Cómo puedes hablar con tu bebé

EMBARAZO CONSCIENTE

La comunicación empieza en el vientre

El bebé comparte y experimenta las emociones de su madre por las hormonas que le llegan a través del torrente sanguíneo. Si la madre está relajada y feliz, él también lo estará.

Enrique Blay

23 de julio de 2018, 17:56 | Actualizado a

A menudo los descubrimientos científicos vienen a demostrar lo que ya intuíamos, y por eso a ninguna madre sorprende lo que la ciencia descubre día a día sobre la fascinante vida del bebé en el útero.

Por ejemplo, ya se sabe que durante la gestación no sólo se desarrolla el cuerpo del bebé, sino numerosas habilidades.

Y también es cada día más evidente que no sólo es capaz de sentir y comunicarse, sino que necesita sentirse amado y deseado. Eso nos permite ver la gestación como una etapa aún más especial, en la que podemos apoyar conscientemente el desarrollo psicoemocional de nuestro hijo e influir en su felicidad actual y futura.

DOS CUERPOS, UNA EMOCIÓN

El óvulo fecundado se nutre de la sangre de la madre desde el mismo momento que se adhiere a la pared del útero. En ese flujo sanguíneo viajan nutrientes, hormonas y neurotransmisores que establecen una comunicación entre zonas muy alejadas del cuerpo, incluido el bebé.

La presencia de estas moléculas mensajeras en la sangre materna son las que hacen posible, a nivel fisiológico, que las madres embarazadas se comuniquen tan íntimamente con sus bebés.

Así, si la madre está estresada, al bebé le llegarán sus hormonas del estrés a través del torrente sanguíneo, provocándole los mismos síntomas que a su madre: tensión, ansiedad, malestar... Y si está relajada y feliz, generará endorfinas que producirán en su bebé un gran bienestar.

En resumen, si la madre está feliz, el bebé también.

ACTIVIDAD PRECOZ

Al final del primer trimestre, el bebé ha desarrollado todos los sistemas principales, lo que significa que al final del tercer mes, está plenamente formado. Sus brazos, piernas, ojos, orejas y corazón han adquirido, en miniatura, la forma que tendrán a lo largo de toda su vida. Y, lo que es aún más decisivo, es en este período cuando aparecen las primeras señales apreciables de actividad cerebral, que se ha detectado incluso en la quinta semana.

Los movimientos corporales también se inician en esta época. Los primeros –en general, cambios de posición– se distinguen ya en la octava semana, aunque el movimiento activo no suele comenzar hasta la décima o undécima.

Poco a poco el niño va adquiriendo habilidad y su actividad corporal es cada vez más compleja: se ha fotografiado a bebés intrauterinos mientras se rascaban la nariz, se chupaban el pulgar, alzaban la cabeza y se estiraban.

A las 10 u 11 semanas el bebé intrauterino no sólo se mueve sino que lo hace con un propósito, por lo que los débiles trazos del electroencefalograma –ondas cerebrales– del segundo y tercer mes indican una actividad mental significativa. En etapas muy tempranas se desarrolla la parte más profunda del cerebro, relacionada con la memoria.

UN MUNDO DE SONIDOS

De toda la información sonora que impacta al bebé durante el embarazo, hay una que destaca por sus condiciones únicas e intransferibles: la voz de la madre.

El niño no nacido oye la voz de su madre constantemente, está bañado en ella. Las primeras experiencias de los sonidos en el útero pueden tener un efecto estimulante o desalentador en el deseo del bebé de escuchar y comunicarse, que perdurarán después del nacimiento.

En casos extremos en que el útero es una caja de ruidos, un bebé puede desear huir de ella. Si la voz de la madre es siempre estridente, enojada y alarmante, es posible que su hijo aprenda a temerla.

Si, por el contrario, tararea, canta y le habla dulcemente, el bebé se sentirá tranquilo, feliz. Como la capacidad auditiva del bebé alcanza el entorno exterior de la madre, los padres también pueden hablar o cantar al bebé. De esta forma se inicia el vínculo afectivo padre-hijo, que permite al primero implicarse en la vivencia emocional del embarazo de su pareja, y al bebé sentir el afecto de su papá, al que reconocerá nada más nacer, escuchando su voz.

Comunicarse conscientemente con el bebé intrauterino es muy sencillo. Basta con pensar en él, hablarle sintiendo nuestra alegría por su presencia y el amor que le profesamos. La relajación y visualización pueden ser valiosas herramientas de apoyo en estas circunstancias.

MEMORIA INCONSCIENTE

Hasta hace pocos decenios se consideraba que los bebés, incluso ya nacidos, eran insensibles. Basta recordar que, debido a esta creencia, se operaba a los recién nacidos sin anestesias. Pero en los últimos años los conocimientos sobre lo que ocurre en etapas tempranas de la vida, incluida la gestación, han avanzado mucho.

Diversas terapias psicológicas regresivas han demostrado la existencia de una memoria inconsciente que guarda recuerdos de vivencias experimentadas durante la gestación, el nacimiento y la primera infancia. Y una de las conclusiones es que esas vivencias, aunque inconscientes, de alguna forma contribuyen a construir los cimientos de nuestra forma de ser más profunda –lo que de adulto nos gratificará o, por el contrario, nos alterará o desarmonizará– y constituyen las raíces de la salud física y emocional.

CONEXIÓN TOTAL

Cuando hablo de las experiencias del bebé intrauterino me refiero principalmente a las que resultan de la comunicación emocional con su madre, con quien mantiene una simbiosis total. Una simbiosis que hace que todo lo que piense y sienta su madre sea percibido por él, afectando a la formación de su psique.

Las nuevas investigaciones revelan que toda experiencia temprana afecta a la arquitectura del cerebro, quedando registrada en sus circuitos.

Que la madre tenga pensamientos amorosos hacia su bebé, que le hable suave y cariñosamente, que acaricie su vientre transmitiéndole su afecto, se convierten al instante en procesos neurohormonales que afectan positivamente a su cuerpo y configuran el cerebro del pequeño.

UNA BUENA BASE

Nuestro primer hogar es el vientre materno. Nuestras primeras percepciones de un hogar cálido y amoroso nos acompañarán para siempre, constituirán una base sólida sobre la que crecer y desarrollarnos como seres humanos en armonía. De nuestra madre recibimos, a través del cordón umbilical, el oxígeno y los nutrientes necesarios. De sus pensamientos y sentimientos recibimos la semilla del amor, lista para ger- minar en cuanto nazcamos y estemos en sus brazos.

Cómo puedes hablar con tu bebé

Primero, respira profundo

  • Lo mejor para reducir el estrés es buscar un lugar tranquilo y hacer tres respiraciones muy lentas y profundas, concentrándonos en notar cómo entra el aire por la nariz y llena los pulmones, exhalándolo después por boca y nariz.
  • A continuación, cerramos las manos al mismo tiempo que inspiramos, aguantamos unos segundos la respiración y, de golpe, expulsamos el aire y abrimos los puños.
  • Lo repetimos tres veces y a continuación volvemos a hacer tres respiraciones lentas y profundas.

Segundo, visualiza a tu hijo

  • Para conseguirlo tenemos que estar lo más relajados posible y, situando nuestras manos sobre el vientre, sentirlo en nuestro interior, visualizar su imagen en nuestra mente y enviarle nuestros mejores pensamientos de alegría, protección y afecto.

Cada día

  • Reservar un espacio diario de relajación y visualización será muy beneficioso para la madre y el bebé.

¿Y su padre?

  • El padre también puede poner sus manos en el vientre de su pareja, sentirlo y visualizarlo, y enviarle pensamientos amorosos.

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