inventamos historias? Empieza tú, que tu hijo la siga, y después retomas tú el hilo. También podéis divertiros viendo quién es capaz de decir más palabras que empiecen, por ejemplo, por “ma” (mamá, manta, mar...) o palabras encadenadas (mala–lata–tapa...). Sin olvidarnos del veo veo, o de encontrar determinados objetos en el bolso de mamá, o de recordar lo que hay dentro después de mirarlo un rato, o...

Tu kit de supervivencia

Si sabes que no os van a atender inmediatamente, no olvides llevar encima el kit para las esperas: una libreta pequeña y un lápiz o un boli, unos coches miniatura, algún muñeco articulado, animales, un cuento...

Es vital no ponernos nerviosas y empatizar con su desespero. Los nervios se contagian y crecen sin pausa hasta conseguir convertir la espera en una auténtica pesadilla.

Ponte en el lugar de tu hijo. Piensa que si para ti es difícil, para él aún lo es más: intenta relajarte, verbaliza que entiendes lo dificil que es esperar pero que podéis aprovechar este tiempo como un regalo para estar juntos.

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