Buenas prácticas en la atención al parto

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Buenas prácticas en la atención al parto

El avance de la tecnología ha mejorado la asistencia de los partos de riesgo. Pero también ha demostrado que si el parto es normal, no hay mejor tecnología que la paciencia y el respeto.

Pilar de la Cueva

20 de mayo de 2018, 19:29 | Actualizado a

Se denominan buenas prácticas las acciones que se utilizan –o las que dejan de llevarse a cabo– en la atención al embarazo, parto y nacimiento que siguen las recomendaciones actuales de los estudios científicos. Éstos demuestran que para que un parto sea seguro, lo mejor es respetar al máximo la fisiología, e intervenir sólo cuando sea necesario. Algunas de estas prácticas son bien conocidas por los profesionales. Sin embargo, muchas chocan con las prácticas vigentes en no pocas maternidades. La inercia de seguir haciendo lo aprendido en los estudios, y lo que los libros de texto siempre han considerado correcto, no es fácil de cambiar. Cinco profesionales nos lo muestran a través de sus experiencias.

POCAS EPISIOTOMIAS

Ana es matrona. Desde que empezó su especialidad aprendió que para que salga el bebé es necesario cortar el perineo de la madre y que, además, esa acción previene la incontinencia de orina y el descenso de la vejiga y el útero en el futuro. Hoy se sabe que la episiotomía casi nunca es necesaria y que, en cambio, tiene secuelas y efectos secundarios (dolor, apertura de puntos, problemas sexuales, fístulas...).

La primera vez que Ana se atrevió a no hacer una episiotomía se sentía insegura. Dos días después, aquella mujer le agradecía poderse mover con normalidad y poder atender a su bebé. Su compañera de habitación, en cambio, tenía tantos dolores que apenas podía sentarse ni dar el pecho con comodidad. Ese día empezó a entender lo importante que es evitar cortar la vagina en el parto. Cualquier mujer prefiere empujar un par de veces más, con el apoyo de una profesional paciente, a que la corten. Sólo se recomienda en casos excepcionales, como que el bebé sea muy grande o exista riesgo de que sufra.

CONTACTO PRECOZ

Pedro es médico. Le encanta su especialidad, la ginecología, desde que un día durante sus prácticas quedó fascinado al presenciar un nacimiento. No podía contener las lágrimas. En aquel momento, que el bebé fuera tomado en brazos por la matrona y llevado a una cuna de plástico en una sala nido le pareció lo más natural. Cada tres horas se lo llevarían a la madre para que le diera el pecho. No le incomodaban los lloros de los bebés cuando iba a saludar a las enfermeras. Hoy es incapaz de soportar el llanto de un bebé separado de su madre. Un día descubrió en un vídeo que los bebés, si se les deja en contacto continuado con la piel de la madre nada más nacer, sin interferencias de ruidos, luces, pinchazos u otras maniobras innecesarias en ese momento, reptan solos hasta el pecho y empiezan a mamar sin que nadie los coloque. Eso sucede en las primeras dos horas; pero muchos lo consiguen en pocos minutos. Un bebé no separado no gasta glucosa ni energía en llorar y no acumula en su cerebro los tóxicos que se segregan en una situación de pánico. Quizá por eso es más fuerte ante las infecciones. Buscando información, Pedro descubrió que los pediatras que atienden a bebés enfermos o prematuros también lo saben. Los bebés no separados sobreviven más y prosperan mejor que en una incubadora.

CESÁREAS, LAS JUSTAS

Carla es ginecóloga. Se sentía muy segura en su profesión, sobre todo cuando entraba a operar. Para ella es un reto hacerlo a la perfección y sentir que hace algo útil por sus pacientes. Cuando le llegó la hora de vivir la maternidad, se hizo las pruebas habituales en el control del embarazo... y bastantes más. ¡Qué mejor que sentirse bien controlada ya que podía permitírselo!

Una de esas pruebas que en realidad no necesitaba arrojó un resultado dudoso y provocó que se le indujera el parto antes de tiempo y de forma artificial. Como es médico, le pusieron anestesia lo antes posible, le rompieron la bolsa de aguas y trataron con su mejor intención que el parto durara poco. Estaba inmovilizada boca arriba, sufrió una bajada de tensión por la anestesia epidural, y las contracciones –estimuladas con oxitocina– eran tan seguidas e intensas que apenas dejaban un respiro al útero. Mientras, el bebé dio signos de no tener suficiente oxígeno en algunos momentos, y Carla acabó en el quirófano, donde se le practicó una cesárea.

En sus años de ejercicio de la profesión nunca había imaginado que ella no iba a poder parir, ni había sospechado el miedo, la indefensión y la soledad que una mujer puede llegar a sentir cuando está semidesnuda y atada a una camilla en un quirófano. Luego vinieron la separación del bebé, al que no vio hasta pasadas ocho horas, y el fracaso de la lactancia materna, ya que le habían dado varios biberones y sufrió confusión de pezón. Ella estaba muy débil por una hemorragia y, sobre todo, tan dolorida y deprimida que no podía ni coger al bebé.

Durante años Carla había pensado, como tantos otros de sus compañeros, que la cesárea es un invento que salva muchas vidas. No hay duda de que esto es así; pero también es cierto que es un recurso para los casos en que es realmente necesaria. Muchos hospitales en España, y en otros países, han empezado a poner en marcha estrategias para reducir la tasa de cesáreas cuando la cifra es demasiado elevada.

  • Evitar el exceso de pruebas innecesarias
  • Evitar acelerar los partos sin motivo o provocarlos
  • Y no intervenir en ellos si no es necesario

Es un modo de evitar cesáreas. Confiar en el cuerpo de la mujer, también, mientras no se demuestre lo contrario.

NO AL RASURADO Y ENEMA

Ángela es auxiliar de enfermería. Ha estado muchos años en la sección de paritorios, donde se emociona cada turno de trabajo viendo nacer a los bebés. Cuando la llaman porque ingresa una parturienta, acude con su buen humor habitual, la saluda y empieza a enjabonarla para rasurarle el vello y aplicarle un enema. Se sintió un poco ofendida cuando le dijeron que tenía que dejar de hacerlo. Era como si su trabajo de tanto tiempo, hecho con todo el cariño y sus mejores chistes, no tuviera sentido.

Con el tiempo, y gracias a los cursos de formación que les han dado, ha entendido algunas cosas sobre la fisiología del parto que nadie le había explicado antes. Ahora no tiene problemas en no rasurar a las mujeres, y menos en olvidar las molestas lavativas. Si no son necesarias, ¿para qué ponerlas? A cambio, ha aprendido cosas que ayudan mucho a que el parto transcurra mejor y que ella puede facilitar: cerrar la puerta para que la mujer se sienta más segura y en intimidad, evitar que la agobien y distraigan con luces potentes, preguntas y conversaciones continuas; y, sobre todo, que estar allí por si la necesitan es lo más importante, mucho mejor que hablarle sin parar, contarle chistes o intentar distraerla. Crear el clima necesario para que la mujer de parto se conecte con su interior, sin atender al mundo exterior, es la mejor manera de que el parto vaya bien.

CAMBIAR LOS RITUALES

Antonio es comadrón, como le gusta que le llamen. Al llegar a su turno de trabajo, lo que más le ha gustado siempre es recibir a una mujer que llega de parto. El ritual, el de siempre: explorarla a ver cómo va la dilatación, poner el monitor para controlar el latido del bebé, preparar el gotero mientras ella se pone el camisón, ponerle medicación para acelerar las contracciones y romper la bolsa. Dejar de hacer todo esto le parecía absurdo, teniendo medios a su alcance para controlar más el parto. Pero el nacimiento de su sobrino mediante un fórceps que causó problemas a él y a la madre, le animó a revisar los artículos científicos más recientes. Y empezó a ver las cosas de otro modo.

Pasó momentos duros cuando sus compañeras no entendían por qué no rompía la bolsa de una mujer o prefería no acelerar su parto. Pero la satisfacción de ir viendo cómo los partos que atendía solían acabar mejor que antes, y que las hemorragias, fiebres, desgarros, cesáreas, fórceps o ventosas eran menos frecuentes, le animó a seguir trabajando de una forma menos intervencionista.

Así, Antonio pudo comprobar que la mayoría de intervenciones que se hacen por rutina a la gran mayoría de las mujeres no sólo no son necesarias, sino que pueden traer complicaciones. Ahora no inmoviliza a todas las mujeres de parto con un montón de cables, a no ser que necesiten un control especial o que lleven anestesia epidural y sea necesario controlar el latido del bebé de forma continuada.

Además, en sus guardias cada vez más mujeres deciden no ponerse anestesia, porque de este modo pueden moverse con libertad, lo que facilita que puedan producir sus propias sustancias contra el dolor. Y él ha aprendido a acompañarlas y apoyarlas durante ese proceso. Incluso, aunque todavía no disponen de bañera, a veces las invita a darse una ducha de agua caliente, y se sorprende de cómo en ocasiones el parto se acelera, la mujer lo vive con satisfacción... y cómo los problemas aparecen con menor frecuencia.


Hospitales con interés por innovar

Algunos centros cuentan con profesionales pioneros que han cambiado su forma de trabajar. En otros hospitales es todo el servicio de obstetricia, el de pediatría, o ambos, quienes han hecho un cambio organizado en todas sus prácticas.

Es el caso, entre otros, del galardonado Hospital La Inmaculada de Huércal-Overa, en Almería, que evitando intervenciones innecesarias, ha logrado mejorar la atención y reducir la frecuencia de malos resultados como episiotomías y sus secuelas, separación madre-bebé, cesáreas, etc.

También han potenciado buenas prácticas como:

  • Aceptar que la mujer esté acompañada por la persona que ella elija
  • Dar libertad de movimientos evitando la postura tumbada boca arriba
  • Permitir comer y beber
  • Ofrecer métodos alternativos para el dolor, etc.


Iniciativas para disminuir la medicalización

  1. La Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad promueve las buenas prácticas en la atención al embarazo, parto, posparto y al bebé. Descárgatela aquí
  2. La Asociación El Parto es Nuestro divulga información útil y realiza campañas como "Que no os separen". Visita www.elpartoesnuestro.es

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