Cambios en la presión arterial

EMBARAZO SANO

Cambios en la presión arterial

Que sea más alta durante el embarazo puede deberse a un mecanismo natural para asegurar el aporte de sangre y oxígeno al bebé. Sin embargo, en algunos casos indica un problema.

Emilio Santos Leal

24 de diciembre de 2017, 17:29 | Actualizado a

La presión arterial habitual de una mujer suele mantenerse durante su embarazo; no tiene por qué aumentar. Es más, hacia la mitad del embarazo acostumbra a darse una ligera disminución, que más adelante se recupera. Sin embargo, hay una diferencia: en el embarazo, la presión arterial puede verse influida por los estados emocionales porque se vuelve más sensible a la acción de las hormonas. Por ejemplo, es más fácil que ocurra un desmayo (un síncope vasovagal). También es más fácil tener presiones arteriales demasiado altas o demasiado bajas por motivos meramente emocionales, además de por la acción de la placenta, que tiene la capacidad de regular la tensión de la mujer embarazada en función de las necesidades del bebé.

Un seguimiento continuado

Cuando te miden la presión arterial, los sanitarios obtienen dos cifras: la presión durante el latido (sistólica o máxima) y la presión entre latido y latido (diastólica o mínima). Así, la hipertensión arterial es la presión excesiva dentro de las arterias, cuando la sistólica es mayor de 140 mmHg (milímetros de mercurio) o la diastólica mayor de 90.

¿Se puede tener un día la presión alta sin ser hipertensa? Sí. El miedo, la ansiedad, el estrés, el frío, el ejercicio o la vejiga llena aumentan la presión arterial. Para que una nueva medición sea fiable, la presión debe tomarse en un ambiente de calma y calidez, tras descansar al menos cinco minutos.

Por otra parte, ¿es grave la hipertensión en el embarazo? En realidad, una elevación de la presión en el embarazo no siempre indica un problema. Cuando hay una hipertensión que se mantiene, lo importante es observar el conjunto de síntomas para valorar si estamos ante un problema de salud o solo ante una modificación fisiológica y transitoria de la tensión.

La gravedad no radica en la presión alta en sí misma sino en las alteraciones que pueden estar detrás. En concreto, la hipertensión puede ser la primera manifestación de un trastorno peligroso llamado preeclampsia, que puede dañar tanto a la madre como al bebé. Por ello, cuando aparece hipertensión es necesario hacer un estudio y un seguimiento, ya que en algunos casos es necesario terminar el embarazo mediante la inducción del parto o una cesárea. Obviamente, es vital que los médicos tengan presentes las características de los diferentes tipos de hipertensión.

Hipertensión crónica

Es la hipertensión que ya existía antes de la gestación. Si tienes hipertensión en la primera mitad del embarazo, probablemente se trata de hipertensión crónica. Muchas veces coincide con obesidad, edad elevada, estrés, diabetes u otros trastornos. Si eres hipertensa y te quedas embarazada, debes seguir con tu presión arterial controlada mediante medicación. Si alguno de los medicamentos que tomabas antes del embarazo era un inhibidor de la enzima conversora de angiotensina o bloqueante de la angiotensina, o atenolol, sería bueno que hubieras cambiado a otro antihipertensivo. Según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), los medicamentos preferidos en el embarazo son alfa-metildopa, labetalol, hidralacina o nifedipino. Cualquier mujer hipertensa que busque un embarazo tiene que visitar a su médico.

Hipertensión gestacional

Es la que aparece por primera vez en la segunda mitad de un embarazo. Lo importante en este tipo de hipertensión es estar seguros de que no se trata de preeclampsia. Por ello, si se detecta hipertensión pasadas las veinte semanas de gestación, es importante realizar una revisión médica que incluya pruebas de orina. Saber que no tienes preeclampsia es el motivo de que se te tome la presión en todas las consultas de la segunda mitad del embarazo: se debe hacer una vez al mes.

Preeclampsia

La preeclampsia es una hipertensión arterial que aparece en la segunda mitad del embarazo. Va acompañada de presencia de proteínas en la orina y, a veces, una rápida hinchazón generalizada (en una semana se puede ganar medio kilo o más). Si se mantiene como preeclampsia leve, no pasa nada, no necesita tratamiento médico. Sin embargo, ante la posibilidad de que se agrave, un buen diagnóstico requiere el ingreso hospitalario de la mujer para seguir su evolución durante los primeros días y vigilar en todo momento que no se agrave. Esta vigilancia estrecha consiste en analíticas de sangre y orina (para saber que no es grave para la madre) y ecografías Doppler (para saber que no es grave para el bebé).

Preeclampsia grave

Los signos que indican que la preeclampsia es grave son:

  • Presión sistólica superior a 160 mmHg.
  • Presión diastólica superior a 110 mmHg.
  • Una cantidad de proteínas en orina superior a 2 gramos en 24 horas.
  • Disminución de la orina: menos de medio litro en 24 horas.
  • Creatinina en sangre: más de 1,2 miligramos por decilitro.
  • Alteraciones cerebrales: dolor de cabeza severo o exceso de reflejos.
  • Visión de manchas negras, visión borrosa o ceguera en un ojo.
  • Encharcamiento del pulmón.
  • Coloración azulada de los labios.
  • Dolor en la zona del estómago o del hígado.
  • Coagulación Intravascular Diseminada (CID).
  • Crecimiento retardado del bebé intrauterino o alteración de los flujos sanguíneos detectada en la ecografía Doppler.
  • Eclampsia.
  • Síndrome HELLP.

Todos estos signos son la expresión medible de la afectación que la preeclampsia puede causar en los vasos sanguíneos, los riñones, el cerebro, los pulmones, el hígado, la sangre, la placenta o el bebé.

La madre puede ver afectados todos los órganos de su cuerpo. Los riñones no funcionan bien y dejan escapar proteínas a la orina. El hígado no funciona bien y no produce suficientes factores de coagulación. El cerebro puede estar afectado y la mujer puede tener dolores de cabeza, ver “luces” y, en casos graves, tener convulsiones. Puede haber alteración de los reflejos. Los vasos sanguíneos pueden estar afectados y causar hipertensión y también disminuir la llegada de nutrientes al bebé...

Las complicaciones para el bebé radican en que existe una insuficiencia placentaria, es decir, una incapacidad de la placenta para hacer que el bebé se oxigene o crezca, por lo que puede ser pequeño para su edad gestacional.

Eclampsia

Estamos ante una eclampsia cuando una preeclampsia grave afecta al cerebro hasta el punto de producir convulsiones parecidas a las de la epilepsia. Si no se interviene, puede causar la muerte de la embarazada o del bebé.

Hasta hace unos años, tanto la preeclampsia como la eclampsia se conocían con el nombre de “toxemia del embarazo”, ya que se creía que estaban causadas por algún tipo de toxina.

Síndrome HELLP

Se trata de una preeclampsia acompañada de una afectación del hígado y la sangre tan grave como para causar alguno de estos signos:

  • Rotura de los glóbulos rojos.
  • Alteración del hígado en las pruebas analíticas.
  • Menos de 100.000 plaquetas por milímetro cúbico.

Buscando soluciones

Como hemos visto, la causa del daño al bebé es la afectación de los vasos sanguíneos de la placenta, que impiden un flujo adecuado de sangre. En cambio, la causa del daño a la mujer embarazada es la afectación de sus capilares sanguíneos, que impiden un flujo adecuado de sangre al cerebro, el riñón y el hígado. Pero ¿por qué se lesionan los vasos sanguíneos?

Carecemos de respuesta. No se ha demostrado científicamente que los factores dietéticos tengan una influencia apreciable, aunque se han puesto a prueba varias hipótesis. Por ejemplo, disminuir la ingesta de proteínas y de calorías totales no parece ser beneficioso. Tampoco suplementar con vitamina C, D o E.

Podría ser que hacerlo con calcio, magnesio, selenio o bajas dosis de ácido acetilsalicílico enlenteciera el curso de la enfermedad.

¿Quien manda el bebé o la madre?

Hasta hace poco tiempo se consideraba que el bebé intrauterino dependía de la madre, es decir, se creía que lo que ocurría en la madre era la causa y lo que ocurría en el bebé era la consecuencia.

  • Sin embargo, experimentos con animales han mostrado que si a un feto de oveja o de conejo se le ocluye artificialmente el flujo del cordón umbilical dentro del útero, el flujo de sangre que la madre manda al útero disminuye inmediatamente.
  • Eso significa que el bebé intrauterino también “gobierna” a la madre en términos de presión arterial. Y que la necesidad de presión que tiene el bebé influye en la presión arterial de la madre. Por este motivo, en ocasiones puede ser mejor no bajar con medicamentos una presión moderadamente elevada. Debe estudiarse cada caso, valorando los pros y los contras.
  • La placenta vendría a ser el “abogado defensor” del bebé: envía sustancias mensajeras a la sangre de la madre, sustancias que “dicen” si hay que aumentar o disminuir la presión arterial, el nivel de glucosa o la concentración de sal, por poner algunos ejemplos. El objetivo es tener bien nutrido y oxigenado al bebé.

Las bases del tratamiento

El primer paso es hacer reposo relativo y, sobre todo, evitar los sobresfuerzos y el estrés.

Actividades adecuadas

Los deportes suaves (caminar, nadar...) ayudan, ya que al hacer ejercicio la presión sube transitoriamente, pero después queda por debajo de como estaba antes de realizar la actividad.

Cambios en la mesa

Aunque la dieta no sea determinante, es una buena idea sustituir la sal refinada por sal marina no refinada, más rica en oligoelementos, y evitar bebidas estimulantes (café, bebidas de cola, té, cacao), así como tabaco y drogas.

Recurrir a los fármacos

El médico valorará si es pertinente tomar antihipertensivos; la hipertensión puede ser un mecanismo de compensación para que no falte sangre a la placenta. Por ello, solo en algunos casos se debe tratar con medicación (bajar la presión en una preclampsia leve no ha demostrado mejorar la enfermedad y puede disminuir el flujo sanguíneo a la placenta y el bebé).

La sal marina, no refinada, es clave

  • A las personas hipertensas se les recomienda eliminar la sal de su dieta. En cambio, se ha comprobado que reducir el consumo de sal en el embarazo no tiene un gran efecto. Aun así, conviene controlar su consumo.
  • Es preferible elegir la marina yodada. La sal común enriquecida es muy pura y suele contener solo tres elementos: cloro, sodio y yodo.
  • La sal no refinada contiene los elementos presentes en el agua de mar, todos saludables en cierta cantidad –cloro, sodio, magnesio, manganeso, zinc, calcio, potasio, bromo, flúor, etc.– y su sabor es más suave y agradable.

Teorías actuales

La hipótesis genética

Las teorías actuales apuntan a que la preeclampsia es un trastorno inmunológico. La mitad de la carga genética del bebé procede de su padre, y en el embarazo, el sistema inmunológico de la madre debe hacerse más tolerante para no crear reacciones de rechazo (como en los transplantes). Según esta teoría, la preeclampsia podría ser simplemente una resistencia de esa tolerancia inmunológica a las proteínas del otro ser.

Genes "identificados"

Múltiples datos científicos apuntan a que el contacto previo de meses o años con el semen de la pareja previene la preeclampsia; el fluido seminal contiene factores reguladores del sistema inmunológico. También se sabe que las mujeres que han recibido transfusiones de sangre de su pareja tienen una menor probabilidad de tener preeclampsia y que este trastorno es típico de primeros embarazos y mujeres que llevan poco tiempo con su pareja.

Vuelta a empezar

También se sabe que el efecto protector de haber tenido embarazos previos se pierde cuando el embarazo es de una nueva pareja.

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