8 beneficios del yoga para embarazadas

EMBARAZO SANO

8 beneficios del yoga para embarazadas

Una vez lo hayas probado, te sentirás tan bien que no podrás dejarlo. Y después del parto, el bebé también te puede acompañar, así que ¡no hay excusas!

Imma Campos

15 de febrero de 2018, 07:00 | Actualizado a

Si estás embarazada, ya te habrás dado cuenta de que esta etapa es un auténtico reto para el cuerpo. Día a día notas que algo en ti está cambiando: tus pechos y tu barriga se hacen más grandes, tienes sueño a todas horas, estás más sensible... Y todo para que el bebé crezca. ¿No te parece absolutamente fascinante? ¡La Naturaleza lo tiene todo previsto!

Sin embargo, en muchas ocasiones el ritmo de la vida diaria, las creencias y las costumbres sociales pueden dificultar que esta sabiduría del cuerpo se exprese y causen dificultades, pero existen distintas opciones que te ayudarán a recuperar el bienestar. El yoga es una de ellas, ¿y cómo lo hace? Te lo explicamos a continuación.

  1. Armoniza cuerpo, mente y espíritu abriendo un espacio de conexión con el estado interno de tu ser y las necesidades que tengas en cada momento. Esto es muy importante en un momento tan especial como el que estás viviendo, porque genera calma mental, lo que te permite sentir con claridad qué está ocurriendo en tu interior y qué necesitas recolocar en el exterior para que todo fluya en armonía.
  2. Te mantiene ágil, fuerte y flexible. Gracias al movimiento consciente a través de las asanas (posturas), unido a la respiración y a la relajación, se liberan las tensiones que se pueden acumular por la recolocación que está haciendo tu cuerpo (de la columna, de la pelvis...) y se restablece el bienestar en esas zonas del cuerpo. Piensa que la lesión de los tejidos, y por lo tanto el dolor que sientes, es el fruto de los bloqueos en el campo energético que generan las emociones negativas grabadas en tu ser.
  3. Reequilibra tu sistema nervioso autónomo, que es el responsable de regular todas aquellas funciones vitales que no dependen de tu voluntad (el latir del corazón, la respiración, la digestión, la circulación de la sangre, el sueño, la segregación de hormonas...) y en gran medida de la gestación, el parto y la crianza. Como el yoga actúa directamente sobre este sistema, en las clases hemos podido observar que las mujeres embarazadas manifiestan tener menos síntomas negativos asociados a la gestación, porque reequilibramos internamente todo el sistema hormonal y metabólico.
  4. Ayuda al bebé a crecer. Cuando no te adaptas de la manera adecuada a los cambios que se producen durante la gestación, puede ocurrir que aparezca estrés físico y mental. ¿Y cómo afecta esto al embarazo? Como bien sabes el estrés genera cortisol, pero lo que posiblemente no es tan conocido es que esta hormona es un inhibidor del crecimiento del bebé. La relajación es la técnica por excelencia para ayudar a mantener bajos los niveles de estas hormonas nocivas para el desarrollo de un buen embarazo, razón por la cual al practicar yoga estás fomentando que tu hijo crezca sin ninguna clase de dificultad.
  5. Favorece que el parto sea más fácil. En las sesiones de yoga tienes el espacio ideal para conectar con la magia de la creación, con tu capacidad de dar vida, de ayudar a tu hijo a nacer y a crecer. Entonces esos instantes de conexión con la grandeza de la creación quedan grabados en tu memoria celular para despertar el día del parto, ayudando a que evolucione de una manera natural.
  6. Te permite sentir. ¿A que parece fácil? Pues en el día a día lo más habitual es hacer en lugar de sentir, y las emociones juegan un papel fundamental en la vida; reconocerlas, sentirlas y liberarlas nos proporciona paz interna. Al estar embarazada te habrás dado cuenta de que estás más sensible, de que percibes con mayor intensidad cómo te sientes y qué necesitas en cada momento. Acostumbrarte a estar en contacto con tus emociones es muy interesante para tu vida, pero aún lo es más tener herramientas que te ayuden a gestionarlas. La respiración que propone el yoga es una gran aliada.
  7. Fomenta tu intuición. Todo ser humano la tiene, pero en general algo dormida. En cambio, en el embarazo se despierta. La meditación y el silencio te ayudan a reconocer ese proceso que renace para que lo puedas aprovechar como guía de este ciclo vital. La intuición es la voz de tu interior que te indica qué camino tomar para que todo fluya mejor.
  8. Te enseña a confiar en ti. El yoga orienta tus pasos hacia tu interior para que recuerdes el conocimiento que ya está en ti y recuperes tu poder. Ser madre hace que tengas que tomar muchas decisiones, pero, tranquila, dispones de la intuición y la sabiduría interna para que te guíen.

Practicando yoga también aprendes a vivir en el presente, a aceptarte tal y como eres, a confiar en ti y en los demás, te conecta con la alegría de vivir y despierta el amor en tu corazón. ¿Crees que eso le puede servir al nuevo ser que viene en camino? Recuerda que él también practica yoga contigo. Y cuando esta ciencia milenaria forma parte de tu día a día, el amor y la confianza en la vida se van volviendo la base de tu vida y de tu familia. Y aquí reside el gran cambio en la humanidad, en cada útero que gesta desde el amor y la confianza.

¿Cómo son las clases para embarazadas?

Lo más importante, sobre todo si es la primera toma de contacto que tienes con el yoga, es que busques un profesional especializado en trabajar con embarazadas. Así te aseguras de que entiende cuáles son tus necesidades.

  • La sesión comienza dando un espacio para aquietar nuestro cuerpo y nuestra mente, para después poder conectar con el bebé. Para eso colocaremos las manos sobre el vientre y lo invitaremos a participar. Abrimos el espacio entonando el mantra que elijamos.
  • Seguimos trabajando con el cuerpo y la respiración consciente: las asanas o posturas van a permitir movilizar la columna en las diferentes direcciones, desbloquear la cintura pélvica y la escapular, así como fortalecer los brazos y las piernas.
  • Incluimos un momento para hacer algún ejercicio específico con la respiración o pranayama y con la musculatura perineal. Como especial, también añadiremos algún instante donde practicar movimientos libres y vocalización, algo imprescindible para el parto.
  • Seguimos con una relajación para integrar todo lo vivido y, finalmente, nos colocamos en la postura de meditación -sentada, con la espalda recta, las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas- para entrar en el espacio intuitivo del ser, donde desde el silencio de nuestra mente recibimos los mensajes de nuestro interior. Este es uno de los momentos más importantes de la sesión.
  • En algunos casos, tendremos que adaptar mucho la forma de practicar yoga, porque las circunstancias de la mujer embarazada así lo requiere. Incluso es posible que no pueda ni tan siquiera acudir a clase, por ejemplo, si necesita hacer reposo porque corre el riesgo de tener un parto prematuro. Pues bien, hasta en estos casos es posible practicar yoga; eso sí, nos centraremos en el trabajo que se realiza con la respiración, la relajación, la meditación y la oración.
  • Sea cual sea tu situación, anímate a probarlo y podrás disfrutar en tu propio ser de todos estos beneficios que te hemos explicado. Además, aunque parece pasivo, se hace un gran trabajo que también te ayudará a mantenerte en forma.

¿Cuándo se puede empezar a practicar?

Desde el primer momento

No hay ningún inconveniente en comenzar las sesiones de yoga en cuanto sepas que estás embarazada. Si no lo habías practicado antes, empezaremos con clases cortas y ejercicios sencillos. En cambio, si ya forma parte de tu vida y conoces bien tu cuerpo, con solo escucharlo sabrás cómo ir adaptando la sesión a tu estado.

Me siento bien, ¡quiero más!

A medida que sigas practicando vas a notar que tu cuerpo se fortalece. El segundo trimestre es un momento de asentamiento, aceptación, reconocimiento y fortaleza. El bebé se mueve y tu cuerpo hormonalmente está entregado a ese proceso. En esta
etapa observamos que a las mujeres os apetecen los retos físicos. Deseáis sentiros fuertes, capaces y poderosas.
En estas sesiones te proponemos más asanas (posturas), tiempos largos en ellas, ejercicios de pie, respiraciones específicas o pranayamas y meditaciones dinámicas.

Conectada a la tierra

Durante el tercer trimestre el cuerpo ha cambiado mucho, se ha expandido, y la conciencia también está adoptando impor-
tantes modificaciones. Comienzas a entrar en la entrega, en la apertura, en la distensión y en la relajación.
En las sesiones de yoga realizaremos muchos ejercicios en el suelo: posturas a cuatro patas, grandes aperturas, movimientos circulares, danzas meditativas, así como vocalizaciones.

Meditación, relajación

El yoga lo asociamos sobre todo a las posturas, pero en realidad es mucho más. Por eso, cuando hay alguna dificultad en el embarazo que impide practicar asanas, todavía es más importante realizar alguna de estas técnicas que ayudan a disminuir la tensión interna del cuerpo, a aquietar la mente, a reequilibrar todo el sistema energético y a restablecer el bienestar.

Prueba con estos primeros ejercicios

Siéntate con las piernas cruzadas, coloca las manos juntas en tu pecho y canta tres veces el mantra OM. Luego coloca una mano en tu vientre y otra en tu pecho; cuando inspires, expande tu vientre y después tu pecho, y al exhalar, desciende tu pecho, seguido de tu vientre que irá hacia dentro.

Una vez hecho este ejercicio, pon tus manos sobre las rodillas y empieza a hacer círculos con la pelvis. Cuando vayas hacia delante, inspira y abre el pecho, y cuando vayas hacia atrás, espira el aire que has cogido antes.

Colócate a cuatro patas. Al soltar el aire curva tu columna como hacen los gatos cuando se enfadan, y al inspirar abre tu pecho y estira tu columna. Después de varias repeticiones, estira una pierna hacia atrás cuando tomas aire, y al soltarlo lleva la rodilla al pecho, lo que puedas. Una vez hayas hecho varias repeticiones, cambias de pierna.

Para continuar con la sesión, te estiras boca arriba y llevas las rodillas al pecho, separándolas para dejar espacio al bebé entre tus piernas. Te coges las rodillas y con cada espiración contraes el periné. En esta misma postura, coloca los brazos en cruz, deja caer tus rodillas hacia un lado, dirige la mirada hacia el otro y respira largo y profundo varias veces. Cambia de lado, y después de unas respiraciones te tumbas de costado y te relajas unos minutos.

Para finalizar, siéntate, coloca tus manos en el vientre y observa tu respiración sin intervenir en ella. Cierra la sesión como la iniciaste, con tus manos juntas sobre pecho y cantando tres veces OM.

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