Lactancia en casos especiales de la madre

DUDAS FRECUENTES

Lactancia en casos especiales

Tener diabetes, hipotiroidismo o haberse sometido a una intervención de estética no tienen por qué impedir dar el pecho.

Luis Ruiz

13 de marzo de 2018, 20:16 | Actualizado a

Bastante complicadas son algunas cosas para que nosotros las compliquemos aún más. Esta reflexión, que podríamos aplicar a muchos ámbitos de nuestra vida, es especialmente necesaria cuando hablamos de lactancia materna.

Muchos son los factores que pueden dificultar el logro de una lactancia exitosa: la vida laboral de las madres, la falta de apoyo familiar y del entorno más inmediato, la transmisión de creencias erróneas, los prejuicios culturales, la inseguridad... Uno de los más injustos es convertir un problema de salud de la madre en un argumento para contraindicar la lactancia materna. Decimos injusto porque, en muchas ocasiones, la desinformación adquiere un papel tristemente relevante, ya que, aunque muchos no lo sepan, la mayoría de medicamentos y tratamientos son compatibles con la lactancia materna. Así, con frecuencia, la ignorancia de algunos asesores y profesionales de la salud impide que una madre que lo desea pueda dar el pecho a su bebé recién nacido.

Pasar por el quirófano

Existen algunas situaciones en las que la lactancia materna sí está contraindicada, pero se pueden contar con los dedos de una mano. Otras, en cambio, pueden generar dudas. Es de estas situaciones de las que nos vamos a ocupar. Para que las mujeres que las están viviendo y deseen amamantar a sus hijos se liberen de angustias y preocupaciones injustificadas. Veamos algunos casos.

  • Reducción mamaria. Las razones médicas para realizar una reducción de pecho son muy concretas. Se trata de mamas muy voluminosas que generan en algunas niñas y adolescentes alteraciones de la autoestima y valoración del propio cuerpo, y que en ocasiones también producen en algunas mujeres trastornos físicos con alteraciones de la columna vertebral.

Por lo general, las reducciones mamarias plantean una dificultad que viene determinada por el tipo de incisión quirúrgica y las resecciones realizadas. Como algunas técnicas quirúrgicas facilitan la lactancia posterior más que otras, es cuestión de asegurarse de elegir la más adecuada antes de realizar la intervención. Así, es imprescindible una discusión previa con el mastólogo o el cirujano estético para valorar todas las posibilidades, informándole del deseo de dar el pecho en el futuro.

  • Implantes mamarios. Posiblemente, esta situación es menos conflictiva que la anterior. Si el implante se sitúa por detrás del músculo pectoral y la herida quirúrgica se realiza a través de la axila, los impedimentos orgánicos para no poder amamantar son mucho menores. No se altera ni la glándula, ni las terminaciones nerviosas de la piel de la areola, ni los aportes sanguíneos y drenajes venosos y de la linfa. Es decir, en ese caso lo que ocurre es que dentro de la piel, junto a la glándula mamaria, hay un cuerpo extraño que no afecta al pecho para nada. Como mucho, cuando el pecho adquiera volumen por los cambios hormonales del embarazo, el tamaño puede llegar a ser mayor de lo esperado, pero no causará problemas.

En ambos casos, deberíamos tener en cuenta los motivos que mueven a la mujer a desear la intervención. Es muy probable que cuando entran en juego problemas de autoestima o deseos de mejora del físico, la lactancia pueda estar condicionada por bloqueos de la madre.

Por otra parte, si la cirugía mamaria se ha realizado por otras razones, no suele haber dificultades, siempre que el abordaje quirúrgico (lugar por donde se hace la incisión) se realice respetando al máximo las terminaciones nerviosas de la areola, así como los conductos galactóforos de la glándula (los que transportan la leche).

La cirugía que se practica realizando un corte alrededor de la areola (habitualmente para elevar el seno) tiene unos mejores resultados estéticos, pero puede dificultar la lactancia. Para que, llegado el momento, la mujer pueda amamantar a su bebé, hay que mantener una parte de esa areola sin cortar.

Así, a muchas mujeres que han sufrido una intervención mamaria se les ha practicado la vía de entrada en la mitad de la circunferencia de la areola, dejando la otra mitad íntegra, lo que permite una mejor sensibilidad posterior y, por lo tanto, una lactancia con menos dificultades. No obstante, mujeres a las que se ha aplicado técnicas quirúrgicas poco adecuadas han logrado una lactancia exitosa. En esos casos, el apoyo, control y asesoramiento es más necesario que nunca.

Las diferentes diabetes

Este trastorno se caracteriza por un elevado nivel de azúcar en la sangre.

  • En el caso de la diabetes tipo I el organismo no produce suficiente insulina (la hormona que moviliza el azúcar o glucosa que está en la sangre para llevarlo a las células).
  • En la diabetes tipo II, la forma más común, lo que se produce es una falta de respuesta a la insulina. Este caso está más relacionado con los hábitos alimentarios y el ejercicio, y se diagnostica en la edad adulta.
  • Finalmente, algunas mujeres tienen alteraciones en el control de la glicemia (niveles de azúcar en sangre) durante el embarazo, lo que se conoce como diabetes gestacional.

En ninguna de estas situaciones está contraindicado amamantar, pero hay que tener en cuenta algunas consideraciones. La madre diabética insulinodependiente –la que tiene diabetes tipo I– ha de regular los niveles de glicemia cuando amamanta, ya que el equilibrio mantenido habitualmente puede verse alterado. En ocasiones son necesarias menos dosis de insulina porque el bebé está ayudando a la madre a bajar los niveles de glicemia: gasta más calorías para producir leche.

Sin un control adecuado, la madre puede tener bajadas de azúcar al usar las mismas dosis que antes de dar el pecho.

El caso de la diabetes tipo II todavía es más claro: al tener un mayor consumo calórico, la madre controla mejor los niveles de glucosa en sangre. Si lo que tiene es diabetes gestacional, el hecho de amamantar elimina el problema y, además, reduce el riesgo de padecer diabetes tipo II en el futuro.

Debido al origen autoinmune de la diabetes tipo I, cuando una mujer es diabética desde niña, o su pareja es insulinodependiente, ayudarla a amamantar con éxito es especialmente importante: está comprobado que la lactancia materna disminuye el riesgo de diabetes en los hijos de padres diabéticos insulinodependientes.

Alteraciones tiroideas

Pueden darse dos situaciones opuestas: una baja producción de hormona tiroidea (hipotiroidismo) y una produccción excesiva (hipertiroidismo). Ambas son bastante más frecuentes en las mujeres que en los hombres, en una proporción de cinco a uno.

  • Hipotiroidismo. Afecta al 2% de la población. La mayoría de casos están relacionados con una ingesta deficiente de yodo. En la mujer embarazada y lactante es importante asegurar los aportes de este oligoelemento, por lo que hoy en día se recomienda tomar un suplemento durante la gestación y mientras se dé el pecho.

La mujer hipotiroidea toma la hormona en forma de pastillas porque ella no puede producirla en su tiroides. Esta circunstancia no le impide dar el pecho, si eso es lo que desea. Aunque las hormonas pasen a la leche, las mujeres cuya glándula tiroides funciona perfectamente también las tienen y eso no causa ningún problema al bebé. Al contrario, la presencia de hormonas en la leche podría ejercer un mecanismo de ayuda en la adaptación del recién nacido al nuevo medio.

  • Hipertiroidismo. Su incidencia médica es más alta, seguramente porque muchos casos de hipotiroidismo no han sido diagnosticados al confundirse sus síntomas con los de un cuadro de depresión leve o agotamiento por estrés. Cuando el hipertiroidismo debe tratarse con medicamentos antitiroideos, se puede dar el pecho con toda tranquilidad: no afectan al bebé a través de la leche. Por ignorancia de los santiarios puede darse una situación absurda: a una madre embarazada que no ha dejado de tomar la medicación durante estos nueve meses –lo que no ha significado ningún riesgo para su bebé– se le puede desaconsejar dar el pecho una vez ese bebé ha nacido.

En cualquier caso, el control adecuado de la función tiroidea es muy importante, ya que, entre otras cosas, ambas patologías pueden generar un déficit en la producción de leche en la mujer.

Tratamientos para el asma

El asma es una afección respiratoria crónica que, en muchas ocasiones, tiene un componente alérgico en su origen. Aun así, la madre asmática no tiene ningún problema orgánico que le impida dar el pecho. Los medicamentos se deben revisar de forma independiente.

Algunas mujeres que ya tenían una patología antes del embarazo, o que se les descubre durante el mismo, podrían tener que controlarla y someterse a algunas pruebas en el posparto. El estudio adecuado tanto de las pruebas como de los tratamientos necesarios ayudará a mantener la lactancia.

Son muy pocas las contraindicaciones reales, y los sanitarios debemos ayudar y apoyar a las madres durante todo el tiempo que necesiten.

Un bulto en el pecho

La presencia de tumoraciones mamarias benignas o malignas hace necesaria una intervención quirúrgica que puede influir en la lactancia.

Los lipomas, los quistes –quizá los más frecuentes– o los papilomas son algunos tipos de tumoración benigna. En muchas ocasiones, la cirugía es a la vez diagnóstica y reparadora, ya que son masas bien delimitadas que no generan peligro.

Con el diagnóstico y tratamiento correcto no hay ninguna dificultad con la lactancia. Las incisiones quirúrgicas suelen realizarse de forma radial sobre el tumor, por lo que la innervación de la areola o los drenajes van a mantenerse sin dificultad.

Las pruebas diagnósticas que pueden ser necesarias en estos casos (ecografía, mamografía, gammagrafía, resonancia, punción biopsia) no contraindican la lactancia. Se puede seguir dando el pecho durante todo el proceso de diagnóstico y tratamiento.

Si se diagnostica un cáncer de mama en el período de lactancia, amamantar no va a ser posible, ya que requiere una medicación incompatible, o incluso la extirpación de la mama. Afortunadamente, tenemos el recurso de las leches artificiales. En algunos casos quizá se podría pensar en la leche de mujeres donantes que se recoge en los bancos.

Cáncer de mama y lactancia

Salud de mamá y bebé

Cáncer de mama y lactancia

Combatir la depresión

En las primeras semanas tras el nacimiento, es normal estar más sensible, más emotiva. Y más aún si se ha sufrido violencia obstétrica. No debe confundirse esta situación con una depresión posparto, circunstancia que requiere una atención especializada.

Las madres con alteraciones psicológicas que requieren tratamiento pueden temer que la medicación que toman pueda afectar a su bebé en el embarazo y la lactancia.

Como siempre, hay que revisar cada uno de los medicamentos y valorar si es necesario tomarlos. Si son imprescindibles, conviene recordar que son muy pocas las medicaciones que implican la suspensión de la lactancia.

Consultar con tu médico la página web http://www.e-lactancia.org/ –una base de datos completísima y totalmente fiable– puede ser útil para decidir la medicación óptima sin tener que abandonar la lactancia.

Nunca se debe tomar un fármaco o un producto por natural que sea sin el consejo de un especialista.

Está prohibido amamantar en el caso de...

  • Galactosemia: Es una enfermedad congénita muy poco habitual. El bebé no metaboliza la galactosa (un azúcar) de la leche materna, que se podría acumular en el cerebro causando problemas.
  • Virus del Sida: Si la madre está infectada, el virus se transmite a través de la leche, más si hay grietas. Tuberculosis no tratada: Es una enfermedad contagiosa que se transmite por el ambiente. Si la madre se trata, puede amamantar.
  • Virus HTLV 1 y HTLV 2: Frecuentes en la población japonesa, no se ven en nuestro medio.
  • Drogodependencias (cocaína, heroína etc.)
  • Anticancerígenos y radioterapia: En el primer caso, se trata de drogas muy tóxicas. En el segundo, en algunos tratamientos conviene suspender la lactancia por los elementos radiactivos.

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