¿Tiene el frenillo lingual corto?

LACTANCIA

¿Tiene el frenillo lingual corto?

En muchos casos provoca en el bebé dificultades para mamar bien: la boca no puede abrirse por completo y la lengua también tiene problemas de movilidad.

Luis Ruiz

10 de agosto de 2018, 07:00 | Actualizado a

La importancia de la posición en el logro de una lactancia materna exitosa se difunde cada día más. Ya no es extraño escuchar frases como “procura que el bebé tenga la boca bien abierta” o “el pezón debe estar en el paladar, bien adentro”.

También va calando la idea de que dar de mamar tiene que ser una actividad placentera: la más mínima molestia debería hacernos buscar ayuda porque es una señal de que algo no va bien. Pero no todas las mujeres piensan así y con mucha frecuencia soportan dolor. Socialmente se acepta que dar de mamar puede molestar o doler porque sentir placer amamantando no estaría bien visto y porque la pérdida de la cultura de la lactancia ha llevado a creer que es normal que dar el pecho moleste, sobre todo al principio. En ocasiones, hasta los profesionales perpetuamos esta normalidad del dolor.

El pezón doloroso es una de las consultas más frecuentes de las madres, en ocasiones de forma tardía. La mayoría de las veces, la causa es la posición incorrecta del bebé al mamar, pero existen otras causas de dolor continuado, y la existencia de frenillo lingual corto en la boca del niño es un factor a tener en cuenta.

Movimientos limitados

El frenillo es la membrana que sujeta la lengua por la línea media de la parte inferior y que, cuando se desarrolla demasiado, impide mamar o hablar con soltura.

Se presenta en un 5% de la población y más en hombres que en mujeres, a razón de tres a uno. Y dificulta de tal modo la lactancia, que uno de cada cuatro problemas para dar el pecho es debido al frenillo.

Cathy Genna1, experta IBCLC (International Board Certified Lactation Consultant) en frenillos linguales y sus dificultades, propone una clasificación del frenillo de cuatro tipos, una división que no tiene relación con el mayor o menor grado de dificultad en la lactancia, sino con la fijación del frenillo en la lengua.

  • Los grados uno, dos y tres son fáciles de observar, ya que se ven al levantar la lengua del bebé: se aprecia la membrana sujeta más adelante o más atrás.
  • El grado cuatro es el que se define como frenillo submucoso; no se puede ver al levantar la lengua pero sí se nota al pasar el dedo por el suelo de la boca y la base lingual.

Hasta no hace mucho, los frenillos no se cortaban salvo si impedían de forma visible y continuada la movilidad de la lengua, produciendo lenguas con muescas en forma de corazón y señales de fijación de la lengua.

Las madres cuyos hijos tenían el frenillo corto se adaptaban al dolor, que disminuía al colocar al bebé al pecho con la cabeza totalmente extendida hacia atrás y haciendo presión en la parte alta del tórax, entre sus omóplatos.

La postura de caballito, sentado a horcajadas en la pierna, es muy útil para lograr que el bebé se agarre al pecho. De este modo se han logrado lactancias maternas prologadas en niños con frenillo lingual corto.

Intervenir a tiempo

La dificultad de las madres para dar el pecho y el dolor son razones suficientes para plantear la frenectomía, que, posiblemente, va a facilitar la lactancia. Si la sección es precoz, la adaptación del bebé es muy rápida. En cambio, si la frenectomía se demora, quizás necesite más tiempo para acomodarse a la nueva situación.

Además de dificultad para mamar, el frenillo corto también puede causar dificultades con la ingesta de alimentos sólidos, con el habla o con la posición de los dientes.

Todas estas razones justificarían una intervención temprana. De todos modos, el pediatra será quien mejor pueda valorarlo.

La intervención es una cirugía menor, que en los recién nacidos se puede realizar de forma sencilla por el pediatra en la consulta o en el mismo hospital.

Cuando el niño es mayor, como tiene más dificultades para mantenerse quieto, necesita sedación o anestesia, pero la intervención sigue siendo, en general, muy simple.

Lo mismo ocurre con los adultos: pueden requerir anestesia local al hacerles los puntos de sutura.

Una vez realizada la intervención, tanto el recién nacido como el lactante pequeño pueden alimentarse con normalidad enseguida.

Cuanto más pequeño es el niño, antes recupera la función natural de la lengua. Los niños mayores y los adultos, en cambio, pueden necesitar la ayuda de un especialista en logopedia.

Indicios que hacen sospechar

  1. Los niños con esta alteración tienen dificultades para agarrarse desde el primer momento, ya que no consiguen abrir la boca con la misma facilidad y la lengua impide que el pezón y gran parte de la areola pasen dentro.
  2. La madre siente dolor en el pezón desde el primer momento, un dolor persistente.
  3. Aparecen grietas precoces y pezón ensangrentado.
  4. Al abrir la boca para mamar, el bebé no saca la lengua más allá del labio y realiza movimientos asimétrios con la lengua.
  5. En ocasiones se aprecia una asimetría facial. Tanto al abrirla como al realizar los movimientos de búsqueda, la boca está torcida.
  6. Como se alimenta menos, con frecuencia aparece una coloración amarillenta de la piel. Esta ictericia fisiológica puede ser proplongada.
  7. Por este motivos, son bebés que pierden mucho peso y que tienden a un aumento ponderal continuado pero escaso.

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