Madre a los 40

MATERNIDAD PLENA

Ser madre a partir de los 40

El embarazo puede ser sanador y regenerador para ti. Te contamos como prevenir todo riesgo.

Pilar de la Cueva

6 de mayo de 2017, 16:06 | Actualizado a

Actualmente, muchas mujeres posponen la maternidad hasta ver realizados otros proyectos vitales. Cuando con 40 años o más se encuentran en la consulta ante la persona que va a controlar su primer y quizás único embarazo, a veces se sienten como una bomba de relojería a punto de estallar al escuchar la cantidad de problemas que se les pueden venir encima a causa de su edad.

Ser madre a partir de los 40 tiene sus ventajas y sus desventajas.

Hoy en día, la mayoría de mujeres de esta edad se encuentran en un estupendo momento físico y psicológico. Muchas han cuidado sus cuerpos y han alcanzado una madurez emocional que no tenían a los 25 años, lo que les permite disfrutar la experiencia de la maternidad con mucha más serenidad.

Algunos problemas son evitables, por tanto. Otros, que dependen solamente de la edad, pueden detectarse o excluirse, si la mujer lo desea y tras recibir la información adecuada, para que el embarazo no se convierta en una experiencia cargada de momentos estresantes y miedo a las complicaciones.

A pesar de todo, si la mujer está sana, lo más probable es que no tenga dificultades.

Es muy importante mantener su confianza en su capacidad de gestar, parir y amamantar a un bebé sano, teniendo en cuenta, además, que recientes investigaciones demuestran que el embarazo puede ser sanador y regenerador para la madre.

Ventajas para la madre

  • La potente descarga de hormonas que experimenta una mujer durante la gestación pone a punto todos los sistemas y órganos del cuerpo, además de potenciar la función de las glándulas endocrinas.
  • La piel se vuelve más tersa y las mucosas, más hidratadas.
  • El corazón se entrena como si fuera el de una atleta, llegando a bombear hasta un 40% más de volumen de sangre de lo habitual.
  • Los músculos se preparan para sostener el aumento de peso del útero y para el esfuerzo del parto aumentando sus fibras.
  • Los huesos –en contra de lo que siempre se había pensado– aumentan su densidad tras una movilización transitoria del calcio, especialmente si la madre amamanta a su bebé durante un período largo.

Algunos inconvenientes

Madre “añosa”. Así se denomina en los libros de obstetricia a una mujer que está embarazada por primera vez con más de 35-40 años. Realmente, hace unas décadas algunas mujeres experimentaban ya un deterioro importante en su condición física a los 40 años.

También es verdad que algunas enfermedades llamadas degenerativas, en aumento con la edad, pueden facilitar la aparición de problemas en el embarazo. Aun así, estos trastornos hoy son menos frecuentes en mujeres sanas que cuidan su alimentación y llevan un estilo de vida saludable.

Tanto la hipertensión como la diabetes previas a la gestación pueden producir un estrechamiento de las arterias y los vasos sanguíneos, con el consiguiente peor riego a la placenta y la posibilidad de aparición de complicaciones, como retraso del crecimiento o amenaza de parto prematuro. Pero existe un factor que tiene mucho más peso en el estado de las arterias de una mujer que la propia edad: el consumo de tabaco. Mientras fuma un cigarrillo, la embarazada está cerrando sus arterias por espasmo en un porcentaje nada despreciable.

Por otra parte, tener el colesterol, el azúcar o los triglicéridos muy altos antes del embarazo también es perjudicial. El sedentarismo o una alimentación inadecuada deterioran el organismo, especialmente si se consumen muchas grasas de origen animal y pocos alimentos que aporten minerales, vitaminas naturales y ácidos grasos de tipo poliinsaturado.

Conforme avanzan los años, todas las personas vamos acumulando sustancias tóxicas en nuestro cuerpo. Es el caso, por ejemplo, de los compuestos hormonales de efecto estrogénico, que se acumulan en el tejido graso. Estas hormonas que ingerimos con los alimentos, a través de la piel o por inhalación de humos tóxicos, se pueden movilizar y eliminar en parte antes del embarazo mediante el llamado “método acordeón”. Se trata de una serie de semi-ayunos cortos (de dos días), seguidos de una dieta basada en productos biológicos sin tóxicos. De este modo, las reservas grasas que contienen estas sustancias que podrían perjudicar al embrión en desarrollo, y pasar también a la leche materna, se van movilizando.

Gestaciones desapercibidas

Cuando se toma la decisión de tener descendencia a esta edad, hay riesgos que son inevitables. A partir de los 40, los embriones que presentan algún defecto genético son más frecuentes. En ello influye, sobre todo, el proceso de envejecimiento de los óvulos de la madre, y en menor medida, de los espermatozoides del padre.

Con frecuencia, un embrión con un defecto genético no llega a implantarse en el útero, o bien se produce un aborto en los primeros dos o tres meses. En el primer caso, a veces la mujer ni siquiera llega a saber que ha estado embarazada, o bien experimenta un retraso de unos días y luego tiene una regla normal o algo más abundante.

En el segundo, con frecuencia el tamaño del embrión o del saco es mucho menor al que le correspondería por la edad de gestación cuando se observa a través de la ecografía: el desarrollo se ha detenido semanas antes y hasta que el cuerpo empieza a desprenderse de ese embrión incipiente pasan bastantes días. Es normal vivir esta pérdida con pena, pero, al mismo tiempo, es bueno saber que se trata de un mecanismo de la naturaleza por el que muchos embriones, con alguna dificultad importante, no llegan a salir adelante.

Diagnóstico prenatal

Cuando el embarazo sigue su curso, la mujer tiene la posibilidad de optar por realizar pruebas de diagnóstico prenatal. Unas la orientan sobre el riesgo que tiene el bebé de padecer defectos en los cromosomas y otras, como la ecografía que se realiza entre las 19 y 21 semanas, sirve para descartar defectos congénitos y malformaciones.

Pruebas invasivas

Obtienen tejido del embrión y tienen un pequeño riesgo de aborto. La más conocida es la amniocentesis, en la que se introduce una aguja en el saco amniótico, se toma líquido y se extraen células del embrión que se cultivan y analizan, obteniéndose el resultados en dos o tres semanas. También se pueden analizar por un método rápido que proporciona un diagnóstico en 48 horas. Menos utilizada es la biopsia de corion, en la que se extrae tejido de la placenta.

Pruebas no invasivas

Nos dan una idea aproximada del riesgo de que nuestro hijo tenga Síndrome de Down. Para ello se miden proteínas y sustancias en la sangre de la madre, y el tamaño de la nuca del bebé intrauterino en la ecografía que se hace entre las semanas 10 y 13. Combinando estos datos con la edad de la madre se obtiene una cifra de riesgo. Cuando el riesgo es alto, se ofrece a la mujer la realización de una prueba invasiva.

Avances científicos

El futuro parece estar en la detección de células del bebé en la sangre de la madre, y en su estudio a partir de una simple analítica.

El papel de los hombres

Es importante que acompañen a sus parejas en el proceso de preparación para el nacimiento y la crianza. Evidentemente, todos los cambios en la alimentación y el estilo de vida que adopte la mujer son buenos también para él.

Además, estudios científicos recientes demuestran que la salud del bebé intrauterino también se beneficia si el padre abandona hábitos tóxicos y se alimenta mejor en los tres meses antes de la concepción.

Éste puede ser un buen momento para plantearse en pareja una reorganización de la vida familiar y laboral, según las circunstancias personales, para vivir el embarazo con más calma y afrontar la crianza con más tiempo, de modo que no resulte una tarea agotadora, sino placentera, y satisfactoria para ambos.

Realmente, algunas mujeres sienten el deseo de tener un hijo en el momento en que su cuerpo empieza a dar señales de funcionar algo peor, cuando no ovulan o cuando tienen algún pequeño desajuste del ciclo, propio de los años anteriores a la menopausia. Estos cambios les recuerdan que si no tienen un hijo pronto, van a perder esa posibilidad para siempre. De hecho, éste es un duelo necesario que pasan todas las mujeres, incluso aquellas que sí han tenido hijos. Se encuentran ante el inicio de otra etapa vital, un paso a veces difícil, pero que se puede vivir pensando en todos los aspectos positivos que se van a encontrar en el camino.

En este sentido, quizás sea bueno que la mujer que decide buscar un embarazo a esta edad se plantee si su deseo de tener un hijo es fruto de una decisión reflexiva, si realmente anhela ser madre, o si lo que le ocurre es que no es capaz de asumir esa “pérdida”.

A veces, es un gran momento para emprender otros proyectos que son también frutos en la vida; hijos, pero en otro sentido de la palabra.

Un embarazo sano en las mejores condiciones

Tener buena o mala salud puede depender más de los hábitos que se han seguido hasta ahora que de la propia edad. Toma nota de las costumbres que pueden ayudarte:

  • Haz ejercicio y mantente activa físicamente.
  • Deja de fumar y no consumas alcohol durante el embarazo ni los tres meses antes.
  • Aliméntate de modo saludable, aunque sin amargarte la vida. Consume abundantes ensaladas variadas, verdura y fruta, frutos secos, alimentos integrales y biológicos si es posible, y reduce el consumo de grasas animales.
  • Hazte una revisión o una citología si hace mucho que no vas a la consulta de ginecología, o pide cita con tu matrona para resolver tus dudas.
  • Controla tu tensión, el azúcar, el colesterol o cualquier otro problema de salud para afrontar el embarazo en condiciones óptimas.
  • Infórmate sobre la lactancia materna con suficiente tiempo antes del parto: es un seguro de vida para tu bebé y un tratamiento de rejuvenecimiento para ti, que te ayudará a prevenir enfermedades.


Un parto totalmente normal

Tener 40 años ya no es una indicación de cesárea o de inducir artificialmente el parto si no hay un motivo médico justificado.

La creencia de que los músculos del útero están más rígidos a esta edad, por lo que la mujer no podrá dilatar lo suficiente, no tiene una base científica que se pueda aplicar a todas las mujeres. Tampoco la tiene la idea de que su cuerpo es mayor para parir. Algunas mujeres de 40 años tienen partos más rápidos y fáciles que otras más jóvenes.

En cualquier caso, siempre hay que dar la oportunidad de que suceda un parto normal y espontáneo, en lugar de programar una intervención quirúrgica. El proceso hormonal que se desencadena durante esas horas evita muchos riesgos a la madre y el bebé, y supone una experiencia enriquecedora para todos.

Cuando algo se desvíe de la normalidad, se actuará como si de cualquier otro parto se tratara, aplicando los recursos tecnológicos necesarios. Incluso en caso de cesárea, es mejor haber tenido contracciones de parto, tanto para la mujer como para la maduración de los pulmones del bebé.

Cuida (a cualquier edad) tu suelo pélvico

El parto siempre es un momento de prueba para los músculos del suelo pélvico. A cualquier edad, si estaban débiles, o no se rehabilitan después, pueden deteriorarse.

La vida sedentaria, las dificultades sexuales o la constitución física influyen en su tonicidad y elasticidad. Tras un parto difícil, la ayuda de la matrona o un fisioterapeuta puede ser útil.

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