Los beneficios de un huerto escolar

NIÑOS MÁS FELICES

¿Tiene su escuela un huerto?

El trabajo con la tierra viene a suplir carencias del sistema educativo. Les ayuda a conectar con la naturaleza, a desarrollar la inteligencia de las manos y a afrontar retos reales.

Isabel Fernández del Castillo

23 de abril de 2018, 07:00 | Actualizado a

¿Cómo es que una actividad manual y aparentemente tan sencilla puede tener efectos tan beneficiosos sobre los menores? Probablemente, el trabajo con la tierra viene a suplir carencias del sistema educativo. Por ejemplo, ayuda a:

  • Conectar con los ritmos naturales. Ése es, sin duda, uno de los grandes beneficios de realizar actividades productivas en la naturaleza. En la era del “todo ya”, de la cultura de lo instantáneo, tener que aceptar y adaptarse al ritmo natural del crecimiento de las plantas ayuda a tener una visión más real de la vida y a desarrollar un mayor respeto por el tempo de los procesos naturales. La paciencia y la espera necesarias para ver los resultados es, para los niños de nuestro tiempo, un gran aprendizaje, útil para su futura vida de adultos. Cultivando alimentos aprenden sin darse cuenta que, antes de florecer, los proyectos tienen una fase subterránea durante la cual aparentemente no sucede nada, pero que es esencial para que aparezca un fruto. En la Pirton Primary School, en Luton, Inglaterra, los niños cultivan y recolectan las calabazas que después utilizarán en Halloween. Todo un prodigio de planificación a largo plazo.
  • Desarrollar la inteligencia de las manos. Tocar la tierra siempre ha sido un placer para los niños. Realizar con las manos actividades que tienen un sentido, que dan un fruto que ellos mismos pueden cosechar, y hacerlo de forma cuidadosa y precisa los ayuda a estructurar su mente de una forma muy distinta a cuando están aprendiendo cosas que están escritas sobre un papel. Incluso los niños que tienen problemas de concentración en la inmovilidad de un aula convencional encuentran en la clase de horticultura una forma de aprender en movimiento que encaja mejor con la forma en la que los niños pequeños aprenden de forma natural: a través de la experiencia.
  • Afrontar las dificultades reales de un huerto también es una escuela de vida para los niños. Además de los inevitables tiempos de espera, enfrentarse a los contratiempos imprevistos normales de cualquier tarea campestre (insectos que se comen las verduras, plantas que no prosperan...) obliga a los niños a ser creativos para resolver esos problemas, después de digerir la propia decepción porque las cosas no han salido como estaba previsto. Esa necesidad de afrontar las dificultades y buscar soluciones creativas e inéditas contrasta con el proceso convencional de adquisición de conocimientos, en el que lo que el niño debe aprender está determinado de antemano.

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