¿Hasta cuándo conviene dar el pecho?

LACTANCIA MATERNA

¿Hasta cuándo conviene dar el pecho?

Amamantar al menos dos años es lo natural, lo recomendado, y algo muy difícil de lograr. Pero la ciencia nos dice que cuanto más tiempo, mejor.

Luis Ruiz

30 de marzo de 2017, 04:04 | Actualizado a

Una de las consultas que cada vez más madres nos plantean es hasta cuándo debe durar la lactancia materna. Al empezar a dar el pecho muchas de estas mujeres tuvieron dificultades; entonces no podían imaginar que llegaría un momento en el que tendrían que realizar esta pregunta, no imaginaban que cuando su bebé caminara seguiría tomando pecho. Hoy se encuentran con una situación nueva, que nunca han visto a su alrededor, que no desean cambiar y que su entorno censura con argumentos que llegan a ser dolorosos en ocasiones.

Después de lo que les costó amamantar mientras oían comentarios sobre la poca cantidad de leche que tenían o lo dañina que resultaba para su bebé tanta insistencia; ahora que han demostrado que tenían, y tienen, suficiente leche para amamantar a su hijo... el acoso continúa. Ahora, paradójicamente, dicen que la leche que ha alimentado a su hijo correctamente hasta la actualidad, primero de forma exclusiva y luego con otros alimentos, deja de ser buena, e incluso que se puede convertir en perjudicial para el niño. Desmontar estos falsos tabúes sobre la lactancia prolongada es imprescindible y nos llevará a respetar mucho más a aquellas madres que desean seguir amamantando a sus hijos mayores.

Un concepto poco claro

Pero, ¿qué es la lactancia prolongada? Se dice que algo es prolongado cuando dura más de lo regular. Es decir, como Carlos González comenta con frecuencia, una lactancia prolongada es la que dura más que la de la vecina.

Hace 15 años, en nuestro país, si una madre daba de mamar tres meses ya se consideraba que había dado el pecho mucho tiempo, y si llegaba a los seis se decía que se trataba de una lactancia prolongada. Desde luego, no era así si se comparaban estos datos con los de países como Suecia, donde la duración media de la lactancia materna estaba por encima del año. Así pues no hay una definición clara: toda madre que da pecho más tiempo del que tenía previsto tiene una lactancia materna prolongada.

Para centrar el tema, nos limitaremos a hablar de madres que amamantan más de dos años, ya que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), refrendadas por el Ministerio de Sanidad y las consejerías de sanidad de las Comunidades Autónomas; del parlamento español, refrendadas por la mayoría de parlamentos autonómicos, y las de la Asociación Española de Pediatría recomiendan la lactancia materna exclusiva los primeros seis meses, y junto a alimentos adecuados y adaptados localmente, hasta los dos años.

“¡Dos años!, pero si de ahí sólo sale agua”. “Te está engañando”. Éstas son frases que muchas madres que amamantan a sus hijos por largo tiempo han oído con frecuencia, a veces antes de los dos años, incluso en boca de profesionales sanitarios.

Desconocemos el valor que tiene la leche materna en el tercer, cuarto o quinto año de vida, pero los nutricionistas recomiendan a todas las edades una porción importante de productos lácteos. Los pediatras decimos que los niños pequeños deben tomar alrededor de medio litro de leche. Esta misma cantidad ingerida por el niño del pecho de su madre cubre un 30 % de las calorías que necesita, un 40 % de las recomendaciones proteicas para 24 horas, toda la vitamina C que precisa (97%) y casi la mitad de la de vitamina A. Si a esto añadimos que las proteínas son más biodisponibles, al ser de la misma especie, y que muchas de ellas están formando parte de anticuerpos que protegen al pequeño de infecciones, podemos afirmar que la leche materna en ese segundo año de vida es un buen alimento para el niño.

Luchar contra el entorno

Mantener la lactancia durante tanto tiempo es un logro que hay que conquistar mes a mes, venciendo las distintas reticencias de la gente. Superadas las dudas y las dificultades que la madre ha tenido al principio, reaparecen con una nueva versión, al empezar con la alimentación complementaria: ahora resulta que el niño sólo quiere pecho. La madre, angustiada, acude al profesional, que le suele decir: “No le dé de mamar y verá como come”. Comentarios parecidos suele encontrar en la familia: “Te está tomando el pelo; si dejas que pase un poco de hambre, verás como no le queda más remedio que comerse el puré”.

Convencer a todos de que a los siete meses muchos niños sólo con teta pueden estar bien, y que si el bebé lactante no come otra cosa es porque seguramente no necesita nada más, es una tarea dura que han de afrontar las madres que para algunos ya en estas fechas –con siete, ocho o nueve meses– tienen ya una lactancia prolongada. Las frases suben de tono cuando los niños crecen un poco más. La frase que pretende ser más cautivadora es: “Serás más libre si dejas de dar el pecho”.

Pero se usan muchos otros argumentos para culpabilizar a estas madres que han decidido seguir dando el pecho a su hijo. Se las suele tachar de egoístas (“Eres tú la que quiere dar de mamar, el niño no lo necesita”); se las acusa de no dejar crecer a los hijos, de enviciarlos para que sólo quieran teta, de no permitir que se individualicen, de protegerlos de la frustración y acabar creando niños tiranos, de generar problemas de personalidad, de orientación sexual, de aprendizaje...

Parece que de todo tenga la culpa la teta: si no comen otra cosa, si son bajitos, si son gorditos, si están demasiado delgados, si tienen carencias...

Todo son beneficios

Se puede contestar a gran parte de estos argumentos y conquistar la lactancia día a día, pero no resulta fácil. Aun así, hay suficientes referencias científicas para saber que cuanto más se dé de mamar, mejor. Desde luego, la madre necesita saberlo si, además de estar dando el mejor alimento a su hijo, no tiene ningún tipo de molestias y disfruta haciéndolo. Así se ve en el vídeo “El pecho no tiene horario”, en el que una madre expresa lo bien que se siente viendo cómo su bebé se alimenta de ella. Esta sensación es admirable y no necesita justificación.

Sobre el deseo del bebé y su necesidad no hay duda. Mamar es lo mejor y la naturaleza le ha dado herramientas para intentar hacerlo el mayor tiempo posible. Es él quien quiere pecho y se alimenta de él, de la misma forma que es él quien toma la iniciativa del destete y busca cuándo ha llegado el momento de la propia independencia. Es el bebé quien come, no nosotros quienes le hacemos comer. Igual que es el bebé quien, llegado su momento, controla el pipí y es autónomo.

Desligarse de un niño antes de tiempo no lo hará más independiente. Quizá algunos niños tengan problemas en su relación con la madre o con otras personas, pero no creo que haber sido amamantado sea la causa de ellos. Son otros aspectos de la crianza los que pueden generarlos, aspectos que están precisamente en relación con la falta de contacto y de atención cuando los niños los necesitan.

Tampoco creo que nadie defienda que la lactancia materna prolongada tenga una relación con la orientación sexual de la persona, aunque sí se sabe que quienes han sido amamantados mucho tiempo tienen una mayor sensibilidad y disfrute con el contacto afectivo que aquellos que no lo han sido. Asimismo, decir que estos niños pueden tener problemas de aprendizaje es un argumento suficientemente rechazado en la literatura médica actual.

Madres y trabajadoras

Con todas estas dificultades, ¿qué mujeres están dando de mamar tanto tiempo? En nuestro medio, las madres que aún están amamantando a sus hijos de dos, tres, cuatro años o más son consideradas una excepción, aunque posiblemente sean más numerosas de lo que la mayoría de la gente cree, porque gran parte de ellas permanecen invisibles a propósito.

En una reunión de grupos de madres se estudió el perfil de estas mujeres. Se observó que, en general, tenían estudios universitarios, una buena capacidad económica, y que más del 78% trabajaba fuera de casa. De estas mujeres, el 80% había dado de mamar más de un año, y la duración de la lactancia era mayor en el segundo hijo. Mayoritariamente habían tenido el apoyo de su pareja, y mencionaban el de abuelas y vecinas antes que el de los profesionales sanitarios, excluidas las matronas. Los pediatras, ginecólogos y enfermeras criticaban esta lactancia prolongada más que otros grupos. Afortunadamente, estos datos están cambiando y hoy los pediatras argumentamos a favor de la lactancia materna prolongada, aunque ésta sea una actitud que no se ha extendido en toda la profesión médica...

Los argumentos positivos que dieron estas mujeres para seguir amamantando más de un año a sus hijos fueron:

  • el contacto físico y el vínculo (46%)
  • la relación especial y el amor de este acto (44%)
  • la realización personal como madre (26%)
  • la comodidad y libertad que les representaba dar el pecho (18%).

En el otro extremo, para la mayoría (42%) el aspecto más negativo eran las críticas de otras personas. Otros argumentos mencionados, a una distancia considerable, eran las tomas nocturnas (13%) o la dificultad de compaginarlo con la presencia de hijos mayores (5%). Una de cada cinco madres afirmó no tener ninguna percepción desagradable.

Buscando los límites

Entonces, ¿cuánto tiene que durar la lactancia? Mientras el niño necesite leche para sobrevivir, la de su madre será la mejor que pueda tomar.

La duración idónea es aquella que nos ha dado el desarrollo como especie. Estudios antropológicos realizados en Estados Unidos por Catherine Detwailer argumentan que la duración de la lactancia de los humanos es de entre dos y siete años. Apuntan diversas razones:

  • Su peso al nacer. Los mamíferos pequeños se destetan cuando han triplicado su peso al nacer. Los que son de un tamaño parecido al nuestro se destetan tras cuadruplicar el peso al nacer, lo que en nuestro caso correspondería, aproximadamente, a los dos años y medio.
  • La duración de la gestación. En los primates grandes la duración de la lactancia viene a ser seis veces la duración del embarazo. Esto equivaldría a un mínimo de cuatro años y medio de lactancia materna.
  • Los cambios en los dientes. En los mamíferos más pequeños el destete se produce al empezar el proceso de sustitución de los dientes de leche por los definitivos. En los primates coincide con la erupción del primer molar permanente. Estas referencias se corresponderían a nuestros seis años.
  • El peso del adulto. En algunos casos se da cuando llegan a la tercera parte de su peso adulto. En los niños sería hacia los siete años, y en las niñas, que son más pequeñas, un poco antes de cumplir los seis.
  • El peso de la madre. En muchos primates, la edad del destete se ha calculado por el peso materno multiplicado por un factor. A una madre de 55 kilos le correspondería destetar a los tres años y cuatro meses.

Un cambio de mentalidad

La lactancia materna prolongada es lo natural, el tipo de alimentación recomendado por autoridades y organizaciones sanitarias... y algo difícil de lograr en nuestra sociedad. Deberíamos hacerla más visible desde las encuestas anónimas de salud, permitiendo que ese dato salga a la luz, animando a aquellas madres que dan el pecho a sus hijos durante más tiempo que la mayoría a que sigan haciéndolo, y dándoles el apoyo necesario, tanto desde la familia como desde todos los estamentos.

Entre todos tenemos que desmontar las falsas creencias y difundir los grandes beneficios que la lactancia materna prolongada puede aportar a nuestros niños.


Un pacto entre los dos

Hay que evitar que el destete sea un acto traumático, y con los niños mayores hay que negociarlo. En general, se produce de forma espontánea y progresiva. Si crees que ha llegado el momento, aquí tienes algunas sugerencias:

  • No ofrecerle el pecho, pero tampoco rechazar dárselo cuando te lo pida.
  • Posponer la tetada si crees que no es el momento. Puedes decirle: "Ahora no, al llegar a casa, ¿de acuerdo?” o “Cuando vayamos a la cama, ¿vale?”.
  • Sentarlo en la mesa con los demás miembros de la familia y ofrecerle comidas “apetitosas”.


Dar el pecho en tándem

Aunque la lactancia materna en los primeros seis meses es un buen método anticonceptivo, cuando se da el pecho de manera prolongada puede ocurrir que la madre vuelva a quedarse embarazada y seguir criando durante la gestación.

La lactancia en tándem consiste en amamantar a dos hermanos de distintas edades al mismo tiempo, y aunque parece aún más extraña que la lactancia prolongada, no por eso es inexistente. Amamantar a los dos no significa ningún problema para la madre.

Ambos hijos cubren sus necesidades sin ninguna dificultad. La leche materna es para el lactante la principal fuente de alimento. Para el mayor es un alimento complementario; sigue recibiendo la mejor leche y los otros aspectos con que le nutre el pecho: tranquilidad, confianza, seguridad, sociabilidad, etc.

Cuando están mamando en tándem el que tiene preferencia es el más pequeño, algo que suelen aceptar los mayores.

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