No sé si voy a darle el pecho

LACTANCIA

No sé si voy a darle el pecho

Algunas mujeres tienen sentimientos ambivalentes sobre la lactancia. Una vez hayan tomado una decisión, sea cual sea, su entorno debe apoyarlas.

Carmela Baeza

27 de septiembre de 2018, 13:54 | Actualizado a

Las mujeres tienen el deseo innato de amamantar a sus bebés. De hecho, la naturaleza prevé que el embarazo, el parto y la lactancia formen parte de un proceso continuo, con un mismo clima basado en cambios hormonales similares, que producen bienestar y salud tanto en la madre como en el bebé. Dar el pecho es, por lo tanto, el deseo natural.

Pero todos conocemos casos de madres que deciden no amamantar a sus hijos. Ante estas situaciones, algunos defensores de la lactancia materna, tanto madres como profesionales, tienen dificultades para entender o acoger a estas madres. Incluso pueden darse situaciones muy tristes en las que, debido a esta presión, algunas mujeres llegan a sentirse peores madres por no querer amamantar a sus bebés.

En este sentido, los profesionales debemos de tener claro que nuestro papel es ofrecer a las familias toda nuestra ayuda para que puedan tomar una decisión bien informada, y después brindarles nuestro apoyo y respeto en la determinación que tomen respecto a la crianza de su bebé.

Motivos muy personales

Hay múltiples razones por las que una mujer puede decidir no dar el pecho a su bebé.

La más frecuente es haber tenido una mala experiencia en una lactancia anterior. Suelen ser mujeres que han tenido grietas, mastitis e incluso abscesos mientras daban el pecho a su primer hijo, y que han pasado un auténtico calvario de dolor físico.

O peor, se han sentido culpables de que sus hijos ganaran poco peso, pasaran hambre o tuvieran problemas de deshidratación.

Si tú eres una de estas madres, lo ideal es que te pongas en contacto con alguien experto en lactancia para poder ver con calma las razones por las que todo fue mal en la primera ocasión, y así poder evitarlo en la siguiente.

Ninguna lactancia es igual a la anterior.

A menudo, la decisión de no amamantar puede estar basada en una amalgama de circunstancias personales, creencias culturales y experiencias anteriores que pueden condicionar la actitud de la madre respecto a la lactancia:

  • miedo a hacer daño al bebé por una medicación que está tomando
  • historias familiares sobre mujeres con una supuesta incapacidad para dar de mamar
  • convencimiento de que no va a poder disminuir la cantidad de tabaco o alcohol que consume
  • suponer que la forma y tamaño de su pecho no permiten la lactancia...

En la mayoría de los casos, recibir una información clara y rigurosa puede ser de gran ayuda para aclarar las ideas, teniendo en cuenta lo importante que es esta decisión.

Las razones más habituales que esgrimen las mujeres para no dar el pecho son:

  • Una mala experiencia en una lactancia anterior. En muchos casos la falta de apoyo e información adecuada, los problemas no resueltos o las interferencias en el establecimiento de la lactancia generaron complicaciones que podían haberse solucionado.
  • Incorporación al trabajo. Si tienen la obligación de volver a la vida laboral rápidamente, pueden creer que no vale la pena iniciar la lactancia.
  • Miedo al dolor. Es cierto que el pe- cho es una zona sensible, pero amamantar no causa dolor si el bebé está bien colocado al pecho.
  • Temor a que se estropee la figura. Algunas mujeres todavía piensan que amamantar afea el pecho.
  • Estar tomando pastillas que no desea dejar, por ejemplo, fármacos para dormir bien por las noches.
  • Presión familiar, a la que se une la falta de experiencias positivas transmisibles −muchas madres no han visto dar el pecho−, ya que la mayoría de mujeres que ahora serán abuelas fueron madres en pleno “boom” del biberón.
  • Ideas preconcebidas. La más común es que no se tendrá suficiente leche.
  • Optar por un estilo de vida que creen que no puede ser compatible con amamantar.
  • Incomodidad. A veces, dar el pecho en público genera reparos por prejuicios sociales contra la lactancia materna y falta de espacios adecuados.
  • Limitar la función del pecho. Puede desear que sólo sea un objeto erótico.

Finalmente, hay madres que deciden no amamantar y la razón que dan parece banal a nuestros ojos. En muchos casos, esa explicación encubre una aversión real y causas más profundas de las que podemos imaginar.

Aversión a dar el pecho

Hay veces que la decisión de no amamantar no es algo racional y sopesado.

La aversión a dar el pecho es un rechazo visceral, profundo y en muchas ocasiones inesperado. A menudo, las razones aducidas pueden no tener nada que ver con su origen real.

Esta aversión a amamantar es un hecho poco frecuente pero muy dramático, ya que una de sus causas principales son los traumas en la infancia de la madre o los abusos sexuales (no siempre conscientes hasta ese momento). Estas mujeres pueden presentar una serie de síntomas que dificulten la lactancia, independientemente de su deseo de amamantar.

No todas las víctimas van a tener secuelas (autoestima baja, mayor riesgo de enfermedad física, poca habilidad para manejar el estrés...), pero en caso de haberlas suelen afectar de alguna manera a la lactancia y la crianza. La ayuda especializada puede jugar un papel esencial para superarlo.

En definitiva, cuando una madre decide no amamantar, o dar a su bebé leche extraída, debe contar con todo nuestro apoyo y respeto, nos dé la razón que nos dé. Pero si tú, madre, arrastras un pasado doloroso, no dudes en buscar ayuda.

Pensarlo con antelación

Si no tienes claro qué hacer, aquí van unas palabras de aliento para ti. Lo ideal es que lo tengas claro antes de que nazca tu bebé: las primeras horas después del parto no son el mejor momento para tomar decisiones porque seguramente estarás cansada y, probablemente, dolorida y vulnerable. Tendrás muchas visitas y recibirás muchos consejos contradictorios −todos ellos bien intencionados−, tanto de familiares y amigos como, en algunos casos, de profesionales.

La forma en que vas a alimentar a tu hijo es un tema muy importante, y por eso es mejor que cuando llegue el bebé lo tengas decidido.

Eso sí, después de haberte informado bien, ya que lo que hagas en el posparto es esencial.

La opción de los biberones

A pesar de todo, es posible que llegues al parto insegura. En este caso, es más fácil empezar y dejarlo que no empezar y luego querer intentarlo. Si finalmente dedides no dar el pecho:

  • Infórmate. Los bebés que toman leche artificial también deben alimentarse a demanda, es decir, cuando quieren y la cantidad que quieren. Ofrecer un biberón también es un momento de intimidad, tranquilidad y complicidad con el bebé.
  • Contempla extraerte leche. Hay mujeres que han decidido no dar de mamar a sus bebés directamente pero se han extraído la leche y se la han dado a sus hijos durante muchos meses, incluso hasta el año.
  • Defiende tu opción. Ten una respuesta preparada por si alguien te cuestiona. Es una decisión tuya y sólo tuya, y no tienes por qué estar dando explicaciones.

Buscar el éxito de la lactancia

Si no lo tienes claro pero quieres intentar amamantar, recuerda la importancia que tienen las primeras horas tras el parto, ya que hacer bien las cosas desde el principio aumenta las posibilidades de éxito. Hacer las cosas bien es permitir, en primer lugar, que el bebé permanezca contigo tras el nacimiento.

El recién nacido nace con unos reflejos y una conducta instintiva que le lleva a buscar y encontrar el pezón por sí mismo, y a iniciar la lactancia en la primera hora tras el parto. En los partos con epidural puede tardar un poco más... hay que darle tiempo. Esta conducta instintiva sólo puede ocurrir cuando madre y bebé permanecen piel con piel, en intimidad y sin ser molestados sin motivo.

Muchos problemas con la lactancia tienen su origen en las separaciones en el posparto más inmediato o en la administración de los biberones de leche o suero glucosado al bebé.

Si surge algún problema, busca ayuda lo antes posible. Acude a un profesional de la salud formado en lactancia materna:

  • una matrona
  • un pediatra
  • o una consultora de lactancia, por ejemplo, una con certificación IBCLC (International Board of Certified Lactation Consultant).

Ponte metas sencillas a corto plazo, día a día si es necesario. El otro día vi en la consulta a una mamá que tenía grietas y dolor desde que nació su bebé. Cada día se planteaba dejarlo, y a la mañana siguiente decía: “Venga, sólo un día más”. Y así llegó a los dos meses, momento en el que nos encontramos y pudimos solucionar el problema.

Mejor en compañía

En todos los casos, recuerda estos tres puntos fundamentales:

  1. Disfruta de la lactancia. Todas las funciones biológicas son placenteras, y ésta no tiene por qué ser menos.
  2. Rodéate de personas que te apoyen y animen en esta etapa tan especial: tu marido, familiares, amigas, algún profesional... Busca a quien te ayude a conseguir lo que necesitas.
  3. Acude a un grupo de apoyo a la lactancia y la crianza lo más cerca posible de vuestra casa. Está demostrado que uno de los factores más determinantes en el éxito de la lactancia materna es la compañía de madres en la misma situación vital.

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