Cómo lograr un buen agarre

LACTANCIA MATERNA

Cómo lograr un buen agarre

Sabe hacerlo instintivamente. Cerca del pecho, echa la cabeza hacia atrás, se introduce gran parte de la areola en la boca bien abierta y empieza a succionar.

Luis Ruiz

29 de mayo de 2017, 07:00 | Actualizado a

Lograr amamantar a los hijos es un proceso que hoy en día depende de múltiples aspectos. La voluntad de la madre de dar a su hijo el mejor alimento es el más importante. Para eso necesita estar informada y formada en temas de crianza, tener una familia respetuosa que apoye su decisión, una pareja que confíe en ella y apoye sus deseos, y un entorno (ginecólogo, matrona, hospital, pediatra, familia directa y extendida, amigas...) que favorezca la lactancia materna y la anime a amamantar. No siempre es fácil que se den todas estas circunstancias.

De todos los aspectos que influyen en el logro de una lactancia materna exitosa, tal como la define la Organización Mundial de la Salud (OMS), el agarre del niño al pecho es fundamental. Pero eso del agarre, ¿qué es? ¿Se trata de cómo cogemos al bebé y lo acunamos, cómo lo acercamos al pecho, cómo lo mantenemos pegado a nosotros agarrado por la espalda? En realidad, el agarre es la forma en la que el niño se coge al pecho, cómo abre la boca y queda prendido. Y la manera de coger, acercar y sujetar al bebé puede facilitarlo o perjudicarlo.

¿Cómo se logra este buen agarre? De hecho, los niños nacen sabiéndolo: cuando en la sala de partos dejamos al recién nacido sobre el vientre de su madre, tras controlar su buen estado y comprobar la temperatura ambiente, éste se dirige hacia el pecho materno y logra agarrarse solo en un período más o menos largo.

En este caso el agarre suele ser perfecto porque las condiciones son las idóneas: el pecho de la madre aún no está duro y lleno, y ya tiene el escaso calostro que el niño necesita para los primeros días. El bebé sabe cómo mamar y tiene todos los reflejos para abrir ampliamente la boca y dirigir la cabeza hacia atrás para que el pecho entre dentro de la boca y el pezón llegue a la parte posterior del paladar. El vídeo que podemos encontrar en Internet sobre breast crawl (arrastre al pecho) muestra que este agarre inicial es algo que los bebés llevan escrito en sus cromosomas.1

De todas formas, este buen principio puede verse modificado por muchas razones: retraso en colocar el niño al pecho, separación madrehijo por problemas en el parto, mala práctica de los hospitales que aún no se han adaptado a la mejor forma de asistencia, etc. Es por esta razón que los conocimientos sobre un buen agarre deberían de ser ampliamente difundidos entre la población y los asesores expertos en lactancia materna.

Empezar cuanto antes

Lo más importante que han de saber las madres es que pueden y deben exigir que no las separen de sus hijos recién nacidos. Esos primeros momentos en los que el bebé ha llegado al mundo y su madre lo acoge piel con piel, calentito, con dulzura, con amor y respeto, después del paso más o menos dificultoso a través del canal del parto, son fundamentales. Es en este período crítico cuando el recién nacido aprende a mamar y se agarra con mayor eficacia. De todas formas, las madres también deben saber que si hay que trasladar a su hijo por cualquier razón médicamente necesaria (un Apgar bajo, por ejemplo), esa unión y ese apego se logran igual, aunque quizás con algunas dificultades.

Para corregir a tiempo cualquier contratiempo y empezar con buen pie, la madre tiene que conocer otro dato importante: cuando el recién nacido se agarra así –durante la primera media hora tras el nacimiento, siguiendo su instinto, desnudo sobre el pecho de su madre–, amamantar no duele.

No sólo no duele sino que la succión del bebé en el pecho, acción que libera las hormonas oxitocina y prolactina, debería ser placentera. El dolor es un síntoma que nos muestra que algo no marcha bien. Siempre. La naturaleza no hubiera “creado” un mecanismo para mantener la especie que no fuera atractivo y placentero. Así, hay que decir a las madres que si notan la más mínima molestia cuando su recién nacido se coge al pecho, deben pedir ayuda a alguien experimentado: seguramente se puede mejorar el agarre.

La posición de la cabeza

En un niño con buen agarre, la cabeza está situada a continuación del pecho, pero ligeramente echada para atrás, como si el niño mirara al techo.

  • Con algo de imaginación podríamos pensar que el pecho es una estructura cónica con un eje que, saliendo de su base, atraviesa la punta y llega a la coronilla del bebé. Si una mujer tiene el pecho ligeramente caído, el tronco del niño tendrá que estar situado en perpendicular al eje, es decir, no podrá permanecer barriga con barriga, y su cabeza mirará hacia arriba.
  • Para que el pecho entre más y mejor en la boca del bebé es bueno que la mano de la madre esté entre los omoplatos de su hijo y la cabeza del bebé, apoyada casi en la muñeca de la madre. Presionando un poco, moverá la cabeza hacia atrás.
  • Cuando la madre amamanta tumbada boca arriba, y su hijo se agarra al pecho echado sobre ella, observamos que el bebé levanta la cabeza y el pezón se dirige al fondo del paladar.

Una buena asesoría

En general, las acciones sanitarias suelen ser intervencionistas: cuando queremos que el bebé empiece a mamar no esperamos a que se agarre solo, sino que somos nosotros los que lo colocamos en el pecho de la madre. Ésta no es la opción ideal, pero si el profesional está bien formado, la lactancia puede establecerse con éxito.

En el Curso de Consejería de Lactancia de la OMS se indicaban seis aspectos a tener en cuenta cuando observamos a una madre dando de mamar:

1. La posición del niño (la madre lo mantiene cerca, frente al pecho).

2. Las respuestas del bebé (no mueve la cabeza a uno y otro lado).

3. El vínculo afectivo madre-hijo (los dos están relajados, ella lo acaricia).

4. La anatomía del pecho (blando después de la toma)

5. Cómo es la succión (mamadas lentas y profundas, se le oye tragar).

6. La duración de la toma (menos de cuatro minutos o más de media hora puede indicar un problema).

Las iniciales en inglés de estas observaciones forman la palabra BREAST (pecho).

Si los especialistas o profesionales apreciamos alguna alteración, hemos de permitir que sea la madre quien la corrija, ayudándola así a adquirir autoconfianza y mejorar la lactancia por sí misma. Si lo hacemos nosotros, cuando esté sola quizás no se sienta capaz de resolver los problemas. En una tabla podemos anotar y valorar las opciones mientras observamos una toma para intentar resolver cualquier situación anómala.


¿Y cómo saber si está bien cogido al pecho?

SÍ lo está si:

  • Se ve más areola por encima de la boca del bebé que por debajo, el labio inferior está doblado hacia fuera y el mentón toca el pecho.
  • El bebé tiene la boca bien abierta. Esta condición es menos importante si la madre tiene los pechos pequeños.
  • Sus mejillas están “llenas” o aplanadas contra el pecho, cuyo aspecto es redondeado mientras el bebé mama.

NO lo está si:

  • Se ve más areola por debajo o la misma porción por arriba que por debajo, el labio inferior se dobla hacia dentro y el mentón no toca.
  • La boca sólo está parcialmente abierta, especialmente si la madre tiene el pecho grande.
  • Sus mejillas están tensas o se van hacia dentro cuando el bebé succiona. El pecho también está tenso, como si tiraran de él.

Consecuencias indeseadas

Algunos síntomas, como los siguientes, son un indicio de que el bebé no se coge bien:

  • La madre tiene molestias o dolor en los pezones y grietas.
  • Pueden aparecer ingurgitación, inflamación y mastitis.
  • La duración de las tetadas es larga o muy larga. El niño no se suelta solo.
  • El bebé acostumbra a reclamar el pecho con mucha frecuencia.
  • Se muestra nervioso, irritable y llora a menudo.
  • Cuando la madre lo aproxima al pecho, parece que se pelee con él.
  • Regurgita o vomita con frecuencia.
  • En el seguimiento habitual se comprueba que gana poco peso.
  • La madre siente fuertes y repetidos reflejos de eyección y la leche le gotea.

Artículos relacionados