La vuelta a casa con bebés prematuros

MOMENTOS ESPECIALES

La vuelta a casa con bebés prematuros

Han llegado demasiado pronto y necesitan intimidad y calor. El contacto físico continuado nos permitirá adaptarnos y conocernos mejor.

Laura Gutman

25 de junio de 2018, 19:17 | Actualizado a

Es importante reflexionar sobre el aumento del número de bebés que nacen antes de tiempo para abordar, en primer lugar, la posible prevención y, en segundo, para determinar qué podemos hacer madres y bebés para atravesar en las mejores condiciones esta etapa sumamente delicada, tanto en relación a la salud como respecto a la trama vincular.

Los motivos por los que cada vez hay más bebés que nacen antes de la fecha probable de parto son variados. En principio, la intensa actividad que las mujeres desplegamos en el último trimestre –pretendiendo “resolverlo todo antes del parto”– suele ser una causa frecuente, ya que el bebé, aunque viene dando señales pidiendo calma e introspección, no suele ser tomado en cuenta. Entonces, simplemente... nace. De ese modo nos da a entender que su presencia es innegable. Otra razón, invisible pero reiterada, es la costumbre por parte de los médicos de provocar los partos “porque ya estamos en la semana 38”, o en la 39, o en la 40. Las ecografías son inexactas y con la masificación de las rutinas para provocar y conducir los partos no hacemos más que aumentar en similares proporciones la cantidad de bebés nacidos prematuramente. Podemos calcular que un embarazo está transitando la semana 39, pero después terminaremos constatando que el bebé tenía menos tiempo de gestación.

Otro hecho lamentable es que a las mujeres que hemos sido sometidas a una cesárea en el pasado ésta se nos impone de nuevo, y programada antes de tiempo. El bebé nace “sin terminar”. Es imposible saber cuándo hubiera nacido si lo hubiéramos dejado en paz. Quizás una semana más tarde, o dos, o tres.

Superar las dificultades

Los bebés que sólo necesitan ganar peso no tienen que sortear grandes obstáculos. Simplemente precisan calor, alimento permanente y brazos. Hay bebés prematuros que necesitan respirador. Algunos requieren ayuda para alimentarse porque no tienen fuerza suficiente para succionar. Otros tienen una dificultad adicional: el reflujo. Sucede que el aparato digestivo aún no ha terminado de madurar y el bebé regurgita la leche materna. Esto es doloroso para el bebé, y estresante y angustiante para los padres. Generalmente se resuelve con el tiempo; cuando el aparato digestivo termina de madurar.

En todos los casos, que un bebé nazca prematuro es una complicación y un sufrimiento para todos, más allá de que contemos con tecnología para que la mayoría pueda superar sus dificultades. Pero sin duda alguna, sería muchísimo más sencillo ofrecer a las embarazadas y a los bebés las mejores condiciones para que éstos nazcan a término.

En nuestra mano

Sería ideal ir bajando progresivamente el ritmo de nuestras actividades durante el último trimestre, dedicándonos a descansar, caminar, dormir, meditar y respirar aire puro. Seguramente tendremos muchísimas razones que nos impidan hacer todo eso. Pero cuando el bebé nace antes de tiempo, de cualquier manera nos vemos obligadas a posponer todas las actividades hacia un futuro incierto. Porque él estará en cuidados intensivos –o con suerte en nuestros brazos– muy necesitado de atención y presencia. Es decir, de todas maneras no podremos cumplir con nuestras expectativas.

Sería muy importante informarse bien y reflexionar sobre los motivos por los que aceptaríamos una inducción del parto cuando no han empezado las contracciones. Todas las mujeres tenemos contracciones. Si no las tenemos –o no dilatamos– es porque simplemente aún nos toca esperar. Es nuestra responsabilidad hacer todas las preguntas pertinentes a nuestro médico, o incluso cambiar de profesional si no estamos cómodas con sus planteamientos. Es nuestro parto, es nuestro cuerpo, es nuestro hijo y esas decisiones nos pertenecen.

La recta final

Todas las mujeres embarazadas estamos muy pesadas y cansadas durante el último mes. Todas quisiéramos atravesar el parto “ya” y no tener más temores al respecto. Todas nos sentimos atraídas por la invitación del obstetra cuando nos dice con seguridad: “Si este fin de semana no nace, el lunes lo provocamos”. Porque así podemos controlar algo y terminamos de una vez un período de mucho desgaste.

Sin embargo, el último mes de embarazo, aunque cansado y agobiante, es mucho menos complejo que sostener a un bebé a quien le faltan tres semanas –o cuatro, o cinco– para terminar de madurar, ya que en esos casos tendrá que hacerlo dolorosamente fuera del vientre materno. Siempre es mejor “tolerar” el último tramo del embarazo, por nosotras y por nuestros hijos.

Mitigar la separación

Si nuestro bebé ha nacido prematuramente, tratemos de estar presentes en la sala de cuidados neonatales todo el tiempo que el personal médico nos lo permita. Por otra parte, los profesionales especializados en lactancia podrán ayudarnos a estimular nuestro pecho para producir leche e ir logrando, poco a poco, el mayor acercamiento posible con nuestro hijo.

Cuando un bebé ha tenido complicaciones de salud y ha pasado mucho tiempo en las salas de cuidados neonatales se produce un hecho que vale la pena nombrar y ante el que, generalmente, sentimos pudor o culpa: nuestro bebé nos resulta un desconocido. Tenemos miedo de que llegue el día de llevarlo a casa porque no sabemos qué haremos con él. Sin embargo, se supone que una buena madre sólo espera ansiosamente llevarse a su niño a casa. Entonces, ¿a quién le confesaremos que tenemos miedo? ¿A quién le diremos que nos parece devastador llevarnos un bebé demasiado frágil? ¿Quién querrá escuchar que no sabremos ocuparnos de él?

Estas sensaciones son reales y tienen su razón de ser. No hemos tenido intimidad, ni tiempo a solas, ni lactancia, ni conocimiento mutuo. Por el contrario, las intervenciones, análisis y controles médicos han sido las estrellas de lujo permanentes desde el nacimiento.

Es importante saber que es complejo sentir a este hijo como propio.

El mayor desafío será, justamente, ir logrando intimidad y conocimiento mutuo.

Al llegar a casa

El bebé que nace antes de lo que le tocaba es más pequeño de lo “normal”. Por lo tanto, es más frágil, duerme menos, se alimenta más seguido y necesita recuperar el tiempo perdido. La mayor dificultad que tenemos las madres con un bebé prematuro es que hemos perdido la confianza en nosotras mismas y hemos delegado toda la sabiduría y la sensatez en el personal médico, que se ha ocupado totalmente del niño desde que nació hasta el momento de “entregárnoslo en condiciones”. Nos abruma su fragilidad y su tamaño. Sabemos que necesita cuidados especiales. Es muy pequeñito. Pero sobre todo no lo sentimos “nuestro”. Incluso le tenemos miedo. A veces nos sorprende porque no llora ni reclama. Se comporta como si supiera pasar desapercibido.

Estos bebés necesitan recuperar el tiempo perdido en relación al contacto físico, los mimos y la compañía permanente. Recuperar a un bebé prematuro puede resultar más sencillo si lo llevamos con un pañuelo, un fular, una mochila portabebés o con el sistema que nos resulte cómodo. De este modo podremos tenerlo las 24 horas en contacto permanente con nuestro cuerpo. En muchas ocasiones desearemos recuperar la lactancia; para conseguirlo, las indicaciones son las mismas: contacto permanente tanto de día como de noche.

Hacia la "normalidad"

En estos casos, dormir con el bebé es prácticamente indispensable si pretendemos que gane peso con rapidez. Por otra parte, si no llora mucho o se duerme a los pocos minutos de mamar, será cuestión de tenerlo en brazos todo el tiempo, hasta que comprenda que ahora sí está en brazos de su madre y que merece reclamar porque será atendido inmediatamente, en contraposición a la experiencia en el hospital, donde el personal respondía dentro de un cierto orden para atender a todos los bebés internados. Cuando un bebé prematuro empieza a llorar en serio podemos decir que ya está en las mismas condiciones que uno nacido a término. Y esa es una circunstancia para festejar.

Convertirlo en propio

  • Una de las mayores dificultades para establecer el vínculo amoroso entre nosotras y nuestro hijo es el lapso de tiempo que puede haber transcurrido entre el nacimiento propiamente dicho y el momento de reencontrarnos en el contacto visual y en el olfato.
  • Cuanto más tiempo pasa, más difícil es el reconocimiento de ese hijo como propio. Por eso, dependemos de la intención consciente de recuperar al niño. Para ello necesitaremos tiempo, silencio, intimidad, confianza, apoyo incondicional, palabras suaves, caricias, amor, entrega, tranquilidad, apertura y fe.
  • Él también está buscando apropiarse de su madre. Hay un hecho muy importante: la intimidad entre los dos. Un bebé prematuro requiere muchos cuidados, por eso suele haber muchas personas circulando por casa. Deleguemos todo lo que no sea el contacto corporal con el bebé. Cada uno emprendió el camino de regreso a casa. Sólo tenemos que encontrarnos.


Cuidados para un bebé muy especial

  • Intentemos ofrecer al pequeño un confort similar al del vientre materno.
  • Necesita “re-conocernos” y las madres necesitamos “re-conocer” a nuestro hijo. Esto lleva tiempo y dedicación.
  • Tratemos que esté las 24 horas sobre un cuerpo humano. Si la madre no está disponible, este cuerpo puede ser el de otra persona cariñosa.
  • Es deseable que no pase de mano en mano y que sea alzado sólo por sus padres y hermanos, o como máximo por la persona cuidadora.
  • El pecho debería estar siempre disponible, ya que si es muy pequeño, tomará poca cantidad pero muy a menudo.
  • El mejor estímulo que se le puede ofrecer es permanecer sobre el cuerpo materno.
  • Mantenerlo apretado, como si estuviera dentro del vientre materno, sería ideal.
  • Está haciendo grandes esfuerzos para sobrevivir, merece un esfuerzo similar por parte de la madre.
  • Cuando consiga alcanzar el peso adecuado, conviene que dejéis de considerarlo un bebé prematuro.


Un desafío del que poder aprender

Estar en una unidad de cuidados intensivos de neonatología con un hijo es una experiencia difícil. Nuestro cuerpo, nuestras emociones, se quedan a mitad de camino cuando todo pasa tan de repente. Lo cierto es que se es madre de un modo distinto. El hijo ideal que imaginábamos en nada se parece a ese ser maravilloso que está frente a nosotros en una incubadora. Un hijo al que amas, pero al que también temes hacer daño cuando los aparatos para controlar la respiración y el ritmo cardíaco dan su señal de alarma... Emociones contradictorias que, sin embargo, no te impiden descubrir tu maravilloso instinto cuando por fin logras abrazarlo por primera vez. No hay nada ni nadie que durante esos minutos pueda ser más grave, más fuerte o más importante.

Después hay que adaptarse a otro proceso, ni mejor ni peor, sólo diferente: a la ansiedad ante cada despedida, a la permanente y constante preocupación por su salud en las primeras semanas. Al miedo diario cuando gana 20 gramos pero pierde 25. Y así aprendemos de ellos, grandes luchadores, y también de nosotras. Porque así como cada bebé es diferente, nadie vive un nacimiento anticipado del mismo modo, excepto en lo que se refiere a dedicación y amor.

Este último fragmento es de Nora Rodríguez madre de un bebé prematuro, pedagoga y escritora. Autora, entre otros, de Hijos prematuros, amor infinito (La Esfera de los Libros)

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