Por una bienvenida sin interferencias

NACIMIENTOS MÁS RESPETADOS

Una bienvenida tranquila y respetuosa

Las horas que siguen al nacimiento son un momento muy especial. En su nuevo documento, la Asociación Española de Pediatría recomienda cuidar el entorno y no intervenir si no es necesario.

Isabel Fernández del Castillo

16 de mayo de 2018, 07:24 | Actualizado a

Intervenir lo justo, asegurar la calidad de la atención y preservar las condiciones idóneas para que tanto el recién nacido como su madre puedan actuar de forma instintiva tras el parto. Éstos son los objetivos del documento hecho público por la Asociación Española de Pediatría (AEP), que sirve de guía a los neonatólogos españoles.

Y es que hasta hace poco y todavía en muchos hospitales los recién nacidos eran separados inmediatamente de su madre tras pinzar y cortar el cordón, y se les realizaban maniobras como la aspiración de mucosas o la introducción de sondas en las fosas nasales, intervenciones que la gran mayoría de las veces no son necesarias.

Cortar el cordón puede esperar

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Cortar el cordón puede esperar

Pero el descubrimiento de la capacidad del bebé de encontrar el pecho por sí mismo dentro de la primera hora de vida ha puesto de manifiesto la existencia de conductas instintivas muy precisas en el posparto. Estas conductas tienen como finalidad, por una parte, facilitar la adaptación del bebé a la vida extrauterina y, por otra, crear un intenso vínculo afectivo con su madre, ayudado por el especial estado hormonal tras el parto. También se ha podido constatar que cuando el recién nacido puede realizar este ritual instintivo de forma espontánea, las consecuencias no son más que positivas para su salud.

Así, cuando nada más nacer el bebé es puesto en contacto piel con piel con su madre en un ambiente cálido, íntimo y confortable, ese contacto le ayuda a regular y mantener su temperatura corporal y el nivel de glucosa en sangre, y a acompasar el ritmo respiratorio con el de ella. Por otra parte, el hecho de permitir al bebé encontrar el pecho por sí mismo e iniciar espontáneamente la lactancia posibilita que ésta se establezca de forma óptima, lo que se relaciona con su mayor éxito y duración.

Este ritual primario permite, además, realizar la impronta, ese valioso vínculo afectivo clave en la supervivencia y socialización de cualquier cría mamífera.

Y una madre bien vinculada afectivamente a su bebé es una madre más sensible y perceptiva.

Los descubrimientos recientes en relación a este período sensitivo han puesto también de manifiesto que muchos de los “problemas” del posparto como la hipotermia, la hipoglucemia o la dificultad para iniciar la lactancia son, en la mayoría de los casos, una consecuencia de interferir en el comportamiento instintivo del bebé y el contacto con su madre, y de “sustituir” los beneficiosos efectos de ese contacto por sucedáneos como la cuna térmica o el biberón glucosado... con peores resultados.

A la luz de la evidencia

En la actualidad, y al igual que está ocurriendo con la forma de atender el parto, el criterio de los profesionales es evaluar cada práctica realizada por rutina en el posparto, y valorar si es útil en todos los casos, si cumplen una función necesaria o no, o si se realizan en el momento adecuado. Así lo recoge el documento de la AEP: “El objetivo de estas recomendaciones es aplicar la mejor evidencia científica a los procedimientos en el cuidado del recién nacido desde el nacimiento y en los primeros momentos de la vida posnatal. Se quieren contrastar ciertas prácticas y rutinas para ajustarlas al conocimiento y la evidencia médica actuales, y así mejorar la calidad asistencial y la seguridad del recién nacido”.

En algunos casos, evaluar cada práctica a la luz de la mejor evidencia posible está comportando la eliminación de algunas de esas prácticas. En otros, que se pospongan hasta después del período sensitivo para no entorpecer ese comportamiento instintivo y la impronta afectiva con la madre.

Nuevas formas de proceder

  • Intimidad. El comportamiento espontáneo de la madre y el bebé sólo puede producirse si se encuentran en las condiciones adecuadas, es decir, si el recién nacido permanece piel con piel con su madre, en un ambiente de intimidad, calor, confort y sin interferencias innecesarias. Es tarea del hospital procurar que el entorno hospitalario favorezca al máximo las condiciones ambientales idóneas, y de los profesionales sanitarios, actuar con la discreción y el respeto necesarios.
  • Pinzamiento del cordón. El momento adecuado para pinzar y cortar el cordón umbilical ha sido objeto de largos debates. El bebé necesita unos minutos para iniciar la respiración por sí mismo y reorganizar la circulación sanguínea del corazón y los pulmones. Una vez completado el proceso, el cordón deja de latir. En contra del pinzamiento tardío se esgrimían razones como un mayor riesgo de hemorragia en la madre, o de policitemia (exceso de glóbulos rojos) en el recién nacido. Sin embargo, según la AEP: “Existe evidencia que indica que un pinzamiento tardío (a los dos o tres minutos del nacimiento o cuando deja de latir) no aumenta el riesgo de hemorragia materna y puede mejorar los depósitos de hierro en el recién nacido, aun cuando exista un mayor riesgo de policitemia y de ictericia. Esta actitud es recomendable cuando sea posible un buen control y un seguimiento con posibilidad de tratamiento de la ictericia neonatal”. Precisamente, uno de los mejores mecanismos de control de la ictericia neonatal es la lactancia precoz y a demanda, que facilita la eliminación de la bilirrubina por las heces y previene su reabsorción en el intestino.
  • Reconocimiento del bebé. Habitualmente, al bebé se le examinaba sobre una mesa y apartado de la madre, algo que debería cambiar: “Es necesario realizar una primera inspección para comprobar el buen estado del recién nacido, la cual puede realizarse manteniendo el contacto piel con piel con la madre”. El test de Apgar también puede hacerse del mismo modo: “Para la realización del test de Apgar al minuto y a los cinco minutos del nacimiento no es necesaria la separación del recién nacido de su madre, y es un procedimiento que debe realizarse de forma universal en los recién nacidos, aun cuando estén vigorosos y sanos”.
  • Cuánto tiempo piel con piel. Cuando el bebé nace está en un estado de alerta tranquila a causa de la noradrenalina que segrega durante el parto. Es un estado especial, que dura hasta que se duerme al cabo de unas dos horas y efímero, pues no se repetirá jamás. Según la AEP, no hay información acerca del tiempo ideal de contacto piel con piel sin interrupción, pero se ha comprobado que cuanto más tiempo está el bebé cerca de su madre, las probabilidades de que encuentre el pezón e inicie la lactancia por sí mismo son mayores. Así, recomienda “el contacto piel con piel durante al menos 50 minutos sin ninguna interrupción, si el estado de salud de la madre y del niño lo permiten. Quizá sea deseable que el tiempo se prolongue hasta los 120 minutos. Estos niños no precisan de ningún tipo de reanimación y como fuente de calor actúa la propia madre. Se debe ofrecer a todas las madres, incluidas las que hayan decidido alimentar a sus hijos con sucedáneos”.
  • Cerca del padre. Si, por su estado de salud, la madre no está en condiciones de permanecer con su bebé tras el parto, se ha constatado que es beneficioso que el contacto piel con piel lo haga el padre.
  • El papel de los profesionales. Según el documento, deben intervenir “sólo para corregir desviaciones de la normalidad y para favorecer un clima de confianza, seguridad e intimidad, mediante el respeto de la privacidad, la dignidad y la confidencialidad de las mujeres y sus hijos. En el puerperio inmediato, y en relación con el recién nacido, se debería aprovechar la estancia en el hospital para promocionar y apoyar la lactancia materna, favorecer el proceso de vinculación y realizar actividades preventivas y de educación sanitaria”.
  • Bebés separados inicialmente. En ocasiones, por motivos de salud o por dudas que han surgido inicialmente, el bebé es separado de su madre, pero “si a los pocos minutos se comprueba que la situación de ambos es adecuada, se debería iniciar el contacto piel con piel lo antes posible”. Quedan en entredicho, por tanto, los ingresos en neonatología de bebés sanos y cuyo único objetivo es la “observación”.

Un entorno acogedor

  • El nacimiento tiene lugar en el seno de la familia y, por tanto, es necesario favorecer un ambiente de cordialidad, respeto y dignidad a la familia.
  • El ambiente en el paritorio debe ser silencioso, con poca luz, con puertas cerradas (para preservar la intimidad y facilitar el control térmico del bebé), con el menor número de profesionales posible y un acompañante para la madre.

La bienvenida apropiada

Conforme conocemos más sobre el mundo natural, y admitimos que somos parte de él, resulta más fácil de entender el concepto “hábitat” referido al recién nacido. De hecho, el prestigioso neonatólogo surafricano Nils Bergman considera al regazo materno el “ecosistema natural” del recién nacido. Por ello, hay una forma ideal de actuar tras el nacimiento, y es aquella que le permite transitar suavemente desde su hábitat interno (el útero) al externo (el regazo materno). Así, la AEP recomienda proceder de la siguiente manera:

  1. El bebé desnudo se colocará en el pecho o el abdomen maternos.
  2. Se lo secará con toallas o paños precalentados, intentando no tocarle la cara.
  3. Se le pondrá un gorrito y se le dará opción a pañal según los deseos de la madre.
  4. Se hará el test de Apgar al minuto y a los cinco.
  5. Se realizará el pinzamiento del cordón.
  6. Se identificará al recién nacido sin separarlo de la madre.
  7. La profesional confirmará que se realiza una toma espontánea y que la posición es adecuada.
  8. Pesar al niño y el resto de maniobras preventivas, así como una exploración reglada y completa, son acciones que se pueden posponer.


3 beneficios para los dos

1. Lactancias más largas

Los estudios indican que los bebés que permanecen piel con piel con su madre tras el parto son los que disfrutan de períodos de lactancia más largos y satisfactorios.

2. Madres más relajadas

También se ha observado en las madres una reducción significativa de los casos de dolor e ingurgitación mamaria, así como menores tasas de ansiedad en el puerperio.

3. Bebés más estables

Se ha comprobado que los bebés que han disfrutado del contacto piel con piel posparto tienen menos episodios de llanto y más cortos, y una mayor estabilidad cardiorrespiratoria.


5 intervenciones desaconsejadas o que pueden esperar

La revisión científica de las prácticas de rutina ha motivado el cambio en los protocolos de neonatología.

Aspiración gástrica

El lavado o la aspiración gástrica tras el nacimiento son prácticas no exentas de riesgo y que no ofrecen ventajas, por lo que no deben realizarse sistemáticamente.

Introducción de sondas

No se recomienda el paso de sondas por las fosas nasales, ni por el esófago ni por el ano, ya que la simple exploración del recién nacido es suficiente para descartar la mayor parte de los problemas graves neonatales.

Profilaxis oftálmica

Debido a que los fármacos pueden enturbiar la visión del recién nacido e interferir con la instauración del vínculo madre-hijo, esta administración puede retrasarse hasta que el período de contacto piel con piel inicial ha finalizado.

Vitamina K

La Asociación Española de Pediatría clasifica la administración de vitamina K –cuya función es prevenir la enfermedad hemorrágica del recién nacido– entre los procedimientos que pueden esperar a la finalización del período sensitivo.

Identificación del recién nacido

El recién nacido debe estar debidamente identificado antes de cualquier separación de la madre, aunque “no deben existir separaciones, salvo que la salud de madre o bebé así lo requieran”.

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