La fuerza de la maternidad

MATERNIDAD CONSCIENTE

La fuerza de la maternidad

Todos los procesos relacionados con la gestación forman parte de la sexualidad de la mujer, que se siente más mujer que nunca.

Carmela Baeza

28 de octubre de 2018, 07:00 | Actualizado a

La riqueza del ser humano es realmente sorprendente. Descubrir que cuerpo y alma forman una sola cosa –nuestro yo– y ver cómo vamos evolucionando a lo largo de la vida nos asombra. Puesto que parte de lo que somos es cuerpo, los cambios que éste experimenta nos cambian a nosotras. En el campo de la sexualidad lo vemos claro: muchas de las vivencias que la mujer tiene a lo largo de la vida la hacen sentirse más o menos mujer. A este fenómeno lo llamamos proceso de sexuación. Al hombre le ocurre lo mismo; sus vivencias pueden hacer que se sienta más o menos masculino.

Esta realidad es más evidente, que no exclusivo, en los momentos reproductivos. Las relaciones coitales, el embarazo, el parto y la lactancia y crianza son momentos muy sexuantes, tanto para la mujer como para el hombre.

El embarazo sensual

En nueve meses, la vida que se gesta en el interior de la mujer comporta cambios físicos y emocionales.

  • Durante el primer trimestre, el clima hormonal puede hacer que tengamos náuseas y vómitos, y que el malestar cause la disminución del deseo sexual hacia la pareja (que no el amor hacia él).

Muchas embarazadas tienen una mayor sensibilidad en los pezones y sienten como sus pechos van cambiando y aumentando de tamaño. Algunas mujeres de pecho pequeño disfrutan mucho de este primer trimestre: aún no tienen barriga y lucen escote como nunca. Otras, en cambio, se sienten hinchadas y no se ven bien. Es decir, puede ser que el primer trimestre se viva como un período extraordinario y el deseo de tener relaciones con la pareja aumente, o por el contrario, que se eviten por la hipersensibilidad o el malestar.

También existe el miedo a perder al bebé, sobre todo si se ha tenido algún aborto espontáneo anteriormente. Es una respuesta normal, aunque los estudios no los relacionan con las relaciones coitales.

Muchas mujeres sienten cansancio y sueño. Y algunas afortunadas se sienten liberadas y muestran un deseo de encuentros sexuales más frecuentes al no tener que pensar en la “anticoncepción”.

  • El segundo trimestre suele ser el mejor porque el clima hormonal es estable. Suelen desaparecer las náuseas y los vómitos, así como el cansancio, y solemos sentirnos llenas de energía. Nuestro cuerpo va cambiando, la tripa se va redondeando. ¡Ya se nota! Muchas mujeres están deseando ponerse ropa premamá para lucir su estado. Físicamente, aumenta la lubricación y vascularización de la vagina, lo que facilita lograr orgasmos más intensos. Esta circunstancia favorece los encuentros amorosos.
  • En el tercer trimestre vamos cogiendo más peso, el bebé va ocupando nuestro abdomen, el útero empuja al diafragma hacia arriba y éste a las costillas, lo que provoca que respiremos peor, nos cansemos más y tengamos acidez. La distribución de líquidos puede hacer que las piernas estén hinchadas, cansadas y doloridas.

En ocasiones surge un conflicto de autoimagen: algunas mujeres viven su tripa como un regalo, la lucen y presumen de ella; pero otras la ocultan y la disimulan porque no quieren verse “gordas”. Para muchas tampoco es agradable verse los tobillos o la cara hinchados, o lucir las estrías en la playa.

Lógicamente, según sea nuestra vivencia nos sentiremos más o menos a gusto con nuestro cuerpo, y tendremos más o menos ganas de salir o tener encuentros amorosos con nuestra pareja. Por otra parte, a veces reaparece el miedo a dañar al bebé, normalmente por falta de conocimiento de la anatomía de la mujer, ya que la bolsa amniótica y el cuello del útero lo protegen. A algunas mujeres, los movimientos fetales las distraen mientras están disfrutando de un momento erótico con su pareja.

Las relaciones sexuales en los días próximos al nacimiento –una vez que el útero ya está preparado− pueden iniciar el parto (antes de este momento por mucho que se tengan relaciones, eso no sucederá). Hay parejas que deciden practicar el coito para desencadenar el parto y cuentan que es una experiencia muy intensa.

La vivencia del parto

Idealmente, el momento del parto es muy especial y está cargado de erotismo. Hormonas como la oxitocina, la adrenalina y las betaendorfinas son responsables de emociones y sensaciones muy intensas. Muchas madres que han vivido un parto natural –sin ningún tipo de medicación, ni posturas forzadas, ni en lugares emocionalmente fríos– cuentan que se sentían las mujeres más guapas, más femeninas, y a la vez más poderosas, del mundo. Una experiencia profunda- mente constructiva.

Cuando no se cumple lo que el cuerpo biológicamente espera, se pueden producir situaciones como la que nos explica esta madre:

“En cuanto me quedé embarazada, empecé a leer todo lo que podía sobre el parto; incluso fui seis meses a una fisioterapeuta de suelo pélvico para fortalecer los músculos y estar segura de que sería capaz de empujar a mi hijo sin desgarrarme y sufrir lo menos posible.

Tenía miedo al dolor, al sufrimiento en el parto, a la imagen de una mujer sudorosa, con las piernas abiertas y pegando alaridos... y pensaba: “¡Ay madre! Ojalá pudiera dormirme y amanecer con mi niño en brazos, sin sufrir”.

Llegó el día del parto y después de 10 horas de dolorosas contracciones me hicieron una cesárea porque había dilatado sólo dos centímetros y mi niño no bajaba. En los días siguientes sentí una rabia horrible por el hecho de no haber podido dar a luz sin pasar por el quirófano. Es curioso, porque pasé de no querer sufrir el dolor de un parto, a sentir rabia por habérmelo perdido. Creo que las mujeres estamos he- chas para traer al mundo a nuestros hijos, y, a pesar del dolor, quieres hacerlo de principio a fin. Por eso sentía esa rabia. No me sentía menos mujer, ni menos madre, pero sí experimentaba una sensación de fracaso por haberme perdido una experiencia única.”

Querernos por lo que somos

Esta madre no confiaba en su capacidad para parir y tenía una imagen fea de lo que es una mujer de parto. ¿Esta cesárea confirmó sus miedos? En cualquier caso, ahora tendrá que colocar esta experiencia en su corazón de forma que la construya como mujer y como madre.

Las cicatrices –episiotomía o cesárea– también pueden causar problemas de autoimagen o dificultades para estar desnuda ante la pareja. Una mirada acogedora y llena de ternura, un abrazo incondicional, son lo que mejor puede sanar estas heridas.

En definitiva, el embarazo, el parto y la lactancia son momentos vitales para la mujer, en la forma que tiene de verse a sí misma y relacionarse con su pareja y el mundo. Pase lo que pase, es importante aprender a mirarnos bien a nosotras mismas y contar con alguien que nos abrace y nos acompañe, queriéndonos por lo que somos y no por nuestra apariencia.

Posparto, lactancia y crianza

Estas etapas están dominadas por la hormona del amor: la oxitocina, responsable de nuestra necesidad de amar y ser amados, de cuidar y ser cuidados. Cuando el bebé está sobre su madre, piel con piel, ambos segregan grandes cantidades de una hormona que les vincula, les enamora, y produce bienestar y calma. Esta sensación es profunda- mente sexuante, hace que la mujer se sienta en paz consigo misma, su bebé y el mundo.

Por ello, las mujeres con dificultades en la lactancia (grietas, mastitis, angustia porque el bebé no mama bien o no coge peso...) tienen los niveles de oxitocina más bajos, lo que dificulta el vínculo y la sensación de realizarse como mujer.

En la relación de pareja hay diferentes reacciones. Puede que a la mujer o a su pareja le dé apuro que los pechos tengan leche o goteen durante la relación sexual –la oxitocina liberada en el orgasmo hace fluir la leche–, pero también pueden ser elementos a incorporar en el juego erótico.

Vivencias que nos van cambiando

El embarazo es un hecho sexual porque sólo la mujer puede estar embarazada; por eso, lo habitual es que se sienta más mujer que nunca.

Este sentimiento va a estar matizado por su historia personal. ¿Se siente bien como mujer? ¿Deseaba el embarazo? ¿Lo deseaba también su pareja? ¿Se siente a disgusto como mujer porque ha sido ridiculizada o no le gusta su cuerpo? ¿Vive su sexualidad con complicidad hacia su pa- reja o como una batalla? ¿Se siente inferior al hombre?

Según va tomando conciencia de su nuevo estado, la mujer cambia la forma de relacionarse con los demás, pero también con ella misma. Según sean las respuestas, la forma de vivir el embarazo será completamente diferente.

En la pareja, el embarazo se puede vivir como un regalo, una sorpresa, un triunfo sobre el otro, una carga, un secreto... Todo ello la construirá, o dañará, como mujer e influirá en su relación con el hombre.

Artículos relacionados