¿Tiene sentido contarles cuentos?

CRIANZA

¿Tiene sentido contarles cuentos?

La literatura infantil no solo permite desarrollar la imaginación e inteligencia de los niños, sino que nos ayuda a fortalecer nuestro vínculo afectivo.

Isabel Fernández del Castillo

12 de octubre de 2017, 07:00 | Actualizado a

En los días de fiesta, ¿por qué no aprovechamos para leer un buen libro con nuestro hijo? Quitémonos el reloj, sentémonos juntos cómodamente y disfrutemos del maravilloso momento que nos proporciona compartir una bonita historia. A pesar de que cada vez existen más alternativas de entretenimiento infantil, a los niños les encanta escuchar nuestra voz mientras les contamos ese relato tan interesante en el que, por ejemplo, un niño es el protagonista. De todos modos, que los cuentos los hipnoticen no tiene ningún misterio porque lo importante no es solo el libro, sino el momento que compartimos. Nosotros mismos aún recordamos con melancolía esos ratitos en los que el abuelo nos contaba los cuentos de su infancia o nuestros padres nos leían un relato antes de dormir.

Forman parte de la historia

Ya lo dijo el prestigioso científico Albert Einstein:

“Si queréis que vuestros hijos sean inteligentes, contadles cuentos de hadas. Si queréis que sean más inteligentes, contadles más cuentos de hadas”.

Pero los niños no nos reclaman un cuento porque desean ser más listos, sino porque para ellos es una fuente de placer. No importa la época, ni la raza, ni el lugar, los niños han disfrutado y seguirán haciéndolo de que sus seres queridos les dediquen un poco de tiempo.

Antiguamente no se los clasificaba como infantiles, este es un concepto moderno, sino que estaban destinados a todos los miembros de la tribu, pueblo o comunidad y su finalidad era transmitir su historia, su cultura y sus conocimientos de generación en generación. Los responbles de contarlos eran las personas mayores, consideradas las más sabias del grupo, que con sus fábulas daban un sentido al día a día en el pequeño mundo local, además de ofrecer claves simbólicas para solucionar las pequeñas y grandes cuestiones de la existencia humana.

Su autoestima, en tus manos

CRIANZA RESPETUOSA

Su autoestima, en tus manos

El valor de la inventiva

Resulta que, además de ser una actividad lúdica y divertida, también fomenta el desarrollo de la inteligencia. No es la finalidad sino la consecuencia, pero como los adultos estamos obsesionados con buscar una utilidad a todo aquello que hacemos, nos gusta saber que los cuentos:

  • Potencian la imaginación. Toda actividad creativa antes tiene que ser imaginada. Así pues, todas aquellas experiencias que alimenten la capacidad imaginativa del niño le ayudarán a desarrollar esta facultad de la mente.
  • Nutren su pensamiento mágico. Cualquier persona que viva o comparta tiempo con un niño pequeño sabe que la línea que separa su realidad y su fantasía es muy difusa. Los niños antes de los siete años no son seres “racionales”, sino que viven en un mundo mágico que necesitan alimentar constantemente, y las historias fantásticas son perfectas para ello.
  • Constituyen un mapa del tesoro vital. Los cuentos contienen enseñanzas ocultas importantes que forman parte de nuestro inconsciente, con un lenguaje metafórico y mágico. Igual que en su momento nos sucedió a nosotros, las fábulas proporcionan al niño valores, modos de enfrentarse a los problemas y seguridad, porque sabe que siempre puede haber un final feliz. Este aprendizaje le servirá tanto en la infancia como en la vida adulta.
  • Enriquecen su mundo interior y sus horas de juego, ya que le ofrecen personajes e historias para compartir con sus juguetes del mundo real. Además, también le ayudan a desarrollar y a ampliar el lenguaje, su capacidad de observación y la memoria, al mismo tiempo que despiertan su curiosidad por el saber y le enseñan a identificar sus sentimientos.

Una elección acertada

A la hora de escoger un libro para nuestros hijos, o para hacer un regalo a otros niños, deberíamos asegurarnos de que realmente se ajusta a sus necesidades, sus aficiones y sus anhelos.

  • Ilustraciones. Han ido evolucionando con el paso de los años, se aplican diferentes técnicas para realizarlas y hoy en día podemos disfrutar de verdaderas obras de arte en el interior de un cuento. Aun y así, no es necesario que todos estén ilustrados porque hay que tener en cuenta que una de las funciones más importantes de los cuentos es alimentar la fantasía. Cuando los niños escuchan un relato entran en un estado de ensoñación en el cual ellos crean su propia película. Es un trabajo creativo de su mente que será más difícil llevar a cabo si mientras escuchan están observando los dibujos del libro.
  • Clásicos. Los cuentos tradicionales han acompañado a una generación tras otra porque cuentan historias con un lenguaje sencillo, sus personajes son fáciles de identificar porque están bien definidos y, sobre todo, porque tienen un mensaje encubierto.
  • El cuento o la película. Sin lugar a dudas, el cuento. Al menos en primer lugar, porque cuando un niño ve una película y luego se le cuenta el cuento en el cual se ha basado el proyecto cinematográfico, en su mente recreará las imágenes que ya ha visto en la pantalla. De este modo, su imaginación se verá coaccionada, por lo que es mejor contarle el cuento varias veces antes de ponerle la película. Lo mismo sucede con los niños más mayores. Es más enriquecedor leer la colección completa de Harry Potter y después ver todas las películas que hacerlo al revés.

Crear el clima apropiado

Para los niños es un momento muy especial cuando nos quedamos a su lado para leerle un cuento. En ese momento no importa el tiempo, no hay prisas. Saben que, además de viajar a mundos maravillosos sin necesidad de salir de casa, estaremos junto a ellos mientras dure la historia. Para que todo resulte perfecto, es conveniente que elijamos el momento y el lugar adecuado.

  • Ambiente tranquilo. Como la lectura invita a la relajación, es mejor hacerlo después de haber realizado actividades físicas (correr, jugar, saltar...), o al final del día, cuando hay que ir ralentizando el ritmo. Podemos crear un ambiente propicio atenuando las luces y eliminando los ruidos intensos que lo saquen de ese estado.
  • La edad. Es importante escoger los cuentos según su edad. Cuanto más pequeños, más sencillas deben ser las historias. En general, suelen ser circulares, es decir, al final del cuento se vuelve al lugar de inicio. Esto no significa que sean simplones.
  • No explicar el significado. Los expertos aconsejan no hacerlo porque quizá nosotros no hemos descifrado el mensaje completo y estamos restando su valor curativo e instructivo, además de despojarlo de la magia. Para un niño que se siente un bicho raro, escuchar El patito feo puede ser un auténtico bálsamo, siempre y cuando no se lo interpretemos.

Cuéntamelo otra vez, mamá

  • El estudio: la psicóloga Jessica Horst, de la Universidad británica de Sussex, dirigió una investigación para saber cómo influía en los niños la repeteción del mismo cuento.
  • El proceso: se expuso a 2 grupos de niños de 3 años al aprendizaje de 2 palabras nuevas. Con dichos términos, a un grupo se le repitió la misma historia y al otro se le contó 3 diferentes.
  • El resultado: tras 7 días, los niños que habían escuchado la misma historia recordaban mejor las palabras nuevas que los que habían escuchado 3 historias diferentes.

Versiones originales

  • Los cuentos tradicionales cuentan con una carga simbólica que, a veces, los adultos no sabemos interpretar. Que hayan resistido el paso de los siglos es un indicio de que conectan con cuestiones y valores universales y atemporales.
  • Algunos expertos aconsejan explicar las versiones originales de los cuentos tradicionales, más que las simplificadas o edulcoradas, porque la transformación puede variar el significado simbólico y su valor para el niño.

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