Lactancia: sin miedo a perjudicarle

LACTANCIA

Lactancia: sin miedo a perjudicarle

Contraer una enfermedad no obliga a dejar de amamantar. Es más, son pocas las ocasiones en las que lactancia y fármacos son incompatibles.

Luis Ruiz

9 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

Muchas madres recientes se encuentran en una situación límite cuando intentan amamantar y no reciben el apoyo adecuado. Las dudas y la ansiedad pueden aparecer a menudo: si está intentando amamantar y le aparece una grieta, o presenta una mastitis o infección del pecho; si el bebé llora continuamente y, a pesar de estar colocado en el pecho, no saca la leche de forma eficaz; si en su entorno la presionan para amamantar, o para no amamantar, y ella está aislada en su empeño...

Uno de los motivos que causa más preocupación es el diagnóstico de una enfermedad a la madre, o si ya la tiene y está tomando medicación para su tratamiento; y no digamos si es el bebé el que cae enfermo.

En la mayoría de estas ocasiones, intentar la lactancia es una auténtica odisea por la incertidumbre y los conflictos que surgen por el miedo a hacer daño al recién nacido. Pero, la gran mayoría de las veces, con el asesoramiento y el apoyo correcto, una madre puede dar el pecho a su hijo sin ningún problema.

Cuando la madre está enferma, hay varias suposiciones que pueden llevar a suspender la lactancia:

  • la posibilidad de que los gérmenes se transmitan a través de la leche
  • la creencia de que la leche es de mala calidad cuando se está enferma
  • que el bebé toma los medicamentos que ingiere la madre
  • que ésta empeorará al dar el pecho
  • o que hacerlo implica infligir daño al bebé de cualquiera de las formas.

Vamos a despejar las dudas de todas estas hipótesis.

Temor al contagio

Las enfermedades infecciosas son producidas por gérmenes de diferentes tipos. En la mayoría de casos, la lactancia materna no está contraindicada. Vale la pena analizar algunas situaciones en concreto.

En todas ellas hay que pensar, ¿el niño ha estado expuesto a la infección igual que la madre? En ese caso, ella actúa como un ganglio externo del bebé: si ambos entran en contacto con un germen o virus, la madre responde rápidamente, generando defensas que segregará por la leche, con lo que la enfermedad afectará menos al bebé.

Así, los hijos amamantados tienen 16 veces menos diarreas, 13 veces menos otitis y cinco veces menos neumonías que los bebés que no toman pecho. Éstas son algunas de las enfermedades que, por su frecuencia, generan más miedo y consultas médicas.

1. Varicela

En el recién nacido, es una enfermedad que puede ser muy grave. Ésta es una de las razones por las que en España se administra la vacuna de la varicela a todas las mujeres en edad fértil que no la hayan pasado, ya que una varicela durante el embarazo puede generar alteraciones en el feto, y si se coge en el último momento del embarazo o tras el parto, el recién nacido no tiene defensas y puede contagiarse.

En cambio, si la madre ha sido vacunada o ha pasado la enfermedad, el bebé tiene los anticuerpos de la madre que han pasado de forma pasiva a través del cordón umbilical y es muy difícil que se contagie.

No obstante, si la madre finalmente coge la enfermedad, hay que separarla del bebé y detener la lactancia. Habrá que hacerla en diferido para que, cuando las lesiones en la piel de la madre estén secas, el bebé pueda volver a mamar. Además, la leche ya lleva IgA secretora (inmunoglobulina A, un anticuerpo) tras 36 horas de aparecer la primera lesión, que ayudarán a evitar el contagio.

2. Herpes simple

Otra infección con la que hay que tener cuidado es la ocasionada por otro virus de la misma familia que la varicela: el herpes simple.

La lesión del herpes es contagiosa y suele aparecer en los labios, aunque en ocasiones se ha visto en el pezón. De nuevo, la separación del bebé para evitar el contacto con la lesión va a ser suficiente. Durante los días que estas lesiones tarden en curarse, al bebé se le puede dar leche materna extraída. En caso de herpes zoster, o culebrilla, que se produce por el virus de la varicela, se hace la misma prevención.

3. VIH

La infección por el virus del SIDA en la mujer indica la suspensión de la lactancia materna, igual que la infección por un virus frecuente en el sudeste asiático, el HTLV-1 y el 2, –rarísima en nuestro medio– que pueden inducir en el niño lactante la aparición de algún tipo de leucemias.

La infección por el VIH se busca en todas las embarazadas de forma sistemática, ya que el tratamiento precoz durante el embarazo ha disminuido los casos de contagio de madre a hijo. Actualmente, se están realizando investigaciones para evitar la transmisión de esta infección a través de la leche.

4. Hepatitis

Las tres formas conocidas de hepatitis en la madre –A, B y C– no impiden la lactancia.

La hepatitis A se adquiere por contaminación fecal oral, y siguiendo unas medidas mínimas de higiene en el lavado de manos y el agua de consumo, no impide la lactancia materna.

Las hepatitis B y C se transmiten a través de pinchazos con materiales contaminados (jeringas, transfusiones), difícil que se den en la asistencia sanitaria actual.

Si la madre es portadora de la hepatitis B, ésta se diagnostica en el embarazo, y al recién nacido se le inyecta una gammaglobulina específica, además de vacunación precoz de la hepatitis B.

En el caso de la hepatitis C, hay datos suficientes para permitir la lactancia materna y sólo se desaconseja si la carga viral de la madre (virus por milímetro cúbico de sangre) es alta.

5. Tuberculosis

Las infecciones bacterianas de algunas partes del cuerpo no se transmiten a través de la leche. Algunos casos, como la tuberculosis, requieren la separación y aislamiento de la madre y el niño, pero cuando la madre ha tomado el tratamiento durante 15 días, ya no puede contagiar a su hijo por vía oral, y pueden volver a estar juntos.

6. Mastitis

En el caso de otras infecciones más locales como las mastitis o infecciones del pezón, no se ha visto que afecten negativamente a los bebés alimentados al pecho. Al contrario, cuanto mejor se vacía el pecho con mastitis, antes se cura la infección.

7. Resfriados

Los catarros y la mayoría de diarreas son procesos víricos que permiten a la madre seguir dando el pecho a su bebé.

8. Enfermedades endocrinas

En enfermedades endocrinas como la diabetes insulinodependiente, la lactancia no está contraindicada. No sólo eso, las madres que tienen diabetes juvenil deben saber que, alimentando a su bebé con leche materna, lo protegen de desarrollar la diabetes que tienen sus progenitores. A veces, las madres diabéticas, como sus hijos están extrayendo depósitos grasos y sustancias del organismo materno, tienen que regular la cantidad de insulina, ya que, en muchas ocasiones, esta necesidad disminuye.

No hay contraindicación, tampoco, en el caso de alteraciones tiroideas. Ni el hipotiroidismo ni el hipertiroidismo materno contraindican la lactancia. Como todas las otras mujeres, las madres lactantes con alteraciones de tiroides tienen que tomar el suplemento de yodo diario, tanto en los casos de hipotiroidismo o falta de hormona tiroidea, como en los de hipertiroidismo, aunque estos últimos habría que discutirlos con el endocrinólogo.

9. Enfermedades psiquiátricas

En el caso de enfermedades psiquiátricas de la madre, hay que ayudarla a que continúe amamantando. Y tanto si toma leche materna como si no, hay que vigilar que el bebé no sufra por cambios conductuales de la madre. En ocasiones, la lactancia mejora la sintomatología de algunas enfermedades psiquiátricas.

El mejor alimento

Creer que la leche de una madre que tiene una enfermedad es mala no tiene ningún fundamento. No existe la leche mala, y aunque hace algunos años se analizaran muestras para determinar su validez, se ha visto que no sirve de nada. Todas las leches de madre son buenas para su hijo y para los hermanos de leche que pudieran existir.

En casos de malnutrición intensa de la madre –siempre que no sea grave, superior al 30%–, la cantidad de leche que se produce es menor, pero la calidad no varía.

No hay que incrementar la angustia de una madre preocupada por su enfermedad, insinuando que su leche no alimenta.

Efectos secundarios

En la mayoría de los prospectos de los medicamentos se contraindica la lactancia, incluso en situaciones en las que el paso de la sustancia a la leche es imposible.

Tras esta advertencia está un motivo muy simple: cuando el fármaco salió al mercado no había suficiente experiencia y, ante la duda, el laboratorio prefiere no recomendar la lactancia. En realidad, son pocos los medicamentos no compatibles con la lactancia materna.

El fármaco es absorbido por la madre. Una vez en la sangre, ha de pasar a la leche, de donde desaparece conforme bajan los niveles de medicamento en sangre. Tras la tetada, la cantidad que haya podido llegar al estómago del bebé tiene que pasar a su sangre, donde podría causar algún efecto. Es un proceso tan largo que, para que a un niño le llegara una dosis de paracetamol similar a la que ha tomado su madre, debería tomar unos 20 litros de leche. Y eso no hay quien lo tome en un mes. Es decir, pasa tan poca cantidad de fármaco que no hay riesgo.

En la recomendable página web e-lactancia hay un consultorio de libre acceso, completo y actualizado, que todos podemos consultar y conocer acerca de la compatibilidad de la lactancia materna con 25.370 términos que se refieren a medicamentos. Cualquier consulta sobre medicamentos debería hacerse a un profesional implicado en el apoyo a la lactancia materna.

¿Cuál es el mejor momento para tomar la medicación?

Los horarios de los medicamentos se deben a la vida media que tienen en sangre. En las madres que amamantan hay que usar medicamentos de vida media corta para que los niveles en sangre sean bajos pronto. Asimismo, si tomamos el fármaco tras acabar la toma, los niveles en la leche en la siguiente serán más bajos.

¿Pueden ponerme anestesia si estoy dando el pecho?

Si la anestesia es general, cuando la madre está despierta es que ya no tiene anestésico en sangre, por lo que no hay problema en amamantar.

Si es local, el anestésico no llega a la sangre, por lo que tampoco hay ningún problema.

¿Las pomadas para el pecho son compatibles?

En general, si no ponemos medio kilo de pomada en el pecho, y esperamos un tiempo prudencial hasta que se absorba, no hay que tener miedo. La acción local hace que no lleguen a la sangre, donde tendrían otros efectos, también en la madre.

¿Es posible que el niño rechace el pecho?

Este es un síntoma que los pediatras controlamos como signo de enfermedad del lactante. Pero en el caso de enfermedad materna, no tiene por qué darse. En ocasiones, a la madre le parece que el niño está todo el día enganchado, cuando lo que ocurre es que ella tiene dificultades, por su enfermedad, para responder al bebé.

Evaluar pros y contras

Cuando una madre está enferma y quiere amamantar a su bebé hay que animarla, y observar las posibles patologías que ambos pudieran sufrir por esta acción. Posiblemente, son pocas las situaciones en las que habrá alguna alteración o un perjuicio para alguno de los dos. En esos casos, los pros y los contras de variar la alimentación del bebé lactante tendrán que plantearse de forma científica.

Acudir a profesionales conocedores de la lactancia materna (consultoras ILBC, pediatras, matronas) puede ayudar a las madres a seguir amamantando. Y, sobre todo, a superar el miedo de que, dando el pecho, estén perjudicando a su mayor tesoro.

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