Embarazo con transtornos ginecológicos

EMBARAZO

Embarazo con transtornos ginecológicos

Muchas patologías del útero y los ovarios son perfectamente compatibles con un embarazo saludable. En pocas ocasiones lo complican y solo algunas implican un seguimiento específico.

Pilar de la Cueva

3 de diciembre de 2018, 19:55 | Actualizado a

Planear un embarazo y peregrinar de consulta en consulta para controlar o tratar un problema ginecológico puede suponer un estrés importante para la madre que no siempre está justificado. Muchas de las ya patologías benignas ginecológicas no tienen ninguna trascendencia ni impiden un embarazo feliz; el estrés, en cambio, sí que es perjudicial. Todo radica en discernir qué es importante y qué no lo es; cuándo un problema benigno debe ser tratado antes del embarazo por si acaso se complica y cuándo no es necesario. Veamos en detalle los problemas más habituales.

1. Miomas

Ante esta patología tan frecuente, muchas mujeres se preguntan: ¿es un tumor? ¿Hay que operar? Un tumor es cualquier nódulo o bulto, ya sea benigno o maligno. Y en este caso, un mioma es un nódulo benigno formado por fibras musculares que, en lugar de estar dispuestas en el espacio como el resto de las fibras de ese tejido, se enroscan sobre sí mismas. Muchas mujeres desarrollan a lo largo de la vida nódulos benignos de fibras, de diferentes tamaños y localizaciones, ya sea en el cuerpo del útero o en su cuello. Estos reaccionan a los estrógenos y a muchas otras sustancias hormonales del cuerpo, y cuando llega la menopausia reducen considerablemente su tamaño.

Los miomas solo dan problemas si crecen y producen síntomas como hemorragias o si son de gran tamaño y comprimen otros órganos como la vejiga, generando molestias al orinar; o el intestino o el recto, causando estreñimiento o dolor. Antes de programar el embarazo conviene hacer una revisión con ecografía para ver si ha crecido o permanece estable. Luego, será normal que crezca poco o mucho y se reduzca de nuevo tras el parto. Solo en algunos casos es necesario un seguimiento más exhaustivo:

Los miomas de gran tamaño o que cuelgan de un fino hilo, si crecen rápido, de forma excepcional, pueden quedarse sin riego sanguíneo. Si eso ocurre en el embarazo, causa un dolor intenso y requiere medicación o cirugía.

Si se encuentran en el fondo del útero pueden dar problemas de espacio hacia el final del embarazo, cuando el útero está muy arriba, y comprimir el estómago o el hígado produciendo sensación de opresión, náuseas o dolor. Cuando se implantan muy abajo del útero, pueden quedar más abajo de la cabeza del bebé y tapar la salida. En estos casos solo si hay una obstrucción total estaría indicada una cesárea. Y aun así, siempre es conveniente esperar al inicio del parto por dos motivos. Por una parte, las hormonas del inicio de las contracciones ayudan a madurar y preparar los pulmones del bebé para la vida fuera del útero, previniendo problemas respiratorios tras el parto y para el futuro. Y en segundo lugar, lo que parece una obstrucción puede no serlo, y ante la más mínima duda siempre merece la pena evitar una intervención. En cualquier caso se puede reevaluar la situación por ecografía en el momento de iniciarse el parto, ver su evolución y valorar entonces si es posible o no un parto vaginal.

Si está en contacto con la capa interna del útero, el mioma suele causar hemorragias importantes y no siempre el embrión se implanta bien. Se puede intentar el embarazo y, si no se produce, hacer una histeroscopia. Con esta prueba se puede ver el interior del útero introduciendo un fino tubo de metal conectado a una pantalla. Tras confirmar el diagnóstico, se sabrá si es posible cortarlo o triturarlo sin dejar cicatrices y con este mismo método, o si hay que abrir el abdomen para extirparlo.

Los miomas intramurales se sitúan en el espesor del músculo y no suelen dar problemas si no crecen, y no impiden un embarazo. Algunas técnicas como la embolización (interrupción del flujo sanguíneo que alimenta el mioma) pueden comprometer el riego sanguíneo de cara a la gestación. Por ello, cada caso debe ser valorado teniendo en cuenta los factores individuales: tamaño, edad, localización, cantidad de vasos sanguíneos que se ven en la ecografía Doppler y su amplitud de flujo, y el crecimiento.

En cuanto al seguimiento, durante la gestación, bastará con algún control ecográfico que puede coincidir con los de las revisiones, y tras el parto, con esperar un mes o dos para reevaluar el tamaño en el caso de miomas grandes.

2. Endometriosis

El endometrio es el tejido que tapiza el útero por dentro, crece cada ciclo y se desprende en forma de regla si no ha habido fecundación. En la endometriosis, puede haber pequeños fragmentos de este tejido en los ovarios, o dentro del abdomen. Cuando este tejido sangra en el momento de la regla, se produce inflamación y dolor, y a veces quistes en el ovario, que en cada menstruación se llenan de sangre y se agrandan. Si afecta a las trompas las puede obstruir y dificultar el embarazo. En algún caso puede molestar en las relaciones sexuales, o al defecar, si están cerca del ano.

El dolor no tiene que ver con el tamaño: pueden ser quistes muy pequeños y dolorosos, o formar acúmulos grandes que apenas creen problemas. Estos últimos se ven mejor por ecografía que los pequeños implantes, que solo pueden ser comprobados con seguridad mediante una laparoscopia (introduciendo bajo anestesia un pequeño tubo con luz por el ombligo).

Si antes del embarazo hay quistes grandes o duelen mucho, se suelen tratar por este método, extirpando todo el tejido posible y atrofiando el restante con medicación hormonal que contrarreste a los estrógenos. Una alimentación baja en estrogénicos, con poca grasa de origen animal y más pescado, cereales y vegetales, puede ayudar.

Cuando se crean adherencias y hay una esterilidad permanente, es necesario recurrir a alguna técnica de reproducción asistida como la fecundación in vitro (FIV).

En cambio, una vez embarazada, no solo no hay más problema, sino que el estado hormonal suele mejorar la endometriosis o incluso curarla, gracias a la progesterona que se produce en grandes cantidades en el ovario y la placenta.

3. Varices pélvicas

No son una contraindicación para quedarse embarazada pero conforme avanza la gestación pueden empeorar, ya que el útero comprime las venas situadas detrás de él, y estas se dilatan hacia abajo, aumentando las varices de los laterales del útero e hinchando las venas de la vulva y de las piernas. En este caso el síntoma más llamativo es el dolor, pero el verdadero problema es el riesgo de que se obstruya por un trombo, que luego se puede desprender y desplazarse hasta los pulmones y el corazón.

Es muy raro que todo esto ocurra, pero merece la pena prevenirlo con sencillas medidas cotidianas para mejorar la circulación: ejercicios rotando los pies varias veces al día, poner las piernas hacia arriba un rato, descansar tumbada a medio día, duchas frías en las piernas, nadar o hacer ejercicio para mover los músculos y llevar medias especiales si se trabaja de pie. En caso de varices complicadas, a veces el médico aconsejará una medicación en dosis bajas para prevenir un trombo, sobre todo si se ha de estar inmóvil o en las semanas previas al parto y también en las de después.

No suele ser necesario operar unas varices gruesas antes del embarazo porque pueden reproducirse. El especialista en cirugía vascular puede valorar los casos severos.

4. Trompas obstruidas

Las trompas de falopio suelen quedarse ocluidas por una infección. Puede ser una infección ya curada o bien latente, de las que no dan síntomas. Quizá una apendicitis antigua o una peritonitis las cerró.

Cuando hay una infección mal curada es necesario hacer antes un tratamiento antibiótico adecuado para evitar un embarazo con un riesgo de infección y de desencadenar un parto prematuro. Si la trompa está muy dilatada y ha quedado atascado líquido, se verá por ecografía y puede ser necesaria una laparoscopia para limpiarla de cara a una fecundación in vitro con más posibilidades de éxito.

A veces, si las adherencias son muy finas, cuando se realizan las pruebas diagnósticas de un caso de esterilidad, al introducir líquido para hacer una radiografía de contraste del útero y las trompas, las trompas se desobstruyen solas y la mujer queda embarazada justo después. Pero si las adherencias son firmes, será necesaria una FIV.

5. Virus del papiloma

Estas lesiones del cuello del útero no son cáncer, aunque en un pequeño porcentaje de casos tiene el potencial de evolucionar con el pa- so de los meses o los años, de forma más probable en las personas fumadoras o con las defensas bajas. Ante una mujer con una lesión por este virus, la clave está en hacer un tratamiento según su edad y el estado de la citología y las biopsias, que con frecuencia primero pasa por un simple seguimiento. Si la lesión no desaparece por sí sola, que es lo más habitual, se puede extirpar una fina lámina de uno o dos mm del cuello al fondo de la vagina.

Si se va a plantear un embarazo, y no hay una citología reciente, conviene hacerla antes. Y si la lesión se descubre estando embarazada, hay tiempo de esperar a que pase el puerperio para tratarla, salvo en caso de cánceres invasivos.

Por último, los virus del papiloma también pueden producir verrugas en la vagina o en la vulva. Solo en caso de verrugas gigantes que obstruyan el paso del bebé puede ser necesaria una cesárea. Las que son externas y pequeñas se coagulan con frío o bisturí.

Infecciones vaginales en el embarazo

Durante la gestación también pueden aparecer problemas ginecológicos, los más frecuentes son las infecciones vaginales, especialmente si ya se han sufrido anteriormente.

La infección más frecuente es la candidiasis. Los tratamientos antibióticos favorecen su aparición, porque destruyen los gérmenes protectores naturales y desequilibran la flora bacteriana. También influye el aumento en azúcares de las células de la vagina de la embarazada. El flujo se vuelve blanco con grumos y hay picor y escozor.

En estos casos, se puede aplicar un tratamiento local con óvulos o crema específico para hongos o, si las molestias no son insoportables, usar métodos no farmacológicos: aplicar preparados con gérmenes protectores o cambiar el pH con vitamina C vaginal. Otros remedios caseros como el yogur natural ayudan a combatir los hongos y los lavados externos con bicarbonato alivian el picor.

Desde hace años se realiza un cultivo del flujo vaginal al final del embarazo para descartar la presencia de estreptococo B. Si lo hay, se trata con antibiótico para reducir el riesgo de infección en el bebé. Pero no hay que olvidar que la mejor prevención para él es el contacto piel con piel inmediato con su madre nada más nacer, y el inicio precoz de la lactancia materna, ya que el calostro contiene grandes dosis de anticuerpos y defensas.

Tras un cáncer

Haberlo padecido no impide tener un bebé más adelante; depende del tipo de cirugía sufrida, del estado del útero, el cuello y los ovarios. Y también del tiempo pasado desde la remisión de la enfermedad.

El cáncer de ovario en estadios precoces a veces permite evitar la extirpación del otro ovario y conservar el útero, manteniendo así la posibilidad de un embarazo. También se puede realizar una extracción de óvulos antes de quitar los ovarios y conservarlos congelados para poder fecundarlos más adelante. Tras completar el tratamiento y comprobar que se ha producido una buena evolución de la enferme- dad, se podrá plantear un embarazo mediante fecundación in vitro.

Si el cáncer está en el útero, no se puede conservar, excepto en los casos de lesiones del cuello en estadios muy iniciales que permitan dejar la mayor parte del órgano en buen estado. Tras una lesión en el cuello, si solo se ha extirpado un pequeño fragmento, el embarazo es posible, una vez que las citologías de control sean normales.

Si la mujer ha tenido un cáncer de mama, tras la cirugía, quimioterapia y radioterapia es planteable un embarazo, siempre que se encuentre en remisión completa pasados unos años del tratamiento.

Como cada caso es diferente, lo ideal es programar ese momento con el especialista en oncología ya que tiene toda la información disponible sobre el proceso.

Cáncer de mama y lactancia

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