Todas las claves para un sueño seguro

GUÍA SUEÑO INFANTIL

Todas las claves para un sueño seguro

Tanto si el bebé duerme con nosotros como si no, necesitaremos tomar algunas precauciones. Durante los primeros meses, cuando todavía no puede girarse solo, es vital que esté boca arriba.

Luis Ruiz, Rosa Jové

19 de febrero de 2018, 19:52 | Actualizado a

Para madres y padres, la seguridad de nuestros hijos es prioritaria, por eso no les quitamos ojo durante el día. Pero ¿cómo hacerlo cuando dormimos? ¿Cómo podemos garantizar su seguridad por la noche?

Tanto si el niño duerme en la cuna o el moisés como si lo hace con nosotros, hay que tener en cuenta unas medidas de seguridad, válidas para cualquier forma de dormir:

1. Siempre boca arriba

La primera, y seguramente la más importante, es que los niños no deben acostarse boca abajo. Desde que hace años se cambió esta práctica, la incidencia de la "muerte en la cuna" descendió significativamente y por eso todos los organismos oficiales lo recomiendan. Acostarlos de lado, aunque fue la estrategia utilizada por muchos padres cuando se prohibió acostarlos boca abajo, tampoco se recomienda actualmente. ¿Hasta cuándo? Hasta que el bebé sepa girarse solo al dormir. En ese momento, ya podemos acostarlo de lado.

2. Sobre una superficie firme

En segundo lugar, la superficie donde duerme el bebé debe ser firme. Los colchones actuales lo son, en cambio son inadecuados los colchones de agua, los excesivamente blandos y los sofás, ya que el bebé podría quedar atrapado entre los pliegues blandos de ese tipo de superficies o con la cabeza entre ellos.

Lo mismo sucede con las almohadas: se han de evitar hasta los dos años. No la necesita y podría forzar la curvatura de su cuello, pero, además, si el niño se diera la vuelta boca abajo, pasaría como con los colchones muy blandos: su cabeza quedaría atrapada, con peligro de asfixia.

A partir de los dos años puede usar almohada (aunque sigue sin ser necesaria). Vigilemos que sea delgada, no muy blanda y del mismo tamaño que la cuna. Los materiales mejor que sean de fibra, que permitan la oxigenación y la respiración.

Por último, es preferible escoger una lavable, ya que los niños suelen regurgitar o vomitar si están enfermos, y con funda.

Vigile que no quede espacio entre el colchón y la pared o el cabezal para que el bebé no se pueda quedar atrapado.

Durmiendo con los padres con seguridad

Cuando un bebé comparte cama con sus padres (colecho), además de las recomendaciones generales explicadas en este artículo, hay que tomar algunas medidas adicionales para prevenir posibles accidentes.

Muchas organizaciones aconsejan dormir con el bebé porque -entre otros múltiples beneficios- fomenta la lactancia materna y contribuye a reducir el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.

  • En primer lugar, hay que evitar cualquier situación que implique que los padres no puedan vigilar a sus hijos; por ejemplo, que estén bajo los efectos de alguna droga o del alcohol o de alguna medicación que impida que se despierten.
  • Si alguno de los padres está muy enfermo, también se desestima la práctica del colecho. Con fiebre alta o bajo los efectos de algún fármaco, es obvio que no se está en condiciones de atender adecuadamente al bebé.
  • Y si la enfermedad es contagiosa, evidentemente es mejor mantenerse alejado del bebé. Pero como es difícil que los dos padres estén en esa situación a la vez, el que está sano puede seguir durmiendo con él.

Cómo evitar que se caiga de la cama

  • Que duerma entre los dos padres es una de las opciones para evitar este tipo de accidentes. Otra es que se coloque una barandilla en el lado de la cama donde duerme.
  • Son muy adecuadas las cunas sidecar (cunas que no tienen un lateral y se unen a la cama de los padres) porque permiten dormir con los padres y sentirlos cerca.

Otras medidas preventivas

  • Los padres transmitimos naturalmente calor, así que a veces puede ser conveniente controlar la temperatura: puede ponerse el termostato de la calefacción entre 16 y 18 grados, o bien vestirlo ligero de ropa.
  • En el caso de que sean los hermanos los que duerman juntos sin sus padres, el más pequeño debería tener unos 9 meses de edad de desarrollo para que sea autónomo en la cama, pueda darse la vuelta o apartar la mano de su hermano mayor.

Chupete, ¿sí o no?

Hay evidencias científicas de que la succión disminuye el riesgo de muerte súbita del lactante.
Si toma lactancia materna, hay que esperar a que esté bien establecida. Normalmente, ya lo está hacia el mes de vida, cuando se incrementa el riesgo de muerte súbita.
El chupete puede desvelar problemas en la lactancia. Hay que ver si la succión y el crecimiento del bebé son los adecuados. Pues su uso puede interferir en la lactancia.

Síndrome de muerte súbita

Se habla de muerte súbita del lactante (SMSL) cuando el bebé fallece de forma inesperada y sin causa médica aparente. Ocurre en el primer año de vida, pero especialmente entre el 2° y 4° mes.

Es diferente del niño que muere asfixiado de forma accidental o violenta, por la aspiración de un vómito, por un cuadro infeccioso fulminante o por trastorno cardiaco, metabólico o neurológico congénito no descubierto previamente.

Entre los factores que favorecen el SMSL se han identificado:

  • dormir boca abajo
  • ambiente tabáquico
  • calor excesivo
  • alcohol materno.

Dormir junto a los padres y la lactancia materna son factores que han demostrado disminuir su incidencia.

Si su hijo debe estar reclinado, como sucede en caso de reflujo, es mejor elevar el colchón que utilizar almohadas.

En cuanto a la ropa de cama, se desaconsejan los edredones de plumas porque son alergénicos y pueden soltar plumas que acaben introduciéndose en la boca.

El acaloramiento del bebé durante el sueño es un factor de sofoco y muerte súbita. No lo tapes en exceso. Una buena medida es hacerlo tal y como te taparías tú. Una temperatura entre 16 y18 grados es adecuada para dormir.

Se desaconseja que los padres fumen en la habitación donde duerme el niño, aunque la ventilen antes de acostarlo. El humo contiene partículas que se depositan en mantas, colchones, cortinas..., y al moverlos se desprenden al aire.

Por la misma razón, no se debería fumar en el resto de la casa. También se considera peligroso que el bebé duerma con animales de compañía.

Si eliges la cuna

Además de todas estas recomendaciones, si nuestro bebé duerme en una cuna, la forma más efectiva de buscar seguridad es pidiendo a los fabricantes que cumplan la normativa europea UNE-E 716-1 (debe constar el logo UE en la etiqueta).

  • La separación entre barrotes debe ser de menos de 6 centímetros para evitar que el niño pase su cabecita, y mayor de 4,5 cm para que pueda pasar las manitas sin que queden atrapadas.
  • La altura de los barrotes también es importante para evitar caídas. La mayoría de las cunas permiten colocar el colchón en diferentes posiciones, en este caso la altura mínima por dentro es 30 cm (como un moisés más o menos) y el máximo 60 cm para que la madre llegue a coger al bebé. A partir de aquí, hay que adaptarla a sus medidas: si ya se sienta o se levanta deberíamos vigilar que la altura de los barrotes supere la de su pecho para que, si se inclina hacia fuera, el peso de su cuerpo no le venza y se caiga.
  • La barandilla es mejor que sea fija. Si es de las que sube y baja, hay que vigilar que el sistema funcione adecuadamente, pues es motivo frecuente de accidentes.
  • El barniz o pintura no debe ser tóxico porque los niños tienden a chuparlo. Sobre todo que no contenga plomo, un componente muy habitual en la pintura de hace 30 años. Si tiene calcomanías, deben estar fuera de su alcance, no ser tóxicas y que no se puedan arrancar.
  • Los protectores acolchados en los laterales se colocan para evitar que el niño se golpee con los barrotes, pero últimamente muchos organismos que velan por la seguridad infantil los desaconsejan por el peligro de asfixia. La Academia Americana de Pediatría no los recomienda por ese motivo y porque contribuyen a la reinhalación de aire. Los bebés tienden a buscar el contacto de su cabeza con los barrotes y su carita siempre queda cerca del protector, si es tan denso que reduce el flujo de aire en la cunatambién es peligroso, y uno de los factores que contribuyen al síndrome de muerte súbita del lactante.
  • El colchón ha de tener la medida adecuada: no han de quedar más de dos dedos de separación entre la cuna y el colchón para evitar que alguna extremidad quede atrapada. Los fabricantes están obligados a poner la medida óptima en el etiquetaje. El colchón como mínimo debe hacer 1,31 cm de largo por 60 de ancho. Y la cuna debe ser 20 cm más larga que el bebé, si no es así, es pequeña y hay que cambiarla.
  • Verificar que no se tambalee, ya que indica que alguna de sus partes o enganches no están bien sujetos y se pueden soltar. Es importante porque los niños suelen agarrarse a la cuna de pie y les gusta moverla y mecerla, y pueden provocar que algún componente se suelte.
  • Dos de las patas han de ser fijas para evitar que la cuna se mueva, aunque esté alejada de sitios peligrosos Y, si llevan cuatro ruedas, al menos dos han de tener freno.

Las organizaciones que velan por la seguridad infantil también han estudiado el lugar en donde se coloca la cuna y aconsejan que no esté al lado de ventanas (sobre todo si no están cerradas), o de cortinajes y persianas, por riesgo de accidentes y asfixia.

Finalmente, vigilaremos qué ponemos dentro de la cuna. Muchos padres, cuando los niños duermen solos, usan monitores. Es mejor que sean inalámbricos o, si son con cable, deben estar lejos de la cuna.