Qué favorece su instinto de mamar

LACTANCIA MATERNA

Qué favorece (y qué no) su instinto de mamar

Él sabe cómo hacerlo. No necesita que lo estimulen. Ni siquiera que lo coloquen en una buena posición. Si se le deja, en poco rato se cogerá al pecho solo.

Luis Ruiz

27 de julio de 2018, 13:45 | Actualizado a

Se dice que los recién nacidos saben cómo hacer las cosas. Y es verdad: nacen preparados con unos reflejos primitivos innatos que les ayu- dan a sobrevivir; unos reflejos que les permiten, por ejemplo, obtener alimento por sí mismos succionando el pecho de su madre y saber cómo actuar tras el nacimiento. Estas reacciones indican una actividad de base del cerebro que no está sometida a la acción cortical superior que alcanzarán cuando crezcan.

Estos reflejos innatos que llevan a una conducta determinada del bebé que acaba de nacer son muy importantes para establecer y mantener una buena lactancia.

En ese sentido, conocerlos y permitir que se produzcan sin interferir es muy importante para lograr una mejor crianza natural. Estos reflejos se desencadenan ante estímulos internos, como una bajada de azúcar en sangre, o externos, como una visión que asusta; también pueden ser mixtos o conductas de acoplamiento.

Los llamados reflejos del recién nacido, las reacciones y respuestas innatas que todos deberían tener, son la herramienta que usamos los pediatras para evaluar el funcionamiento del sistema nervioso y las capacidades del bebé. ¡Han sido identificados más de 70 reflejos arcaicos! Están presentes según el estadio madurativo y la edad gestacional.

Aferrado a la vida

Todos los reflejos son necesarios. Si el bebé no tiene el reflejo de gateo que le permite desplazarse sobre el vientre de la madre hasta que llega al pecho, la succión nunca se producirá. De todos modos, es indudable que, cuando hablamos de lactancia, nos fijamos más en los relacionados con la boca: búsqueda, enderezamiento de la cabeza, hociqueo y succión. Otros no tan visibles, como el de agarre y los movi- mientos de la lengua, respiración y deglución, también son importantes y persistirán a lo largo de toda la vida.

Si observamos a los recién nacidos mamíferos de otras especies, nos damos cuenta de que hay una conducta aprendida en todos ellos que los lleva a agarrar el pecho materno. Los humanos también tenemos esta conducta y, si se nos permite, llegamos por nosotros mismos a alcanzar la glándula mamaria de nuestra madre para mamar correctamente. El bebé se agarra de forma espontánea al pecho cogiendo el pezón y un buen trozo de areola.

Los bebés recién nacidos están totalmente “equipados” para este proceso. Por ejemplo, ven y distinguen los contrastes luz-oscuridad. Por este motivo, la areola y el pezón se oscurecen durante el embarazo: este cambio de pigmentación les orientará.

Reconocen y prefieren una cara humana a cualquier otra imagen, y huelen y distinguen el olor de su madre a tal punto que si lavamos uno de los pechos, se dirigen y maman sólo del que no ha sido lavado.

A un bebé le gustan más los sonidos agudos que los graves: le permiten conectar más con la voz de su madre cuando ésta le habla y anima entre susurros o le canta una nana.

Él sabe cómo hacerlo

Para mamar correctamente el bebé tiene que agarrarse bien al pecho materno. Primero ha de abrir la boca en una fase anticipatoria a la succión propiamente dicha. Para ello, al tocar el pezón con los labios, abre mucho la boca: el reflejo de búsqueda le hace encontrar el pezón, abre los labios y saca la lengua hacia fuera haciendo una especie de cuña que se adapta a la areola. Para conseguir que el pecho entre en la boca con el pezón apuntando al paladar, el bebé tira la cabeza hacia atrás, la lengua se retrae ligeramente y lleva la areola dentro de la boca. Haciendo la presión oportuna en la base del pecho, aspira la glándula mamaria. Gran parte de la areola, no sólo el pezón, queda dentro de la boca.

Como está agarrado con la lengua situada por debajo de la mama, suele tener la cabeza echada hacia atrás, de manera que el pecho no está sujeto de forma simétrica, sino con el pezón en la porción posterior del paladar y la lengua por la parte opuesta de la areola. Por eso, si intentamos retener su cabeza apretándolo contra el pecho, el bebé la tira hacia atrás por un reflejo primitivo llamado tónico laberíntico. Este reflejo impide que el bebé tenga las vías respiratorias obstruidas cuando está agarrado en el pecho y alguna fuerza externa le presiona contra él.

Muchas madres que sujetan al bebé por la cabeza, y lo presionan desde el occipital para que se coja al pecho, dicen que el niño lo rechaza porque intenta en todo momento tirarse hacia atrás. Sin saberlo, están contemplando un reflejo vital para el recién nacido.

Informaciones contradictorias

Si, tras el nacimiento, dejamos al bebé encima de la madre, éste alcanza el pecho y mama por sí solo en un tiempo inferior a una hora. De todas formas, desde el punto de vista de la puericultura, se han dado recomendaciones que posiblemente no tienen razón de ser y que, en algunos casos, pueden incluso haber complicado las cosas. En su momento se dijo, por ejemplo, que había que poner al bebé en un ángulo de 45 grados del cuerpo de la madre y que era mejor acercarlo al pecho con unas almohadas... con lo que el ángulo de 45 grados desaparecía. También se explicó que era importante hacer la tijera con los dedos alrededor del pezón para ofrecer el pecho, lo que en realidad puede llegar a dificultar el agarre; que si para que abriera la boca había que estimular el labio superior...

En realidad, si permitimos que se coloque él solo desde el principio y observamos lo que ocurre, apreciamos que el bebé contacta con la barbilla y el labio inferior en el pecho y abre la boca de forma adecuada. De esta forma, el agarre es menos traumático para el pezón, ya que la lengua y la encía de la mandíbula están por detrás de la areola y el pezón en el paladar blando –en la parte posterior de la cavidad bucal–.

Este agarre que se produce cuando se deja al recién nacido encima de la barriga de la madre es mucho más eficaz. Podemos ayudar pero no interferir en el proceso. El bebé sabe cómo mamar y no hay que obligarle a hacer nada. Se puede observar este proceso en el vídeo Self Attachment que UNICEF ha puesto a disposición de todos en la Red.

Nuevos estilos hospitalarios

Las antiguas rutinas de maternidad, que ya se están cambiando en muchos hospitales, hacían que el inicio de la lactancia materna pudiera ser alterado y provocara dificultades posteriores:

  • separación del bebé y la madre
  • dar chupetes antes de que la lactancia esté establecida
  • ofrecer al recién nacido sueros u otros alimentos distintos de la leche materna, etc.

En ese sentido, la Iniciativa Hospitales Amigos de los Niños, programa de UNICEF adoptado por el parlamento español y la mayoría de parlamentos autonómicos, es una acción para permitir la libre elección de las madres a amamantar y que las rutinas contra la lactancia que aún persisten en muchos hospitales españoles vayan desapareciendo.

Facilitar y no entorpecer que el recién nacido esté con su madre hasta que él solo llegue a alcanzar el pecho es uno de los 10 puntos que promueve esta iniciativa para el logro de una lactancia exitosa.

Los hospitales que sigan este decálogo pueden optar a la distinción Hospital Amigo de los Niños.

Dar la bienvenida a nuestro recién nacido observando cómo se acerca al pecho y empieza a mamar es disfrutar de un momento muy especial. Comunica ese deseo a la matrona, a tu ginecólogo y al pediatra.

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