Un embarazo más pleno con la biodanza

EMBARAZO

Un embarazo más pleno con la biodanza

Es una práctica que ayuda a conectar mejor con el propio cuerpo, a ser más consciente de las emociones y a disolver las tensiones que puedan dificultar el parto.

Pilar de la Cueva

29 de septiembre de 2018, 20:13 | Actualizado a

La herramienta que utiliza la biodanza para lograr ese objetivo ha sido denominada “vivencia”, un estado interior en el que la persona adquiere, por un corto período de tiempo, una profunda conexión consigo misma. A este estado se accede a través de ejercicios progresivos de movimiento con músicas elegidas especialmente por su capacidad de favorecer la integración de emociones y sensaciones positivas en los campos de la afectividad, la creatividad, la vitalidad, la sexualidad y la trascendencia.

El valor del grupo

Los estados de vivencia permiten integrar y transformar emociones y sentimientos actuales y pasados, sobre todo si se asiste a clases semanales, que son de unas dos horas de duración. Se empieza con una breve explicación teórica, tras la que se abre una ronda de intervenciones para que las personas participantes puedan comentar, si lo desean, vivencias experimentadas en la sesión anterior.

No hay lugar para los juicios: el grupo de biodanza crea un clima en el que las personas pueden desarrollarse y expresarse fuera de las presiones sociales o patrones establecidos en su historia personal.

A continuación, esta expresión se realiza solamente a través del movimiento y el lenguaje no verbal, siguiendo unas pautas claras que se dan para cada uno de los ejercicios, con música escogida para producir efectos concretos en cada sesión.

No puede haber observadores: la persona que está practicando biodanza no debe sentirse observada ni juzgada. Sin embargo, la biodanza ejerce su efecto sanador cuando se realiza en grupo, ya que permite entrar en un estado en el que la identidad se ve reforzada al hacerse visible por la interacción con el otro en un entorno amoroso.

Este método fue creado y desarrollado por Rolando Toro, un psicólogo y antropólogo chileno, que empezó a utilizarlo en los años 60 con enfermos mentales. Al observar una importante mejoría en su calidad de vida, pronto vio que también podía ser beneficioso para personas sanas.

La biodanza tiene una base científica estudiada y probada. En muchos países se practica habitualmente en hospitales, colegios, universidades y empresas.

Su práctica regular produce a largo plazo cambios permanentes en la bioquímica cerebral y en la forma de reaccionar y adaptarse a situaciones de estrés o en los conflictos.

Cambios vitales

¿Qué puede aportar la biodanza al proceso de embarazo, parto y nacimiento? Mucho, si tenemos en cuenta que este período de la vida de la mujeres y sus familias es un momento de reajuste vital importante, en el que a menudo afloran gran cantidad de emociones intensas que a veces cuesta procesar e integrar. Estas emociones no están relacionadas sólo con el embarazo, sino también con la historia familiar y personal de los futuros padres y madres.

Algunos de sus beneficios

1. Reajuste emocional

Existe un fenómeno que los científicos llaman “transparencia psíquica”. La gestante tiene una mayor sensibilidad emocional, y revive experiencias de su propia infancia relacionadas con su madre. Lograr integrar estas emociones, en ocasiones relacionadas con procesos traumáticos o dolorosos, favorece el paso de ser hija a ser madre.

Cerrar bien esta fase facilitará una buena experiencia de la maternidad y el bienestar psíquico en el puerperio. La biodanza ayuda a “danzar” esas emociones, a expresarlas, potenciando vivencias positivas de afecto.

2. Flexibilidad y vitalidad

La práctica de la biodanza aporta mayor flexibilidad y energía al cuerpo sin sobrecargarlo, porque trabaja desde el movimiento libre, de manera progresiva y con autorregulación.

Cada mujer sabe cuál es su estado físico, y al moverse dejándose llevar por melodías que proporcionan bienestar, cuida su cuerpo. Poner a punto los músculos de una forma placentera, logrando fuerza y flexibilidad, es una excelente preparación para el momento del parto.

Además cuando se entrena el cuerpo, y sobre todo la pelvis, cuando el bebé se empiece a encajar la madre tenderá a moverse de modo instintivo con mayor facilidad, adoptando las posturas cambiantes que facilitan el descenso y salida del bebé.

3. Bienestar

Las personas que practican biodanza suelen explicar que sienten un mayor bienestar, tanto físico como emocional. Es un efecto muy positivo incluso para la criatura, ya que los científicos no dudan de que la ansiedad y el estrés son dañinos para el cerebro del bebé en desarrollo.

También ayuda a sobrellevar algunas de las molestias típicas del embarazo −hinchazón de piernas, varices, problemas en la digestión...−, ya que favorece una respiración orgánica que regula los procesos de las glándulas y sistemas corporales.

4. Trascendencia

Algunos ejercicios de los que se realizan en biodanza conectan a la persona con una dimensión que, según las creencias de cada una, puede interpretarse como espiritual o de conexión profunda con el ser interior.

Es un efecto similar al que se experimenta al ver una obra de arte o una puesta de sol. Ayudan a la mujer a conectarse con sus verdaderas emociones y, al mismo tiempo, a transformarlas en un estado de bienestar que pueda reproducir luego en su vida diaria.

5. Sueño reparador

Habitualmente, una sesión de biodanza proporciona un descanso más profundo, algo muy útil para las mujeres que durante el embarazo tienen dificultades para conciliar el sueño.

6. Ayuda para el parto

TRANCE

Para tener un parto fisiológico y sin complicaciones es importante entrar en un estado de “trance” producido por las hormonas del parto, en el que se reduce la actividad del cerebro racional. Curiosamente, los estados que se experimentan en biodanza son muy similares, y constituyen un buen entrenamiento.

Algunas mujeres con miedos ocultos no logran relajarse, lo que dificulta la dilatación. En ese sentido, la biodanza puede ayudar a disolver algunas de esas barreras y a aflojar lo que el médico psiquiatra Wilhelm Reich llamaba la “coraza”, contracciones involuntarias de algunas partes del cuerpo producidas por emociones no expresadas que pueden obstaculizar el nacimiento.

ALIVIO DEL DOLOR

En ese estado de “trance”, que sólo es posible en condiciones de intimidad, penumbra, silencio, ausencia de observadores y en un clima cálido −igual que en una sesión de biodanza−, el cerebro segrega sustancias con un potente efecto analgésico que hacen que las contracciones sean menos dolorosas. Algunas mujeres relatan incluso haber experimentado partos orgásmicos.

Retomar la actividad

MAYOR SERENIDAD

El puerperio no es el mejor momento para acudir a clases de biodanza, al menos al principio, pero si antes se ha practicado con regularidad, ayudará a la mujer a afrontar los estados emocionales cambiantes con mayor serenidad. Haber tomado consciencia del propio cuerpo la ayudará a entregarse a otro modo de vivencia: la de estar fusionada con un nuevo ser a través de la comunicación no verbal. Contacto, caricia, mirada, fluidez... Una mujer en buena forma física, además, se recupera mejor y se siente más vital para cuidar con placer de su bebé.

UN RESPIRO

Pasadas algunas semanas, volver al grupo de biodanza favorece el reencuentro con la tribu que hemos perdido. La mujer puérpera puede llegar a pasar días y meses en un entorno afectivo reducido, o recibiendo visitas no siempre de su elección. Por su parte, la pareja −un apoyo imprescindible y, en general, nutritivo− también está en un proceso de reajuste personal y emocional, y con frecuencia desorientado y cansado.

A veces ambos necesitan un respiro.

La biodanza supone para la mujer una actividad de relajación y expansión física de sus límites cotidianos, a la vez que recibe apoyo afectivo incondicional sin dar nada a cambio.