Temidas grietas

LACTANCIA MATERNA

Cómo evitar las temidas grietas

Dar el pecho no tiene por qué generar la más mínima molestia, así que, si nos duele, habrá que revisar la postura. Un buen agarre es garantía de una lactancia placentera.

Luis Ruiz

3 de septiembre de 2017, 18:22 | Actualizado a

Conseguir tener una lactancia materna plácida y prolongada como fuente de salud, tal y como promueve la Organización Mundial de la Salud y el Ministerio de Sanidad, depende de múltiples factores.

Esto no significa simplemente que la mujer coloque a su hijo al pecho, sino que lo ideal sería que, justo tras el parto, el recién nacido y su madre estuvieran en contacto piel con piel todo el tiempo que fuera necesario para que el bebé pudiera agarrarse por sí mismo. De esta manera, sin prisas ni maniobras innecesarias, se iniciaría una etapa que puede durar todo el tiempo que ambos deseen.

Sin embargo, para poder disfrutar de una lactancia exitosa, no basta con que se cumplan los aspectos sanitarios propuestos por la Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (IHAN), puesto que también influye el entorno social y familiar, así como la propia experiencia. Expresiones como “Con este quiero que todo me salga bien” o “Le daré el pecho el mismo tiempo que al mayor” son frecuentes en las madres que ya han pasado por esto, tanto si la experiencia ha sido buena como si ha resultado algo más complicada.

Conocimiento innato

Todos los factores mencionados anteriormente son de gran influencia, pero seguramente el más importante sea la posición de agarre, o lo que es lo mismo, el modo en que el bebé está prendido del pecho.

Hoy en día dedicamos horas de atención a las madres para identificar una correcta postura del bebé a la hora de mamar, cuando lo más probable fuera que nuestras abuelas no lo necesitaran. Cuando la lactancia materna formaba parte de la vida cotidiana, las niñas veían cómo lo hacían sus madres, sus tías, sus vecinas..., y cuando eran adultas solo necesitaban poner en práctica aquello que tantas veces habían visto.

En cambio, esta posición del bebé que antiguamente les surgía de forma natural, en realidad es muy específica. En su obra La Maternidad, el pintor Pablo Picasso refleja perfectamente cómo debería ser. Si observamos este cuadro, veremos que la mujer tiene las manos en los omoplatos del bebé dirigiendo la presión hacia su cuerpo, de tal manera que el niño tiene la cabeza ligeramente tirada hacia atrás (deflexionada). También se puede apreciar cómo el bebé apoya su cabeza sobre la muñeca de la mujer, y que esta no se la sujeta con la mano, porque en ningún caso resulta ser necesario.

El recién nacido, por frágil e indefenso que parezca, ya nace con la capacidad de agarrarse de forma natural a la areola del pecho materno. Si nadie interfiere en el proceso, el bebé se introduce en la boca un buen trozo de la mama, y succiona, no chupa, extrayendo las pequeñas cantidades de calostro que necesita. Luego la producción irá aumentando conforme la succión vaya siendo más eficaz.

Es importante insistir en la idea de que el pezón tiene un papel importante para establecer la lactancia materna, pero no es imprescindible.

La clave a la hora de dar el pecho es que el pezón quede situado en el paladar blando del bebé, porque de esta manera la sensación de la madre siempre será placentera, ya que tanto el tejido de la lengua como la de esta parte del paladar son blandos y elásticos. Además, al abrir mucho la boca para engancharse, la fuerza que hace el bebé para extraer la leche es mucho menor que si solo tuviera el pezón entre las encías, de tal modo que obstruiría el paso del alimento, al mismo tiempo que le estaría ocasionando un gran malestar a la madre por la presión.

¿Pero por qué aparecen las grietas?

Cada persona tenemos nuestra propia resistencia al dolor, por lo que aquellas mujeres que tienen una gran capacidad para aguantarlo es posible que lleguen a sufrir grietas en el pezón. “¿Y por qué?”, te puedes estar preguntando. Pues unas madres porque apenas perciben esas molestias o las toleran bien, y otras porque aun sintiendo un gran dolor continuarán amamantando.

Las grietas son heridas en la piel del pecho que aparecen por el roce de la lengua o de las encías del bebé, y suelen ser dolorosas. Además, pueden infectarse, o como mínimo, actuar como puerta de entrada a determinadas bacterias que podrían quedarse en la piel o incluso llegar a la leche almacenada en la glándula mamaria.

Al no poder vaciar el pecho completamente, también es habitual que las grietas acaben desencadenando una mastitis infecciosa, la cual es muy probable que requiera tratamiento con antibiótico y recurrir a la lactancia en diferido. Aun así, también será necesario revisar que la postura y el agarre sean los más convenientes, para solucionar el problema realmente, porque de lo contrario, y una vez retomada la lactancia, podrían volver a surgir los problemas que acabaron obligando a la mujer a dejar de colocar a su hijo en el pecho durante un tiempo.

Otro motivo por el que suelen aparecer las grietas es el conocido “confusión de pezón”. Cuando antes de que la lactancia materna esté bien establecida le ofrecemos chupetes a los recién nacidos, o se combina la lactancia materna con el uso de biberones, es probable que el bebé acabe cogiendo el pecho de su madre de la misma manera que el chupete o la tetina. Evidentemente, la técnica es muy distinta, y por esta razón se recomienda esperar a que la lactancia esté totalmente instaurada antes de utilizar otros elementos que puedan interferir, e incluso dificultar, que el niño tome el alimento que más beneficios le aportará en los primeros años de su vida.

Posibles tratamientos

A pesar de que algunas madres son capaces de amamantar con el pecho agrietado, lo más frecuente es que el dolor sea tan intenso que haya que buscar ayuda y aplicar diversos remedios:

  • Revisar la posición. Consultar a un pediatra especialista en lactancia, o asistir a uno de los muchos grupos de apoyo para que una asesora de lactancia pueda observar cómo se coge el bebé al pecho, siempre resulta de gran ayuda.
  • Usar pezoneras. Son copas de plástico que se utilizan con la intención de proteger los pezones doloridos, pero si no corregimos el origen de las grietas, podemos complicar todavía más la situación, porque las pezoneras tienden a mantener la humedad, y por tanto, a ralentizar la curación. Es conveniente lavarlas y secarlas con frecuencia para que no acumulen bacterias, y usarlas solamente de manera puntual, cuando el bebé mama y causa dolor, pero después es mejor quitárselas para facilitar su curación.
  • Aplicar cremas de lanolina. Poner una capa fina sobre la herida ayuda a mantener la hidratación de las células nuevas, facilitando que la zona dañada se repare antes.
  • Ponerles leche materna. Aplicar un poco de la propia leche después de la toma y dejarla secar en los pezones puede curar las grietas gracias a sus propiedades antiinflamatorias y antibacterianas.
  • La lactancia en diferido. Cuando el dolor es insoportable, algunas madres prefieren sacarse la leche, ya sea de manera manual o con la ayuda de un sacaleches para ofrecérsela a su hijo con un vaso, una cucharita o una jeringuilla. El objetivo de esta práctica es mantener la lactancia mientras se curan las las heridas, al mismo tiempo que se continúa ofreciendo al bebé el mejor alimento que puede tomar sin que se pueda confundir.

Un entorno afectuoso

Sin duda, y al igual que ocurre con cualquier trastorno o enfermedad, lo mejor es poder prevenir las grietas, para lo que se necesita información adecuada y, sobre todo, un entorno comprensivo y cálido.

Lo mismo sucede con los bebés. Ellos llegan a este mundo preparados para gozar de una lactancia exitosa y placentera, pero necesitan disponer de un entorno que los apoye en este proceso.

Buscar la postura idónea para los dos

Con paciencia y probando todas las opciones posibles, se llega a dar con esa posición que permite que la lactancia materna sea agradable y duradera.

  • El agarre espontáneo tras el parto es lo más beneficioso, tanto para la madre como para el bebé, pero suelen tener tantas interferencias en este primer encuentro que es difícil que se llegue a producir. ¡Reclámalo!
  • Por lo general, se ayuda a la mujer a colocar al bebé de forma correcta. La postura más habitual es con la cabeza apoyada en la muñeca de la madre, y aunque tradicionalmente se decía que debían estar barriga con barriga, ahora esta premisa se suele modificar en función de la forma y el tamaño del pecho materno.
  • Pero hay otras posturas, la madre sentada y el niño a caballito en sus piernas, la mujer sentada y el bebé en posición de rugby (pasando sus piernas por debajo del brazo de la madre y con los pies apuntando a la espalda), los dos tumbados..., e incluso se puede dar de mamar a dos bebés a la vez, solo es cuestión de paciencia y de atender las señales que nos da el cuerpo si algo no funciona como debería. Si el bebé succiona con rapidez al inicio para luego ralentizar el ritmo, si tiene los labios evertidos, si no hace chasquidos... Estos son algunos de los indicios que nos dice que la posición es adecuada.
  • El cojín de lactancia es un elemento al que suelen recurrir algunas mujeres para dar de mamar, puesto que les facilita adoptar las posturas más convenientes, sobre todo durante los primeros meses de vida del bebé o en el caso de que a la madre le hayan practicado una cesárea.
  • Aun así, la clave para gozar de una lactancia feliz es probar hasta encontrar las posiciones y posturas que sean cómodas tanto para la madre como para el bebé.

Motivos físicos por parte de la madre

Las grietas, además de una posición inadecuada pueden tener su origen en ciertos aspectos físicos de la mujer.

  • Un claro ejemplo es cuando la madre sufre una ingurgitación mamaria, porque al tener el pecho tan lleno se pone duro y no permite que el niño se lo introduzca en la boca correctamente.
  • A pesar de que los pechos estén tan repletos que a la mujer se le salga la leche con solo pensar en su hijo, lo más probable es que el bebé no se esté alimentando bien. Y es que para el bebé es como intentar morder un globo.
  • Por otro lado, también se debe tener en cuenta que los pechos de cada mujer son diferentes, únicos, y por esa misma razón, serán su forma y su tamaño quienes determinen cuál es la postura y el agarre adecuado, para que la lactancia sea duradera y gozosa tanto para el bebé como para su madre. Los pezones son otro elemento que puede condicionar la manera de dar el pecho. Los pezones invertidos o hundidos, en lugar de sobresalientes, no tienen por qué impedir la lactancia.

En definitiva, no hay por qué preocuparse, ya que en la mayoría de casos, con un ambiente relajado y sin presiones, todos los bebés encuentran la mejor postura.


¿Y cuando el origen está en el niño?


El recién nacido también puede presentar condiciones físicas concretas que influyan en su modo de mamar.

  • Una anquiloglosia, o frenillo sublingual corto, puede hacer que el bebé no abra suficientemente la boca, e incluso impedirle poner la lengua debajo de la areola, de modo que el pezón rozará continuamente con la lengua y las encías del bebé, provocando las grietas.
  • La retrognatia o el mentón tirado hacia atrás también requiere que el bebé se oriente al pecho de un modo concreto, porque, si no, la lengua erosionará el pezón.
  • Alteraciones estructurales de la boca (labio leporino, asimetrías en la cara...) es muy probable que determinen la postura en la que el niño debe tomar el pecho.
  • A veces los condicionantes son eventuales, como un resfriado. Cuando el niño tiene tantos mocos que le duelen hasta los oídos cuando abre la boca, este se queda solo con el pezón, produciéndole muchas molestias a la madre.

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